Francisco Prieto, en la fiesta de Santiago: "Toda persona es una historia sagrada ante Dios"

En la Solemnidad del Apóstol Santiago, el arzobispo compostelano llama desde el corazón del Evangelio a construir una sociedad basada en el servicio, la dignidad humana y la cultura del encuentro

Ofrenda al Apóstol en Santiago de Compostela
Ofrenda al Apóstol en Santiago de Compostela | Archicompostela
25 jul 2026 - 12:33

(Archicompostela).- El Arzobispo de Santiago de Compostela, Francisco José Prieto Fernández, presidió esta mañana la celebración litúrgica de la Solemnidad del Apóstol Santiago, durante la cual se presentó la Ofrenda Nacional al Apóstol Santiago, un acto que se remonta a 1643, instaurado por Felipe IV.

En esta ocasión, el presidente del Parlamento de Galicia, Miguel Ángel Santalices, actuó como delegado regio y oferente ante el Apóstol, acompañado por los miembros de la Comisión Capitular Daniel Lorenzo Santos y José Sánchez Piso, realizando la ofrenda en nombre del Estado en Galicia. En su mensaje subrayó el valor universal del Camino de Santiago como patrimonio espiritual que une a miles de peregrinos. También reclamó la responsabilidad política, ética pública y cooperación institucional para afrontar retos como la transformación digital, la protección de los derechos fundamentales y la lucha contra la desigualdad. Y reafirmó el compromiso de Galicia con la democracia, la justicia y la unidad social, confiando en que el espíritu xacobeo siga inspirando un horizonte común de respeto, solidaridad y bien común.

Por su parte, monseñor Francisco Prieto invitó en la homilía a contemplar la figura de Santiago como un modelo de testimonio, servicio y entrega, recordando que el discípulo «no quiere que nos detengamos en él», sino que conduce siempre hacia Cristo.

El Arzobispo subrayó que, antes de convertirse en símbolo de una tradición secular o en referencia del Camino de Santiago, el Apóstol fue «un testigo» y «un mártir», cuya vida constituye una llamada permanente a vivir la fe con autenticidad.

El prelado recordó que la primera comunidad cristiana anunciaba la resurrección de Jesucristo a pesar de las persecuciones y dificultades, y situó a Santiago entre aquellos primeros discípulos que no solo defendieron una idea, sino que entregaron su propia vida por el Evangelio.

A partir de ese ejemplo, afirmó que la sociedad actual sigue necesitando hombres y mujeres capaces de buscar la verdad, actuar conforme a su conciencia y ofrecer públicamente el testimonio de su fe con libertad y humildad.

En este contexto, hizo referencia a las recientes palabras del papa León XIV durante su viaje a España, destacando la importancia de preservar la libertad de pensamiento, de conciencia y religiosa como pilares de una sociedad verdaderamente libre y plural. Según señaló, la Iglesia no pretende imponer sus convicciones, sino «proponer, dialogar, servir y dar testimonio«, contribuyendo desde ellas a la construcción del bien común.

El arzobispo reflexionó sobre la fragilidad del ser humano a partir de las palabras de san Pablo: «Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro». Recordó que incluso los apóstoles experimentaron debilidades y ambiciones antes de comprender plenamente la misión encomendada por Cristo, poniendo como ejemplo a Santiago, quien pasó de aspirar a un lugar de privilegio junto a Jesús a entregar finalmente su vida por el Evangelio, en un itinerario que definió como ejemplo de conversión y madurez espiritual.

El arzobispo tuvo también un recuerdo para los incendios que están afectando a diversas zonas de España en estos días, expresando su cercanía a las familias evacuadas, a quienes han perdido bienes y a los equipos que trabajan en la extinción. Del mismo modo, elevó una oración por las víctimas del reciente terremoto en Venezuela

A partir de esa reflexión, monseñor Prieto reivindicó la dignidad inherente de toda persona, al margen de sus capacidades, su situación económica o su posición social. «Toda persona es una historia sagrada ante Dios«, afirmó, antes de recordar que esa dignidad alcanza especialmente a los niños, los ancianos, las personas enfermas o con discapacidad, quienes viven en la pobreza o la soledad, los migrantes y todos aquellos que no pueden defenderse por sí mismos. En este sentido, sostuvo que el grado de humanidad de una sociedad se mide por el trato que dispensa a sus miembros más vulnerables y llamó a proteger toda vida humana, especialmente la más frágil.

El arzobispo tuvo también un recuerdo para los incendios que están afectando a diversas zonas de España en estos días, expresando su cercanía a las familias evacuadas, a quienes han perdido bienes y a los equipos que trabajan en la extinción. Del mismo modo, elevó una oración por las víctimas del reciente terremoto en Venezuela, pidiendo consuelo para los afectados y fortaleza para quienes colaboran en las tareas de rescate y reconstrucción.

Monseñor Prieto dedicó también una parte de su homilía a reflexionar sobre el sentido cristiano de la autoridad. Recordando el pasaje evangélico en el que Santiago y Juan aspiran a ocupar los primeros puestos junto a Jesús, evocó las palabras de Cristo: «El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor». A partir de esta enseñanza, defendió que toda autoridad, tanto en la Iglesia como en la sociedad, debe entenderse como un servicio a los demás.

Asimismo, advirtió del riesgo de convertir al adversario político o ideológico en un enemigo y alertó de que la polarización, la falta de diálogo y la pérdida de la capacidad de escucha deterioran la convivencia y perjudican al conjunto de la sociedad.

Volviendo a citar al papa León XIV, defendió la necesidad de sustituir la cultura del enfrentamiento por una auténtica «cultura del encuentro«, basada en el reconocimiento del otro como persona antes que como adversario.

El prelado advirtió del riesgo de convertir al adversario político o ideológico en un enemigo y alertó de que la polarización, la falta de diálogo y la pérdida de la capacidad de escucha deterioran la convivencia y perjudican al conjunto de la sociedad

El arzobispo encontró precisamente en el Camino de Santiago una imagen privilegiada de esa convivencia. Recordó que miles de peregrinos de distintas lenguas, culturas, creencias e historias personales recorren juntos una misma ruta, demostrando que es posible caminar unidos sin renunciar a la propia identidad.

A partir de esa realidad, animó a reconstruir lo que definió como «redes de encuentro«, frente a la polarización; «redes de solidaridad», frente a la indiferencia; «redes de hospitalidad», frente al rechazo; «redes de diálogo», frente al enfrentamiento; «redes de verdad», frente a la manipulación; y «redes de esperanza», frente al desaliento.

Monseñor Prieto invitó además a reflexionar sobre la herencia que la sociedad actual está dejando a las futuras generaciones, advirtiendo de que el progreso técnico, el crecimiento económico o el bienestar material resultan insuficientes si no van acompañados de una reflexión profunda sobre la persona y los valores que sustentan la convivencia.

En ese marco, defendió que la tradición cristiana continúa siendo una herencia viva capaz de ofrecer «semillas y frutos de humanidad«, no desde la nostalgia ni desde la imposición, sino desde su contribución histórica a la cultura europea.

En la parte final de la homilía, el arzobispo dirigió una oración al Apóstol Santiago para pedir que la Iglesia siga siendo humilde, cercana a quienes sufren, defensora de la dignidad de todas las personas, capaz de tender puentes y comprometida con el servicio.

Concelebraron con el arzobispo de Santiago, mons. Antonio María Rouco Varela, cardenal arzobispo emérito de Madrid; mons. José Rodríguez Carballo, arzobispo de Mérida-Badajoz; mons. Julián Barrio, arzobispo emérito de Santiago de Compostela; el arzobispo emérito de Tánger, mons. Santiago Agrelo Martínez; el obispo de Lugo, monseñor Alfonso Carrasco; el titular de la Diócesis de Ourense, monseñor José Leonardo Lemos Montanet; el obispo de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, mons. Fernando García Cadiñanos; el obispo de Tui-Vigo, monseñor Antonio Valín Valdés; el obispo emérito de Tui-Vigo, monseñor Luis Quinteiro Fiuza; el obispo emérito de San Fernando de Apure, mons. Alfredo Enrique Torres Rondón; el subsecretario de la congregación de Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, mons. Aurelio García Macías, así como miembros del cabildo catedralicio y otros sacerdotes.

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