Un pueblo de Galicia mantiene vivo el misterio de un posible vínculo entre su iglesia y Antoni Gaudí
“No hay pruebas, pero la memoria de mi familia es muy clara”
En Fontei, una parroquia de A Rúa, en la comarca gallega de Valdeorras, la historia de la iglesia de Iglesia de San Andrés de Fontei se ha transmitido durante décadas entre la memoria familiar, los relatos del pueblo y algunos indicios materiales que apuntan, sin pruebas documentales definitivas, a un posible contacto con Antoni Gaudí.
Este relato —que combina tradición oral, contexto histórico y lectura arquitectónica— tiene hoy en José Antonio Casanova a uno de sus principales custodios. Nacido en 1936 y descendiente de la familia de la Casa Grande de Fontei, Casanova sostiene que el nombre de Gaudí formó parte de la historia familiar mucho antes de que el genio de Reus se convirtiera en figura universal.
“Mis primeros conocimientos de Gaudí llegaron en los años cincuenta”
“He pensado que lo más oportuno es situarnos en el tiempo”, explica Casanova. “Yo nací en 1936 —añade—. Mi abuelo, amigo de Gaudí, murió en 1916 y mi abuela en 1955; mi padre y sus hermanos murieron en los años ochenta”.
El testimonio sitúa el hilo de la memoria en el ámbito doméstico. “Mis primeros conocimientos de la existencia de Gaudí llegaron en los años cincuenta: vi cómo mi padre manejaba unas copias de planos de color azul sobre la iglesia de Fontei que, al parecer, eran de Gaudí”.
Este recuerdo es uno de los elementos centrales del relato familiar, pero el propio Casanova evita presentarlo como una certeza documental. Los planos originales, según la tradición local y los textos publicados sobre el templo, se habrían perdido con el paso del tiempo.
Una amistad familiar y un contexto de crecimiento
Según Casanova, la relación entre Gaudí y su abuelo, Leopoldo Casanova Meruéndano, era anterior a los grandes encargos del arquitecto en Astorga y León. Leopoldo y Ramona Ojea Somoza eran los propietarios de la Casa Grande de Fontei, la casa solariega y principal residencia señorial del pueblo, que la familia convirtió en uno de los centros de la vida local. “Gaudí y mi abuelo eran amigos desde antes de que Gaudí iniciara los proyectos del Palacio Episcopal de Astorga y la Casa de los Botines”, afirma.
Esta amistad explicaría las estancias de descanso de Gaudí en la Casa Grande de Fontei. “Cuando Gaudí empezó a viajar, aprovechó la ocasión para pasar fines de semana en la Casa Grande de Fontei, hogar de mis abuelos”, relata.
Aquellos años, añade, el pueblo vivía un momento de transformación. La llegada del ferrocarril y la creación de la estación de maniobras de la actual Estación de A Rúa-Petín impulsaron el crecimiento de la zona. En ese contexto, la pequeña capilla de San Andrés empezaba a quedarse pequeña para una comunidad en expansión.
La Casa Grande, el solar y el impulso de Ramona Ojea
Tanto el libro local sobre la parroquia como los testimonios recogidos en prensa coinciden en el papel clave de la familia de la Casa Grande. La propiedad cedió el terreno donde se levantaría el nuevo templo. Casanova lo resume así: “La oportunidad de hacer un proyecto importante, la presencia de Gaudí y el empuje de mi abuela Ramona hicieron que el proyecto de parroquia cristalizara”, sostiene. “Mis abuelos pondrían los terrenos y algo más; las ayudas del obispado, las del pueblo y la presencia de Gaudí pusieron en marcha el proyecto”, añade.
El libro parroquial recoge igualmente que Ramona Ojea Somoza y Leopoldo Casanova Meruéndano, conscientes de la necesidad del pueblo y de la coincidencia de tener en su casa a un huésped ilustre, habrían pedido a Antoni Gaudí que se encargara del diseño y de la orientación general de la obra.
Entre la memoria oral y la falta de documentos
Casanova es prudente a la hora de delimitar el alcance de esta participación. “Por lo que yo he ido oyendo de la familia y del entorno, Gaudí formó parte de la idea”, dice. Y matiza: “Por lógica, Gaudí no podía asumir la dirección de la obra, pero sí el diseño y la ‘ciencia’ para construirla”.
Esta versión coincide con otros relatos locales que sostienen que el arquitecto habría entregado un boceto o unas instrucciones a un maestro de obras conocido como Juanón, encargado de la ejecución material del templo. Ahora bien, no se conserva ningún documento que acredite de manera concluyente esta autoría. El propio Casanova lo admite al señalar que, “en cuanto a la documentación que avale estas elucubraciones, no he podido encontrar nunca nada”.
Las formas del templo: una lectura en clave gaudiniana
Sin pruebas definitivas, el debate se sitúa también en el terreno de la arquitectura. Casanova defiende que el templo contiene elementos compatibles con la sensibilidad neogótica de Gaudí. “¿Cómo se podían tomar ideas de los grandes? Del románico: arcos de medio punto, contrafuertes verticales. Del gótico: arcos apuntados, vidrieras, luz, arbotantes”, expone.
Y plantea su lectura de la iglesia de Fontei: “¿Tiene arcos apuntados? ¿Tiene luz? ¿Tiene contrafuertes verticales? Sí”.
La descripción del edificio refuerza, al menos, esta afinidad formal: planta de cruz latina, lenguaje neogótico, fachada con dos torres, ventanas ojivales y una construcción de granito que combina austeridad y proporción.
Según los estudios locales, el templo fue consagrado en 1903 bajo la advocación de San Andrés, y su ornamentación interior se completó en años posteriores.
Un vínculo personal con Cataluña
La relación de Casanova con Cataluña no es solo heredada. También forma parte de su propia biografía. “He vivido en Barcelona desde 1966 hasta 1985”, explica.
Durante aquellos años desarrolló una trayectoria profesional vinculada a la industria automovilística, con responsabilidades directivas en SEAT. Y cierra el recuerdo con una nota personal que lo devuelve, de manera simbólica, al origen de Gaudí: “Me encantan los calçots de Reus”.
Una historia abierta
Más de un siglo después de la construcción de la iglesia de Fontei, la posible huella de Antoni Gaudí sigue situada en una frontera delicada entre la tradición oral, la memoria familiar y la interpretación arquitectónica.
No hay ningún documento que permita atribuir con rotundidad el templo al maestro de Reus. Pero tampoco se ha desvanecido el hilo de una historia que, transmitida de generación en generación, mantiene vivo el recuerdo de una amistad, de un pueblo en crecimiento y de una iglesia que, para muchos vecinos, conserva todavía una sombra gaudiniana.