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Hanna Bori: "La regularización extraordinaria es una gran oportunidad, pero también un pantano de dudas"

La coordinadora del Hospital de Campaña de Santa Anna alerta del colapso de las entidades ante el aumento de personas que buscan regularizar su situación

Hanna Bori | Agencia Flama

En 2020, pocos meses después de incorporarse como voluntaria al Hospital de Campaña de Santa Anna de Barcelona, la psicóloga Hanna Bori pasó a formar parte del equipo profesional de esta iglesia abierta a las personas heridas. Actualmente coordina todos los programas sociales de la red de entidades que conforman el proyecto: la parroquia, Mensajeros de la Paz Cataluña y la Fundación Viqui Molins. Desde hace unos días, los equipos trabajan a pleno rendimiento para afrontar el nuevo escenario abierto a raíz del proceso de regularización migratoria extraordinaria.

Pregunta. El Gobierno de España abrió el pasado lunes 20 de abril el plazo para iniciar de forma presencial los trámites para la regularización extraordinaria de personas inmigrantes en situación irregular. ¿Qué ha supuesto la medida en el Hospital de Campaña de Santa Anna?

Respuesta. Durante las últimas semanas ha aumentado mucho el número de personas nuevas que atendemos semanalmente, pasando de 30-35 a 50-55 personas. Esto nos ha obligado a hacer una acogida quincenal y ha incrementado el número de comidas que ofrecemos cada día. Para acogerse a la regularización extraordinaria se necesitan antecedentes penales y empadronamiento. Muchas de las personas interesadas no tienen padrón y necesitan pruebas para justificar que han estado en el territorio. En este contexto, hemos constatado que mucha gente que había estado con nosotros hace algunos años e incluso había marchado a otros países ha regresado para intentar iniciar los trámites. El resultado es que las entidades sociales estamos desbordadas ante el aumento de personas en situación irregular. Creemos, por tanto, que el decreto ha provocado un efecto llamada.

P. La medida, aunque anunciada, parece haber sorprendido a otros servicios implicados, como los consulados de los países de origen, encargados de expedir los antecedentes penales.

R. Sí, y en esta situación te das cuenta de qué consulados ayudan y cuáles no. Algunos responden como pueden, pero otros, como el de Argelia, directamente se desentienden de su obligación. Por eso, ahora mismo tenemos jóvenes con toda la documentación necesaria que podrían regularizarse, pero no pueden hacerlo porque sus países de origen no muestran interés en ayudarlos. También hay otros países que simplemente no tienen capacidad para expedir la documentación en el plazo establecido, que expira el 30 de junio.

P. ¿Por qué hay tan poco margen?

R. El Gobierno español quería alargar el plazo hasta diciembre, pero la Unión Europea no está de acuerdo con la regularización extraordinaria. Por eso ha establecido este límite. Europa quiere volver a blindar sus fronteras después de esta regularización.

P. ¿Qué puede pasar?

R. Es un pantano de dudas e incertidumbre. Es una gran oportunidad para todas estas personas que se acogerán a la ley. Pero quizá nadie ha proyectado qué pasará en el mercado laboral. ¿Podrá asumir a todas estas personas? ¿Qué ocurrirá con quienes aún no hablan catalán o castellano? ¿Podrán acceder a un empleo? ¿Qué pasará dentro de un año, cuando expire el permiso de trabajo y residencia, con quienes no hayan podido trabajar? ¿Volverán a la casilla de salida? No sabemos qué tipo de vulnerabilidades nos encontraremos en 2027.

Comedor social del claustro de la iglesia de Santa Anna. | José Luis Gómez Galarzo

P. Peio Sánchez decía en una entrevista que Barcelona ha dejado de ser una ciudad acogedora. ¿Está de acuerdo?

R. Sí, porque creo que se ha perdido humanidad. Mientras nos preocupamos por la seguridad individual de cada uno, nos cuesta entender las causas estructurales del sufrimiento y la exclusión de los demás. La pobreza es mucho más que la falta de ingresos: es la ausencia de relaciones, de una red de apoyo que te sostenga cuando vienen mal dadas. La mayoría de los inmigrantes que llegan de otros países no tienen a nadie a su lado que les ayude a salir adelante. Pero la sociedad no lo ve y, por tanto, ha perdido la capacidad de crear relaciones y comunidad.

P. Al contrario, hay vecinos que piden el cierre del Hospital de Campaña de Santa Anna.

R. Efectivamente, lo han intentado en varias ocasiones. Con nosotros, pero también con otras entidades como Arrels o comedores sociales. Los vecinos no nos quieren porque no quieren a estas personas. Los discursos de odio promovidos desde la extrema derecha tienen mucho que ver con estas actitudes, ya que alimentan la xenofobia, el racismo y la aporofobia. La realidad es que si no nos cuestionamos qué hay detrás de cada persona que sufre pobreza, no podremos empatizar con ellas.

P. Usted, que atiende diariamente a tantas personas vulnerables, ¿qué cree que es lo más positivo que pueden aportar a nuestra sociedad?

R. Estas personas pueden enriquecer nuestra cultura, nos abren la mente, las relaciones y los contactos. Vienen con muchas ganas de trabajar, porque si no, no harían los recorridos que hacen para llegar hasta aquí: secuestros, pagando fortunas, arriesgando la vida en el mar, caminando durante meses. Son personas que saben lo que es el esfuerzo, el sacrificio y la resiliencia. Cuando entren en el mercado laboral, lo darán todo, porque han venido a trabajar. Tienen un sueño que no es solo para ellos, sino para ayudar a sus familias a sobrevivir.

P. ¿Qué le han enseñado a usted personalmente?

R. Que lo más importante es luchar para salir adelante. Me han contado historias impresionantes de fortaleza. Hay gente que duerme en la calle y es capaz de levantarte y ofrecerte su silla si te ve cansado. Estos gestos de cariño y afecto, con las historias tan duras que tienen, son extraordinarios. Te humanizan.

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