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Jordi Franquesa: "He visto que en muchos núcleos rurales siempre hay una rectoría infrautilizada"

El profesor de la UPC impulsa Rectories Vives, un proyecto para recuperar edificios eclesiásticos en desuso y crear viviendas asequibles

Jordi Franquesa durante un debate. | Festival Fonament

Las antiguas rectorías, a menudo silenciosas e infrautilizadas, podrían volver a ocupar un lugar central en la vida de los pueblos. No necesariamente como residencia de un rector, sino como viviendas asequibles y espacios de encuentro, cultura y actividad comunitaria. Esta es la idea que impulsa Jordi Franquesa, profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB) de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), con el proyecto Rectories Vives.

Desde hace aproximadamente siete años, Franquesa trabaja en una línea de investigación sobre despoblación y desarrollo rural. En este recorrido, ha identificado las rectorías como un patrimonio con posibilidades que, a su juicio, todavía no se han explorado lo suficiente. "He visto que en todos los núcleos rurales siempre hay una rectoría, un edificio infrautilizado", resume en declaraciones a Flama. A menudo son construcciones grandes, con habitaciones y salas que han perdido su función original, pero que todavía pueden acoger nuevos usos.

La propuesta parte de la convicción de que, antes de plantear nuevas construcciones, hay que examinar qué se puede recuperar. "El proyecto no busca construir desde cero, sino rehabilitar y reciclar lo que tenemos", resume Franquesa. La intervención permitiría aprovechar edificios existentes y, al mismo tiempo, preservar su valor arquitectónico. Muchas de estas construcciones datan de los siglos XVIII y XIX, añade, y forman parte de la historia y la identidad de los municipios.

Cinco objetivos para dar una nueva vida al patrimonio

Rectories Vives se articula en torno a cinco objetivos: facilitar el acceso a la vivienda, favorecer que la población eche raíces en los pueblos, dinamizar la vida social, recuperar el patrimonio y conseguir que el modelo pueda reproducirse en otros territorios. En este sentido, para Franquesa, la iniciativa aspira a influir en las condiciones que permiten vivir en los municipios rurales durante todo el año.

El arquitecto considera que las rectorías también pueden recuperar parte de su antigua función cultural y formativa. Algunas disponen de salas amplias que podrían acoger actividades colectivas, de manera que la vivienda y la vida comunitaria no fueran objetivos separados. "Las rectorías fueron durante años centros formativos y culturales de muchos pueblos", recuerda. La idea es que estos espacios vuelvan a ser útiles para la comunidad, adaptados a las necesidades actuales.

La magnitud potencial del proyecto es considerable. De hecho, Franquesa no dispone de un recuento global, pero señala que en Cataluña podría haber entre 2.000 y 3.000 casos susceptibles de estudio. "Sin embargo, no todos los edificios se pueden recuperar en las mismas condiciones: el estado de conservación, la distribución interior, las características arquitectónicas y los recursos disponibles determinarán qué es viable en cada municipio", apunta el experto.

El Lluçanès, punto de partida

La iniciativa empezó a tomar forma en el Lluçanès, en colaboración con Cal Rural, un proyecto de cooperación Leader coordinado por la Asociación para el Desarrollo Rural de la Cataluña Central, que trabaja para favorecer el acceso a una vivienda asequible y sostenible en el mundo rural. En este marco, el equipo de Franquesa elaboró un primer estudio sobre las rectorías de la comarca, con la colaboración del Obispado de Vic y de los agentes del territorio.

La investigación identificó más de 70 posibles viviendas y unos 11.000 metros cuadrados de superficie construida disponible en el Lluçanès. Posteriormente, el trabajo se extendió al Moianès, con la voluntad de examinar las posibilidades de recuperación de este patrimonio en dos comarcas rurales. "Los resultados apuntan a un potencial residencial relevante, aunque su materialización dependerá de los estudios técnicos, económicos y patrimoniales de cada edificio", indica Franquesa.

El proyecto Rectories Vives quiere dar una nueva vida a la rectoría de Alpens y convertirla en una oportunidad para favorecer el arraigo rural. | Turismo del Lluçanès.

Alpens se ha convertido en el primer escenario de intervención. La rectoría del municipio es un edificio de tres plantas y unos 600 metros cuadrados, según las estimaciones que maneja Franquesa. El tejado ya había sido renovado por el Obispado de Vic, y el inmueble había albergado una estancia destinada a la guardería municipal antes de que el Ayuntamiento dispusiera de un equipamiento nuevo. Ahora, el proyecto quiere estudiar su transformación en viviendas.

La primera actuación ya se ha llevado a cabo en la fachada. Quince estudiantes de la UPC participaron en los trabajos, preparados previamente en el marco de una asignatura universitaria y ejecutados durante el verano con el apoyo del Ayuntamiento, el Obispado y Cal Rural. La rehabilitación se realizó con mortero de cal y un acabado tradicional, con la voluntad de respetar las características del edificio. El trabajo recibió un premio de la universidad, y el proyecto ha obtenido también otros reconocimientos y ayudas que deberían permitir avanzar hacia el interior del inmueble.

Franquesa ve en esta primera experiencia una manera de demostrar que el patrimonio existente puede convertirse en un recurso residencial. "La sensación era que tenía potencial en un pueblo relativamente pequeño", explica. Según su valoración, la rectoría de Alpens podría albergar, como mínimo, cuatro viviendas. Sin embargo, la cifra definitiva deberá concretarse a medida que avancen los estudios arquitectónicos y se defina la intervención.

La rectoría de Alpens es el primer edificio en el que el proyecto Rectories Vives estudia transformar patrimonio eclesiástico en desuso en viviendas asequibles. | Turismo del Lluçanès.

"Prácticamente no hay vivienda social en el mundo rural", advierte Franquesa. Por ello, defiende que ampliar la oferta de vivienda asequible podría contribuir a reequilibrar el territorio, especialmente en municipios que pierden población. Alpens no se encuentra en esta situación de pérdida demográfica, según explica, pero considera que "disponer de más opciones residenciales puede ayudar a sostener la vida cotidiana y facilitar que nuevas familias se instalen en el municipio".

El profesor insiste en la necesidad de actuar con previsión. "Debemos anticiparnos a lo que está por venir", afirma. La recuperación de las rectorías se enmarca así en una perspectiva a largo plazo sobre el desarrollo rural, ya que, como reconoce, "no se trata solo de dar respuesta a una necesidad inmediata, sino de preparar los pueblos para que puedan acoger población y mantener la actividad social y económica".

Proyecto compartido y reproducible

La rehabilitación de estos edificios requiere, sin embargo, la participación de diversas instituciones. Alpens ha permitido reunir a la universidad, el Ayuntamiento, el Obispado de Vic y los agentes de desarrollo rural en una misma iniciativa. Ahora, el equipo trabaja para incorporar a Sostre Cívic, una promotora de vivienda cooperativa sin ánimo de lucro.

"En este proceso también intervienen otras administraciones y organismos, como el Consejo Comarcal y el Departamento de Agricultura de la Generalitat. La coordinación es necesaria para definir el modelo de gestión, estudiar su viabilidad económica y establecer qué fórmula permitirá compatibilizar el acceso a la vivienda, la conservación del patrimonio y los intereses de las partes implicadas", precisa el profesor.

La experiencia, además, podría trasladarse a otras diócesis. Franquesa explica que recientemente han visitado el Obispado de Solsona para explorar nuevas posibilidades. Considera que la propuesta tiene recorrido y que puede "reproducirse más allá del Lluçanès y el Moianès". "Pero siempre que se analicen las particularidades de cada inmueble —sostiene— y se establezcan alianzas con los agentes locales".

El siguiente paso podría ir más allá de las rectorías. Por ello, el profesor señala que también hay conventos, residencias de monjas, monasterios, masías y otros inmuebles que podrían estudiarse para dar respuesta a las necesidades residenciales. En este contexto, menciona, entre otras posibilidades, el monasterio de Bellpuig, que describe como completamente abandonado, y señala que en el País Vasco existen experiencias de rehabilitación de monasterios destinados a vivienda social.

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