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Pere Oliva, rector del Seminario Interdiocesano de Cataluña: "Parece que hay una incipiente recuperación del tema vocacional entre los jóvenes"

El rector del Seminario Mayor Interdiocesano de Cataluña celebra el aumento del número de seminaristas inscritos en el nuevo curso

Pere Oliva, en Roma. | GIEC

El Seminario Mayor Interdiocesano de Barcelona, que reúne a estudiantes de todas las diócesis con sede en Cataluña excepto la de Terrassa, que tiene seminario propio, ha iniciado el curso con más de 60 seminaristas y 23 nuevas incorporaciones. De estos nuevos estudiantes, 22 son jóvenes que este año comienzan el programa Propedéutico, la fase introductoria de la formación, mientras que el otro se reincorpora directamente a cuarto curso. "Comenzamos esperanzados por este aumento notable del número de jóvenes que inician un camino con la voluntad de responder a lo que Dios les pide", admite a la Agencia Flama Pere Oliva, que afronta su cuarta temporada como rector del Seminario.

Pregunta. Han pasado tres meses desde la visita del Papa a Cataluña y el curso introductorio del seminario ya casi ha duplicado las inscripciones del curso pasado. ¿Considera que el "efecto León XIV" tiene algo que ver con este aumento?

Respuesta. Ninguno de los seminaristas nos ha dicho que haya venido motivado por la visita del Santo Padre, pero, quieras o no, una experiencia así siempre ayuda, en el sentido de que remueve la conciencia de la gente y hace valorar la vivencia que tiene cada uno en relación con su adhesión a la Iglesia. En el fondo, es Dios quien llama, y lo hace a través de mil mediaciones, pero la estancia del Papa entre nosotros seguro que ha servido para abrir a muchos jóvenes a la posibilidad de dar un paso adelante con el compromiso de dejarse trabajar por Dios y ponerse en manos de la Iglesia.

P. Las 23 incorporaciones al Seminario proceden de diferentes diócesis catalanas: seis de Barcelona, cuatro de Tarragona, cuatro de Sant Feliu de Llobregat, tres de Vic, dos de Girona, dos de Lleida, uno de Urgell y uno de Tortosa. En el caso de Sant Feliu, que durante los últimos años no había tenido seminaristas, el paso adelante parece especialmente significativo. ¿Cómo lo han recibido?

R. Con alegría, es notable este aumento. Ellos solo tenían un diácono, que todavía está con nosotros y pronto será ordenado sacerdote, y con las nuevas incorporaciones serán cinco. Este grupo es un motivo de esperanza y coraje para el seminario, pero sobre todo para la diócesis de Sant Feliu de Llobregat.

P. Los nuevos seminaristas proceden de ambientes diversos y cada uno tiene un perfil determinado. ¿Qué destacaría de todos ellos y qué tienen en común?

R. Son jóvenes de procedencias y ámbitos geográficos diferentes. Algunos vienen del mundo rural o semirrural, mientras que otros vienen de entornos metropolitanos. En este sentido, podemos decir que hay jóvenes de todas partes, y esto es un signo de esperanza. También tienen edades diferentes: algunos tienen poco más de 20 años y otros ya están cerca de los 30 o incluso son mayores. Lo que tienen en común es que han sentido la llamada. Da la impresión de que actualmente hay algo más de predisposición por parte de los jóvenes a abrirse al mundo religioso cristiano. La situación no es para lanzar cohetes, pero sí parece que hay una incipiente recuperación del tema vocacional, porque este curso también ha aumentado el número de seminaristas en otras diócesis de fuera de Cataluña.

Seminaristas y formadores catalanes, durante unas jornadas de convivencia este verano. | GIEC

P. El obispo de Lleida, Daniel Palau, hace referencia en algunas de sus obras al presbítero sinodal. ¿La formación del seminario está concebida para formar presbíteros en sintonía con la reforma sinodal que vive la Iglesia?

R. La perspectiva sinodal se ha despertado en toda la Iglesia sobre todo desde el papa Francisco, que ha puesto este acento. Los seminaristas tienen esto muy presente, pero todavía todos tenemos que trabajar mucho, empezando por mí, para profundizar más en esta manera de hacer, que no es nueva, ya que la Iglesia ha sido sinodal desde sus orígenes. Dicho esto, creo que la unificación de los seminarios de Cataluña constituye un buen ejemplo de sinodalidad. No siempre es fácil conseguir que todas las diócesis vayan juntas, porque tenemos talantes y maneras de hacer diferentes. Pero el conocimiento mutuo entre los jóvenes aporta cosas positivas y esto debe mantenerse.

P. Siguiendo también las orientaciones del papa Francisco, ¿se ha incorporado este año la presencia de mujeres en el equipo formativo del seminario?

R. No tenemos mujeres en el equipo formativo, pero habitualmente invitamos a venir a dar charlas a personas implicadas en el campo de la pastoral y del mundo laical, y a menudo son mujeres. Por otro lado, la ecónoma del seminario es una mujer, Almudena Cañizal, responsable también de economía del Obispado de Solsona, con quien tenemos una relación buena y fluida. Fue elegida por los señores obispos para el cargo e interviene en muchas cuestiones de carácter económico y organizativo. En este sentido, valoramos mucho la aportación de las mujeres.

P. ¿Qué percepción tienen los jóvenes seminaristas en relación con el arraigo de la Iglesia en la lengua y la cultura catalanas?

R. Todos ellos saben perfectamente a qué Iglesia pertenecen, pero creo que este es un trabajo que deben hacer en cada diócesis de origen, al margen de lo que aquí, en el seminario, se pueda hablar, sugerir o indicar. Cada territorio diocesano tiene una realidad diferente en función de su demografía. Este factor no se percibe de la misma manera en las ciudades que en los pueblos. En Vic, una diócesis más rural y de habla eminentemente catalana, no puede ser que un sacerdote no hable catalán; en cambio, en Barcelona, puede que sí, ya que hay realidades en las que predomina el castellano. En este sentido, desde el Seminario velamos por no perder de vista las características propias de cada diócesis.

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