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El libro Estola Cruzada ya está disponible

Estola Cruzada

Por fin, Estola Cruzada ya está disponible y puede adquirirse en librerías, a través de la editorial y también en Amazon. Se culmina así un proyecto que nació con una finalidad muy concreta: dar a conocer a ese gran desconocido que sigue siendo para muchos la figura del diácono permanente y el ministerio diaconal.

Especialmente en la Iglesia española, el diaconado continúa siendo una realidad poco conocida debido, entre otras razones, al reducido número de diáconos existentes. Apenas somos algo más de seiscientos en toda España y, precisamente por ello, el verdadero objetivo de este libro es contribuir a que este ministerio sea conocido y valorado.

Porque nadie puede querer aquello que no conoce.

Y es que el objetivo marcado no es otro que ayudar a descubrir la riqueza de un ministerio llamado a desempeñar un papel muy importante en nuestras Iglesias particulares y animar también a nuestros obispos a seguir impulsando esta vocación allí donde todavía permanece poco desarrollada.

El diácono vive su ministerio desde el sacramento del Orden, pero en medio del mundo: desde el matrimonio, la familia, el trabajo, el vecindario y las realidades cotidianas de la sociedad. Son ministros insertados en el mismo corazón del mundo y tocados por la gracia sacramental. No es poca cosa.

Se trata, sin duda, de un ministerio precioso, cuya esencia es la caridad y el servicio, y que tiene como misión ser icono de Cristo Siervo. Un ministerio capaz de hacer muchísimo bien allí donde se desarrolla plenamente.

Por ello sería especialmente importante que este libro llegara a los párrocos, para que sean ellos los principales animadores de esta vocación en sus comunidades. Lo ideal sería que las vocaciones al diaconado surgieran del contacto directo con los propios diáconos, del roce cotidiano, de contemplar de cerca ese carisma y esa entrega al servicio de la Iglesia y de los hermanos. Sin embargo, el reducido número de diáconos existentes actualmente en España hace necesario promover esta vocación también por otros medios. Este libro y este blog pretenden ser una pequeña aportación en esa dirección.

En artículos anteriores ya expresé diversos agradecimientos, pero deseo reiterarlos nuevamente.

Muy especialmente a mi esposa, Belén, y a mis hijas y nietos, por su paciencia, apoyo y comprensión durante las muchas horas dedicadas a la escritura y al ministerio.

familia

A mi obispo, el cardenal arzobispo de Madrid, don José Cobo, que ha querido honrar esta sencilla obra con un prólogo precioso que le aporta un prestigio muy superior al de su autor.

A mis hermanos diáconos Manuel L., de Cádiz, y David J., de Burgos, por su ayuda en la corrección y revisión del manuscrito.

A la editorial Ediciones Palabra, por apostar por este proyecto en un mundo editorial cada vez más complejo y difícil en las publicaciones de libros.

Y, por supuesto, a Religión Digital, que ha apoyado esta iniciativa desde el primer momento.

Porque, como dice el refrán, de bien nacidos es ser agradecidos.

con pablo dominguez

Permítanme terminar con una pequeña anécdota.

Cuando estudiaba en San Dámaso fui elegido por mis compañeros miembro del Consejo del Instituto de Ciencias Religiosas. En una de aquellas reuniones estábamos revisando los estatutos del centro y uno de los apartados especificaba a quién iban dirigidos aquellos estudios: consagrados, profesores de religión, agentes de pastoral…

Pedí entonces que también se incluyera expresamente a los aspirantes al diaconado permanente.

El entonces secretario del instituto, Pablo Domínguez Prieto—que Dios tenga en su gloria—, me respondió con una sonrisa:—Paco, siempre barriendo para casa. Y quizá tenía razón. Porque esa imagen de barrer siempre me ha recordado al santo dominico San Martín de Porres con su escoba en la mano, ejemplo de humildad y servicio.

Fray escoba, diácono

Así tenemos que ser también los diáconos: hombres dispuestos a coger la escoba, a barrer, servir y a arrodillarnos ante los demás, igual que hizo Jesús cuando se cruzó la toalla para lavar los pies a sus discípulos. Porque el diácono está llamado a barrer, a lavar los pies y hacer suyas aquellas palabras del Señor: «Yo no he venido a ser servido, sino a servir».

Tal vez ahí se encuentre la esencia de todo el diaconado. Y quizá también la esencia de toda vida cristiana. Dios quiera que este libro contribuya a ello.

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