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Ha muerto José Ángel Martínez Bujanda, “Txarly”, el cura de Campezo,  «el alma» de la cárcel de Zaballa

"No era el capellán que iba a la cárcel a decir misa y dar unas charlas teológico-morales, confesaba y daba la comunión, era el amigo de los presos que los escuchaba, comprendía, acompañaba, consolaba y ayudaba"

José Ángel Martínez Bujanda

“Muere José Ángel Martínez Bujanda, “Txarly”, el cura de Campezo que era «el alma» de la cárcel de Zaballa,” así anunciaba la prensa de hoy la muerte de Txarly, el amigo a quien quise, el cura al que admiré, el amigo de los presos que fue capaz de encerrase voluntariamente con ellos durante veinte años.

Le conocí al regresar yo de Ecuador durante los años que estuvo de párroco en Oyón. Valía para todo, era un manitas que daba clase de marquetería a los niños, de informática a los empleados de los ayuntamientos de rioja alavesa, llevaba la catequesis de niños y de jóvenes, tenía un grupo de tiempo libre, grupos de mayores. A todo llegaba y lo hacía bien. Hasta restauró la iglesia de Oyón que ahora todos admiramos.

Cárcel de Nanclares

Pero lo que más he admirado en él ha sido su trabajo en la cárcel de Nanclares. No era el capellán que iba a la cárcel a decir misa y dar unas charlas teológico-morales, confesaba y daba la comunión, era el amigo de los presos que los escuchaba, comprendía, acompañaba, consolaba y ayudaba.

Recuerdo las excursiones que hacía con presos por la Rioja alavesa y los trabajos comunitarios en nuestros pueblos. Algo de estas experiencias tienen en Leza cuando se albergaban en el albergue del pueblo o cuando en Navaridas restauraron la fuente vieja. Taxrly no iba de ingeniero sino de peón con la pala en la mano moviendo tierra. Era su manera de hacer reino de Dios entre los últimos de la sociedad, como lo hubiera hecho Jesús de Nazaret que se encarnaba en ellos. Quería a los presos, los comprendía, sentía pena por ellos. Solía decir: son unos “pobrecicos” que no han podido liberarse del mal de la sociedad.

Durante veinte años fue un preso voluntario con libertad provisional ¡Hace falta bemoles! y ahora goza de la libertad plena y definitiva junto a Dios.

Lean aquí una entrevista a José Ángel

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