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Enric Armengou, psiquiatra: “A las parroquias llega gente que quiere morir, y hay que saber cómo responder”

La Iglesia de Barcelona impulsa el servicio 'Spe Salvi' para formar en la detección precoz del riesgo y reforzar el acompañamiento emocional

Enric Armengou. | Archivo

Barcelona ha puesto en marcha Spe Salvi, el Servicio de Prevención, Detección y Abordaje de las conductas suicidas, una iniciativa impulsada por la Iglesia con el apoyo de la Generalitat e integrada en el Plan Nacional de Prevención del Suicidio de Cataluña. El programa surge como respuesta a un problema creciente y busca articular una red de detección y apoyo a través de las parroquias, convirtiéndolas en espacios de acogida para personas que atraviesan situaciones de gran sufrimiento emocional.

El psiquiatra Enric Armengou, portavoz y dinamizador del grupo asesor, asegura que la iniciativa surge de una inquietud detectada desde la base eclesial. “El obispo Javier Vilanova nos pidió hace un año abordar la crisis suicida porque, a veces, llega a las parroquias gente que quiere morir y los sacerdotes no saben cómo responder de la manera más adecuada”, señala. Este contexto, añade, ha evidenciado la necesidad de dotar a sacerdotes y agentes pastorales de criterios y herramientas para actuar ante estas situaciones.

Formación para detectar el riesgo y actuar con rapidez

La denominada prevención secundaria se concreta, según Armengou, en la formación de los agentes de pastoral para identificar precozmente conductas de riesgo. El aumento de la ideación suicida en todos los grupos de edad —especialmente entre los jóvenes y con una incidencia notable en mujeres jóvenes— motivó la creación de un grupo de estudio con profesionales especializados. El objetivo era definir cómo la Iglesia podía contribuir a la detección y el acompañamiento en momentos de crisis.

El proyecto plantea que la comunidad cristiana actúe como una “antena” social. Para hacerlo posible, se ha elaborado una guía que orientará a sacerdotes y laicos en la detección de la gravedad de los casos y en los pasos a seguir: desde el acompañamiento emocional hasta la derivación al teléfono de prevención del suicidio, el chat para adolescentes en crisis o los servicios de salud mental. En situaciones agudas, se contempla el contacto inmediato con el 061 para garantizar una atención urgente.

El servicio sepresenta este 31 de enero. | Iglesia de Barcelona

Hablar abiertamente del suicidio es, para el psiquiatra, “una manera directa de combatir el estigma“. Armengou considera que la misma creación del servicio ya contribuye a romper un tabú que durante años ha rodeado esta realidad. El especialista recuerda que, históricamente, “el tema había sido silenciado dentro y fuera de la Iglesia”, pero que se ha producido “un cambio dimensional que permite afrontarlo con más transparencia y responsabilidad”.

La esperanza como factor de protección y trabajo transversal

El suicidio, subraya Armengou, “rara vez es un acto repentino”; a menudo responde a un proceso marcado por el estrés no resuelto o lo que define como “dolor existencial”. En este sentido, el acompañamiento espiritual y humano puede convertirse en un factor protector. “La Iglesia ayuda a fomentar la esperanza, el acompañamiento y la búsqueda de sentido”, apunta, elementos que pueden actuar como contrapeso frente a la desesperanza.

El apoyo espiritual, sin embargo, no se plantea de manera aislada. El grupo asesor ha contado con la participación de asociaciones de supervivientes y responsables del plan de prevención del suicidio de la Generalitat, que han valorado la espiritualidad como un factor de resiliencia. Armengou insiste en que “no se trata de que la Iglesia quiera hacerlo todo, sino de trabajar de forma transversal y en colaboración con entidades especializadas”.

La formación de sacerdotes, básica en este contexto. | Iglesia de Barcelona

Otro eje del programa es la atención a los supervivientes indirectos —familiares y amigos—, a menudo atrapados en un duelo complejo. El servicio pretende, en este sentido, ayudar a los sacerdotes a saber “qué decir y qué no decir” en velatorios y funerales, un ámbito en el que hasta ahora faltaban orientaciones específicas. La archidiócesis ya disponía de un servicio de atención al duelo complicado, pero el nuevo proyecto quiere acercar estas herramientas a las parroquias para ofrecer un acompañamiento más afectivo y efectivo.

La iniciativa también contempla el cuidado de los propios agentes pastorales. Ante el impacto emocional que puede suponer acompañar a personas en riesgo, se ha previsto un equipo de asesoramiento para que los sacerdotes puedan compartir angustias y recibir apoyo. “El sacerdote debe saber protegerse”, subraya Armengou, convencido de que esta dimensión es clave para garantizar una respuesta sostenida.

Spe Salvi, inspirado en la encíclica de Benedicto XVI centrada en la esperanza, se presentará públicamente en una jornada en el Seminario de Barcelona, este sábado 31 de enero. La coincidencia con la finalización del Jubileo de la Esperanza y con el interés expresado por el papa León XIV refuerza, según el psiquiatra, el sentido de una propuesta que quiere convertir los templos en espacios de refugio. “Los sacerdotes dicen que hay gente que lo pasa mal, y la Iglesia quiere estar a su alcance”, concluye.

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