La UPSA celebra la primera misa en sufragio por las víctimas de Urda: "Su sufrimiento no nos es ajeno"
Carrasco Rouco ha explicado por qué la comunidad universitaria se detiene a rezar sin interrumpir su labor. “No dejamos nuestro trabajo, no dejamos aquello que somos”, ha dicho, sino que rezar por las víctimas es “lo que debemos hacer”, y nace de la fe
La Universidad Pontificia de Salamanca ha acogido, en su clerecía, una Eucaristía en memoria de las víctimas delaccidente ferroviario de Urda (Toledo). La ha presidido el obispo de Lugo y presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura, monseñor Alfonso Carrasco Rouco, que ha pedido al Señor su auxilio por los fallecidos y por “todos aquellos que sufren” a causa de la tragedia.
En su homilía, Carrasco Rouco ha explicado por qué la comunidad universitaria se detiene a rezar sin interrumpir su labor. “No dejamos nuestro trabajo, no dejamos aquello que somos”, ha dicho, sino que rezar por las víctimas es “lo que debemos hacer”, y nace de la fe. Los difuntos, ha añadido, “no nos son ajenos”: todos somos “partícipes de un mismo destino”, amados, salvados y unidos en comunión.
"Nada de lo humano nos es ajeno"
El obispo ha vinculado esa comunión con la misión educativa, ya que ya que la Eucaristía se ha celebrado antes de la entrega de los Premios Stella, que reconocen a quienes encarnan la misión educativa de la Iglesia. Según ha señalado, educar es poner en común lo más verdadero: el acceso a la vida, la verdad de las cosas y el propio corazón, mirándolo “con amor” y “con esperanza”. Y ha insistido en que, “suceda lo que suceda”, la situación de los hermanos que sufren también forma parte de esa comunión: “Nada de lo humano nos es ajeno. Su sufrimiento no nos es ajeno”.
Apoyándose en las lecturas de la liturgia, ha recordado que la esperanza cristiana es “inmensa”. Es obra de Dios, que quiere darla y que se la pidamos, y por eso la Iglesia pide para los fallecidos una “vida incorruptible”, libre de errores, abandonos y de las violencias de este mundo.
Sobre el Evangelio de las Bienaventuranzas, ha señalado que describen “experiencias elementales del corazón” y no las que brillan por el poder de los hombres. Ha explicado que funcionan casi como “caminos educativos” para vivir con conciencia y cuidado. Y ha subrayado que la mirada sobre la persona no cambia: “Cuando es niño, cuando es mayor y cuando se muere”.
"Testimonio a la luz de la fe y esperanza"
Carrasco Rouco ha encomendado a los difuntos a Dios todopoderoso y ha pedido para sus familiares fe, esperanza y el consuelo del Señor. También ha dicho que desean dar testimonio de que todo puede vivirse “humanamente” a la luz de la fe y la esperanza cuando se cree en el Evangelio, y que esa comunión “sea posible”. Al concluir, Carrasco Rouco ha recordado que la educación “no está separada del amor, de la caridad y de la esperanza”, y que con ellas se mira también a quienes han sufrido el accidente.