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Xabier Gómez, en Montserrat: “Solo el amor gratuito refleja la belleza que salva el mundo”

El obispo de Sant Feliu de Llobregat preside la Misa Conventual de la Solemnidad de la Virgen de Montserrat

El obispo, este lunes. | Abadía de Montserrat

La basílica del monasterio de Montserrat se llenó completamente este lunes al mediodía para la Misa Conventual de la Solemnidad de la Virgen de Montserrat, en una celebración de alta intensidad litúrgica y musical que se vivió con una conciencia clara entre sus protagonistas: cada intervención conjunta de la Escolanía y la Capilla de Música es, quizá, una ocasión única.

Minutos antes de salir hacia el presbiterio, una imagen captada desde la sala de ensayo lo sintetizaba todo: una treintena de escolanes, algunos sentados y otros de pie, partituras en la mano, seguían con atención las indicaciones del director, Pau Jorquera. El silencio denso, el piano al fondo y la concentración de los rostros evidenciaban la tensión previa a uno de los momentos más exigentes del año. La fotografía, tomada instantes antes de comenzar, retrataba el paso invisible entre el ensayo y la liturgia, entre la preparación y la ejecución pública.

La Escolanía de Montserrat, minutos antes de salir a la basílica. | Cedida

A las 11 en punto, la celebración comenzó con la basílica llena y en silencio. Presidida por el obispo de Sant Feliu de Llobregat, fray Xabier Gómez, y concelebrada por el abad Manel Gasch y la comunidad benedictina, la misa avanzó con solemnidad, sostenida en todo momento por una música precisa y expresiva.

Entre los cantores, sin embargo, había una idea que iba más allá de la celebración. Un miembro de la Capilla explicaba que había vivido la mañana “con mucha emoción”, después de haber podido recogerse ante la Moreneta y de haber compartido aquel último ensayo con la Escolanía. Y añadía una reflexión que daba otra dimensión al momento: “Probablemente no volveré a cantar hasta la visita del papa León XIV, prevista para junio, aquí mismo… o en un funeral”, señalaba.

Una homilía que apela a levantar la mirada

En su homilía, el obispo trazó un discurso directo e interpelador sobre la situación espiritual y social actual. En este sentido, advirtió que “no estamos hechos para vivir mirando al suelo, o fijándonos en una pantalla, anestesiados y adictos a la técnica o a emociones fuertes”, y subrayó que fuera del vínculo de amor con Dios “solo hay sucedáneos, no la auténtica libertad”.

En esta línea, recordó que “toda evolución humana ha sido un proceso para ponernos de pie y en camino”, y que, por tanto, “estamos hechos para alzar la mirada al cielo”. La palabra de Jesús —dijo— “nos tira hacia arriba o hacia dentro, hacia lo más profundo y auténtico, nuestra verdadera identidad”.

La basílica, llena en la solemnidad de la Virgen de Montserrat | Abadía de Montserrat

El obispo situó también la misión cristiana en el presente; una misión que, para el dominico, “nace de llevar a Cristo dentro, como María”, especialmente en un contexto de país secularizado. Una explicación que presentó para describir una sociedad con “clima polarizado” y con “violencias legitimadas”, donde “mucha gente buena vive con el ánimo bajo”. En este escenario, remarcó que quizá muchos no buscarán “un discurso sobre Dios”, pero sí “un gesto, una escucha, una mano tendida o una mirada limpia”.

Montserrat, en este sentido, apareció como lugar de encuentro: “Cada año vienen aquí millones de peregrinos y podemos ser visitantes, pero también podemos ser reencontrados por Dios”, subrayó. Y añadió que, en un “paisaje abrupto y bello”, la misión de la Iglesia en Cataluña “no es ir lejos, sino vivir la fe en el entorno cercano”, de modo que “la gente que te encuentre pueda sentir que llevas dentro el secreto de la alegría”.

Citando al papa León XIV, concluyó que “es la hora de la caridad” y que no se debe anteponer “nada al amor de Jesús”. “Solo las vidas que actúan por el amor gratuito y comprometidas con la cultura de la vida y la bondad en cada decisión reflejan la belleza que salva el mundo”, afirmó.

La Capilla de Música y la Escolanía, en plena interpretación durante la celebración litúrgica | Cedida

En este punto, el obispo Gómez recordó que 145 años después de que el papa León XIII proclamara a la Virgen de Montserrat patrona de las diócesis catalanas, existe la “esperanza bien fundada” de que León XIV visite el santuario. “Esperamos este momento de gozo para la diócesis, para la Iglesia catalana y para el monasterio”, dijo.

La celebración se desarrolló sin incidencias, con una participación viva de la asamblea y con la música como hilo conductor. Al terminar, con el eco de los cantos aún presente, quedaba una doble sensación: la de haber vivido uno de los momentos más intensos del año en Montserrat y, al mismo tiempo, la conciencia de que estas voces solo se reencuentran en ocasiones excepcionales.

La próxima podría ser, a la espera de confirmación definitiva por parte de la Santa Sede, la visita papal prevista para el próximo 10 de junio. O, como decía el tenor, en otro contexto bien distinto. Entre estos dos extremos, la música sigue marcando el tiempo en Montserrat.

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