La víctima del cura de una escuela barcelonesa declara en el juicio: "Me llevó al despacho, me tocó y me amenazó"
La víctima, un menor con discapacidad que tenía entonces 8 años, ha relatado ante el tribunal que el acusado le amenazó si contaba lo ocurrido. La fiscal ha señalado que se trata "un caso paradigmático de abuso sexual"
La víctima de abuso sexual del párroco de la escuela Pare Manyanet del barrio barcelonés de Sant Andreu, un menor con discapacidad que tenía entonces 8 años, ha relatado este jueves ante el tribunal que el acusado "lo llevó a un despacho, le hizo tocamientos y le amenazó" si contaba lo ocurrido.
En la sección séptima de la Audiencia de Barcelona ha quedado hoy visto para sentencia el juicio contra este religioso, Joaquim C.V, exrector de Pare Manyanet, para el que la Fiscalía pide 6 años de prisión, y que ya fue condenado con anterioridad en 2023 por posesión de pornografía infantil.
En su escrito de acusación, el ministerio público atribuye al párroco un delito de abuso sexual, con la agravante de indefensión por trastorno mental de la víctima y prevalecimiento de relación de superioridad, por el que solicita además una indemnización de 15.000 euros, de la que deberá responder como responsable civil subsidiaria la Congregación Hijos de la Sagrada Familia, a la que pertenece el centro educativo.
Según la Fiscalía, en una fecha no concretada entre los cursos 2016-2017 y 2017-2018, el religioso hizo tocamientos en el pecho y en las piernas a este alumno con discapacidad, tras llevarlo a un despacho en el que estaban a solas y sentarlo en una silla. Al terminar los tocamientos, el acusado advirtió al niño de que, si contaba algo de lo ocurrido, la próxima ocasión sería "sin ropa".
La fiscal subraya que el acusado era consciente de la corta edad del niño, así como de su grado de discapacidad, por lo que se aprovechó de la "ascendencia" que tenía sobre él por ser una figura de "reconocido prestigio en la escuela".
El juicio ha comenzado con el visionado de la declaración de la víctima, grabada en febrero de 2024 y admitida como prueba preconstituida, en la que el menor explicó que estando en clase de educación física "vino el padre, me cogió, me dijo ven conmigo y, claro, yo fui. Me llevó al despacho, me sentó en una silla y me empezó a tocar en el pecho y en las piernas".
Ha concretado que el despacho, en el que había una mesa y una silla, estaba al lado del gimnasio, al que "no podíamos ir solos -los alumnos-". Estos detalles han sido corroborados por una testigo, que ha explicado que al lado del gimnasio hay despachos que constan de una mesa y una silla, y que existen llaves maestras.
Según el ministerio público, debido al "miedo" que le infundió la amenaza del religioso, el niño tardó unos siete años en contar los hechos a su padre, que le generaron síntomas postraumáticos en el menor, que empezó a negarse a ir a la escuela y a catequesis.
Tenía miedo de encontrarse con él en la calle -con el procesado- o con otros curas.…
El padre del menor ha testificado que en octubre de 2023 su hijo le contó lo sucedido, y "comenzó a llorar como nunca lo había visto". "Tenía miedo de encontrarse con él en la calle -con el procesado- o con otros curas.…"
El acusado, que solo ha respondido a las preguntas de su abogado, ha negado haber abusado sexualmente del menor: "No, absolutamente no, nunca, nunca, nunca, ni se me pasa por la cabeza hacer una cosa así", ha respondido a su letrado.
Ha agregado que no conocía a la víctima: "Nunca tuve la oportunidad de verlo o de hablar con él", ha dicho.
Una testigo propuesta por la defensa, profesora de educación física de cuarto de primaria de esta escuela, ha explicado que nunca vio al cura en la zona del gimnasio, que no sería normal que entrara en la clase y se llevara a un alumno, algo que, además, ha dicho, no habría permitido. Preguntada por la acusación particular sobre la ratio de alumnos en su clase, ha dicho que entre 25 y 28.
Las peritospsicólogas han concluido que la explicación del menor "es compatible" con un caso de abuso sexual porque "se mantuvo firme" en su relato, en el que "no hubo incoherencias", sabe diferenciar la realidad de la ficción, por su capacidad de memoria, porque no hay indicios de que haya podido denunciar falsamente ni tiene animadversión hacia el acusado. Todo ello nos lleva a concluir que su relato fue un recuerdo de una experiencia vivida".
En sus conclusiones, que ha elevado a definitivas, la fiscal ha señalado que se trata un caso paradigmático de abuso sexual: "El acusado, una figura de confianza, y la víctima, un menor vulnerable. Se daban todos estos elementos: autor conocido, figura respetable, que deambulaba por el centro....".
El acusado ya fue condenado a 1.620 euros de multa y a dos años de inhabilitación para cualquier profesión que comporte contacto con menores de edad por un delito de posesión de pornografía infantil, después de que un informático encontrara en su ordenador vídeos con contenido pedófilo, bajados de internet.