Emilce Cuda: "El catolicismo es una palabra pública para sanar y cuidar a las personas"
La teóloga argentina inaugura en Barcelona el nuevo curso del Centro de Estudios Cristianismo y Justicia
La teóloga argentina Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina y consultora del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, ha visitado Barcelona esta semana para inaugurar el nuevo curso del Centro de Estudios Cristianismo y Justicia con una ponencia sobre cómo hablar de Dios en medio de las profundas transformaciones del mundo actual. Estrecha colaboradora de los dos últimos papas, es una de las voces más precisas y autorizadas para analizar el papel de la Santa Sede, la responsabilidad de los laicos y teólogos en la esfera pública y los desafíos de la Iglesia global.
Pregunta.Ha trabajado con los dos últimos papas, primero con Francisco y después con León XIV, con quien colaboró durante su etapa como cardenal. ¿Cómo vive esta responsabilidad?
Respuesta. Es una gran responsabilidad trabajar en la Santa Sede, que no es una estructura de control, sino de comunicación, de acuerdo con la constitución apostólica Praedicate Evangelium. La función de todos los organismos de la Curia es comunicar las Iglesias particulares con el Santo Padre. Es una gran responsabilidad que algunos asumimos ahora, así como otros asumieron en otros momentos de la historia. Cada uno de nosotros se levanta cada día con el peso de esta responsabilidad, pero también con la sorpresa —que nunca termina— de poder trabajar y colaborar con un pontífice.
P.¿Cómo se puede transmitir la idea de Dios en un contexto en el que parece crecer la disposición a buscar y, al mismo tiempo, existe tanto analfabetismo religioso?
R. Más que hablar de Dios, se trata de hablar de un Dios. A veces se da por hecho, cuando nombramos la palabra Dios, que todos entendemos lo mismo. O lo mismo por catolicismo o por cristianismo. Vivimos un momento de la historia articulado por una nueva tecnología, la virtualidad, en el que no se toma el tiempo de definir las categorías y los conceptos que utilizamos. Tanto es así que el papa León XIV ha vuelto a redefinir en su nueva encíclica todos los conceptos y principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Y creo que esto también vale para el concepto de Dios.
R. Nosotros, los cristianos católicos, hablamos de un Dios que es uno y trino, y creo que hay que enfatizarlo más. Porque bajo el paraguas que significa la categoría de Dios se han cometido terribles atrocidades a lo largo de la historia. Por eso, la función de un teólogo es siempre manifestar el Credo. Creemos en un Dios uno y trino, lo cual supone la encarnación. Y la encarnación supone la dignidad humana, la misericordia, la organización comunitaria que es la Iglesia y la palabra pública que significa dar razón de nuestra fe.
P.Usted sostiene que la teología debe estar en contacto con los problemas de su tiempo, con el mundo en el que le toca vivir. ¿Hasta ahora no era así?
R. Siempre ha sido así, desde los primeros cristianos. El cardenal Ratzinger lo explica en un texto maravilloso basado en un debate que mantiene con Paolo Flores, filósofo ateo y director de una prestigiosa revista europea. Dice que el catolicismo no es una religión más. En el Imperio romano, por ejemplo, la religión daba fundamento a los objetivos del imperio. Y precisamente el cristianismo nace para cuestionar esta religión, que finalmente era una teología política; es decir, ofrecía argumentos teológicos sobre un programa político.
R. La teología nace para cuestionar esta religión de Estado: va más allá de un sistema de reglas y tiene capacidad para utilizar la mediación, por ejemplo de la filosofía, para dar razones de por qué creemos en un Dios uno y trino que murió y resucitó. En función de ello, fundamenta nuestra defensa de la dignidad humana, el acceso universal a los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad. La teología siempre ha sido esto. El catolicismo es una palabra pública que, con la mediación de otros saberes científicos o culturales, se ocupa de sanar y cuidar la vida de las personas, que es lo que hizo Nuestro Señor Jesucristo durante sus tres años de vida pública.
P.Esta idea que comenta se ve reflejada en la propuesta del Papa en 'Magnifica Humanitas', pero también en 'Libres bajo la gracia', obra que recoge escritos de su etapa como prior general de los agustinos, cuando reivindicaba una Iglesia que camina con el pueblo y lo acompaña en sus anhelos más profundos.
R. Efectivamente, estamos en un momento en el que el hecho religioso tiende a cancelar el hecho teológico. Y como católicos debemos tener clara la función de la teología como palabra pública, siempre, insisto, con la mediación de otros saberes. Por otro lado, de estos discursos a los que usted hace referencia, hay una homilía en la que reclama que la gente debe aceptar la responsabilidad de conducir una institución católica. Uno pensaría que todo el mundo está deseando llegar a ser prior o padre general, obispo o cardenal, pero es mucha responsabilidad y, además, es para siempre. Y parece que no es así, es decir, que no todo el mundo quiere asumir esta carga. Me impactó que Prevost pusiera énfasis en varios momentos en la necesidad de aceptar cuando a alguien se le pide este servicio, que es público además de religioso.
P.Un buen ejemplo podría ser el propio san Agustín, su padre espiritual.
R. En efecto, el único sueño de Agustín era dedicarse a estudiar filosofía, pero le tocó hacerse cargo de la conducción de una ciudad terrena durante la caída del Imperio romano, un momento de caos y de pérdida de formas políticas que anteriormente habían funcionado, pero que pasaron a ser insuficientes. Esta es la responsabilidad de un obispo, de un cardenal en el momento de aconsejar al Papa —que es su función—, y también es responsabilidad del teólogo. El teólogo no es una persona que simplemente hace una catequesis —que no es poco—, sino alguien que debe trabajar en la frontera y formar un pensamiento crítico para poder dar respuestas desde la fe que todos puedan entender. Esta es la tarea del teólogo y de cada católico de acuerdo con el Credo que profesa: poder llevar a cabo, desde los fundamentos de la fe, regulaciones éticas. Hay que trabajar con los dispositivos del mundo contemporáneo, pero siempre con la guía de la fe, que por supuesto pone en el centro la dignidad humana.
P.¿Cree que la primera encíclica del papa León XIV ha tenido ya suficiente impacto en el conjunto de la sociedad?
R. Absolutamente. Magnifica humanitas ha sido un éxito, pero creo que falta hablar más del corazón de la encíclica, que es la Doctrina Social de la Iglesia. Veo miles de seminarios web y conferencias sobre esta carta centrados exclusivamente en la inteligencia artificial, y finalmente todo el mundo acaba opinando sobre esta tecnología: unos con conocimiento, otros con miedo. No oigo hablar de la doctrina social ni de la propuesta que hace el Papa en el texto, que nos interpela directamente en esta reconstrucción de los muros de Jerusalén.
P.Como secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, y por tanto buena conocedora de la realidad eclesial de esta región, ¿qué cree que pueden enseñar aquellas Iglesias a las de Europa, donde la fe ocupa un lugar más periférico en estos momentos?
R. Cada Iglesia tiene su particularidad y responde a la coyuntura del momento. En el caso de América Latina, lo que la caracteriza, a diferencia de otras, es que el catolicismo profético es más fuerte que el catolicismo devocional. Hay que alcanzar un equilibrio entre estas dos dimensiones. El propio papa León XIV sostiene que la Doctrina Social de la Iglesia va al centro, que es el método de ver, juzgar y actuar, propio de la Iglesia latinoamericana. Lo que llamamos catolicismo profético no puede dejar de lado la dimensión espiritual y litúrgica, porque es precisamente eso lo que hace que sea un discurso desde la fe y no acabe siendo únicamente una solución política o económica que cualquiera de nosotros podría dar. Desde el punto de vista de la fe, la acción debe estar nutrida por la liturgia y por la oración. Esto no significa, sin embargo, caer en el devocionalismo ni cancelar la doctrina social pensando que es política o posiciones de izquierda, cuando en realidad es el Evangelio.