Joaquim Maria Puigvert: "El funeral de Gaudí fue una movilización desde abajo que anticipó su mito póstumo"
El profesor analiza cómo las exequias de Antoni Gaudí se convirtieron en un fenómeno de movilización popular y de construcción del mito
El Ateneo Universitario Sant Pacià ha acogido esta semana el congreso internacional "Gaudí: arte, belleza, misterio", un encuentro que ha puesto en diálogo arquitectura, pensamiento, liturgia y modernidad. Entre las ponencias destacadas ha habido la del profesor universitario Joaquim Maria Puigvert, titulada "El funeral de Antoni Gaudí", donde ha analizado las exequias de 1926 como un fenómeno social, cultural y político de primer orden.
Pregunta.¿Cuáles considera que fueron los principales motivos de la gran respuesta social y el poder de convocatoria del funeral de Gaudí en 1926?
Respuesta. Confluyeron varios factores. En el momento de su muerte, Antoni Gaudí ya era un mito consolidado desde hacía décadas. A partir de 1900, en parte gracias a la construcción literaria de Joan Maragall, se forjó la imagen del arquitecto solitario y visionario, heredero del mito romántico de la catedral medieval. Al mismo tiempo, la Sagrada Familia y su "causa" habían sido apropiadas por el catalanismo conservador.
R. En 1925, la finalización del primer campanario de la fachada del Nacimiento relanzó la proyección pública del templo. En ese momento ya era el monumento más famoso de Barcelona y formaba parte del circuito turístico, con toda una industria de la postal detrás.
P.¿Qué papel desempeñaron las circunstancias de su muerte en la construcción del mito?
R. A todo ello se sumó la muerte trágica —atropellado y trasladado al Hospital de la Santa Cruz como un pobre—, que reforzó el relato hagiográfico. El día del funeral se movilizaron más de 30.000 personas y 76 entidades: desde el mundo eclesiástico y los arquitectos hasta el Orfeó Català, el Centro Excursionista de Cataluña o el Círculo Artístico de Sant Lluc.
R. Cabe destacar la participación de las clases populares y de los obreros del barrio. Muchos balcones humildes se engalanaron con crespones negros. No debemos olvidar que Gaudí utilizaba a menudo vecinos —hombres, mujeres y niños— como modelos para las esculturas de la fachada del Nacimiento. Existía, pues, una identificación directa.
P.¿Se respetó el deseo de austeridad de Gaudí o prevaleció el oficialismo?
R. Gaudí murió en el Hospital de la Santa Cruz, y el Ayuntamiento se ofreció a costear todos los gastos. Pero la Junta del Templo se opuso y pidió explícitamente que se prohibiera "todo oficialismo, pompa y vanidad". No se admitieron coronas florales.
R. El ataúd fue descrito como "severo, sin asas, agarraderas ni adorno alguno de metal", y la carroza fúnebre, tirada por dos caballos, era sencilla. Se desestimó incluso el mejor coche fúnebre ofrecido por la Casa de la Caridad. La austeridad de los últimos años de Gaudí —marcados por una pobreza y religiosidad radicales— influyó claramente en el tono del funeral.
P.A pesar de esta austeridad, Carles Soldevila habló de “exuberancia litúrgica”. ¿Qué quería decir?
R. La expresión, en efecto, es de Carles Soldevila, que describió así las exequias en la revista D’Ací d’Allà. El funeral fue austero en el aspecto material, pero muy rico en liturgia, en coherencia con el interés de Gaudí por el canto gregoriano y la música religiosa.
R. Cuando el ataúd entró en la catedral, el clímax llegó con el órgano, los canónigos entonando el Subvenite y la capilla interpretando el Libera me Domine. En el ábside de la Sagrada Familia, el Orfeó Català, dirigido por Lluís Millet, interpretó el Officium Defunctorum (1605). La presencia masiva de clérigos con sus vestimentas contribuyó decisivamente a solemnizar la ceremonia.
P.A menudo se ha comparado el funeral de Gaudí con el de Verdaguer. ¿Dónde radica el paralelismo?
R. El paralelismo con Jacint Verdaguer es claro en la movilización popular. En ambos casos hubo una movilización "desde abajo". Las clases populares se identificaban con el poeta y con el arquitecto, figuras percibidas como auténticas y arraigadas en el pueblo.
P.¿Quién lideró realmente la organización de las exequias?
R. La Junta del Templo impuso su criterio en todo momento, preservando la austeridad y el carácter litúrgico. Las autoridades municipales asistieron, pero fueron a remolque. La identificación de Gaudí con la Sagrada Familia era absoluta —llevaba ocho meses viviendo allí—, y eso otorgaba a la Junta una legitimidad moral indiscutible.
P.¿Cómo reaccionó la prensa anticlerical ante la muerte de una figura tan marcadamente católica?
R. La cobertura fue transversal. La Veu de Catalunya o El Diluvio publicaron amplias crónicas, pero también la prensa anticlerical como La Campana de Gràcia. El masón y republicano Àngel Samblancat ironizó con dureza: definió a Gaudí como "un formidable lírico y un formidable clerical" y criticó sus estrechos vínculos con la Iglesia. Esto demuestra que su figura generaba admiración, pero también controversia.
P.El cortejo unió el Hospital de la Santa Cruz con la Sagrada Familia. ¿Qué mensaje transmitía este itinerario?
R. Era un itinerario altamente simbólico: desde el lugar donde muere "como un pobre" hasta su gran obra. Unía la humildad extrema con la sublimidad arquitectónica. Este recorrido reforzaba el relato de una vida entregada por completo a una misión.
P.¿Por qué es relevante, cien años después, estudiar los rituales fúnebres de Gaudí desde una perspectiva de “política de la muerte”?
R. Los funerales de los hombres públicos iluminan su trayectoria y su red de relaciones. En el caso de Gaudí, es muy significativo quiénes llevaban las cintas del ataúd: Lluís Bonet i Garí, Francesc Ràfols, Isidre Puig Boada y Francesc Folguera. Todos ellos formarían parte del núcleo duro de discípulos que garantizarían la continuidad del templo después de la Guerra Civil.
R. En definitiva, el funeral anticipa la veneración póstuma y consolida una comunidad de memoria. Analizarlo nos permite entender cómo se construye un mito contemporáneo y cómo la sociedad proyecta en la muerte los valores que desea preservar.