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Hoy somos nosotros la tierra

¿Hacia qué mundo caminamos?

El Evangelio del domingo de hoy, 12 de julio de 2026, recoge la conocida parábola del Sembrador, que Jesús pronunció desde la orilla del Mar de Galilea o Lago de Tiberíades, que en resumen dice: “que parte de la semilla cayo al borde del camino y los pájaros la comieron; otra cayó entre piedras pero se secó; otra cayó entre zarzas que la ahogaron; y el resto cayo en buena tierra, que dio buen fruto”.

La semilla es la palabra de Jesús, una palabra excelente, que está ahí en los Evangelios que Jesús enseñó con los hechos y las palabras de su vida. Para las culturas del antiguo oriente, la palabra era mucho más que un sonido, era algo que transmitía la realidad que expresaba. Así fue la palabra de Jesús.

Seguro que aun recordamos lo que se decía hace muchos años, que la palabra era una escritura, como una extensión del pensamiento gravado en el alma, algo que era la fidelidad absoluta a lo que se afirmaba, era como hacer real la realidad. Para los filósofos griegos, como Platón y Aristóteles, la palabra era la fidelidad absoluta a la razón y el pensamiento, era manifestar al exterior nuestro mundo interior. Por tanto faltar a la palabra era lo más abyecto que podía hacer una persona. Era perder toda credibilidad, toda confianza, toda fidelidad.

En la parábola de Jesús, la semilla es la misma que cae en todas partes. La semilla era toda buena, pero fallaba la tierra.

Ahora viene la pregunta clave: ¿Quién es hoy la tierra donde cae la palabra de Jesús?

La respuesta también es muy clara: la tierra somos nosotros. ¡qué clase de tierra somos cada uno? ¿Estamos preparados para recibir la mejor semilla? O nos pasa como dice Jesús, que los afanes de una vida opulenta y la seducción de las riquezas ahogan y hacen estéril la palabra en nosotros.

Pero hay otra pregunta esencial: ¿Qué clase de sembradores somos cada uno de nosotros? ¿Qué clase de palabras o semillas sembramos? ¿Son palabras de verdad, de justicia, de honradez, de lealtad, de nobleza, de sinceridad, de autenticidad, de coherencia plena de lo que pensamos y sentimos con lo que decimos?

Los profesionales de la palabra en la Iglesia son el Papa, los cardenales, los obispos, los sacerdotes, los frailes y monjas, los profesores de religión, los catequistas: ¿por qué tanta palabra resulta tan estéril e improductiva y no es semilla de transformación, de creación de una sociedad más justa, más igual, más fraterna, más solidaria, más comprometida con la causa de los empobrecidos, mucho más profética y directa con la denuncia de los opresores de este mundo, que tanto daño causan a los más necesitados y a la naturaleza?

¿No será que somos unos rutinarios funcionarios de la religión, del templo y de unas palabras inexpresivas, rutinarias, pesadas, aburridas, que se conforman con una religión de ritos, cómoda, rutinaria, que no incide en los problemas, necesidades, sufrimientos y aspiraciones de los más necesitados, a la vez que nos hemos alejado del Evangelio de Jesús y su Mensaje?

Por tanto el retorno a Jesús y su Mensaje de amor, justicia, igualdad, fraternidad, solidaridad, compromiso total con toda la Humanidad y toda la Creación, es la respuesta que todos y más los seguidores de Jesús tenemos que dar a este mundo, que tanto lo necesita para su dimensión inmanente y trascendente.

Siendo concretos, este mundo no puede soportar por más tiempo dictadores y gobernantes económico-políticos, desde EE.UU. pasando por Rusia o Israel, que solo protegen a los que más tienen y sostienen un sistema de capitalismo que hace cada vez más ricos a los ricos y más pobres a los empobrecidos. Veamos: Una Suite en Ginebra supera los 80.000 euros por noche; en el Casino de las Vegas 100.000 dólares; una Suite en Nueva York 75.000 dólares, y otra en Dubái que alcanza los 90.000 euros por noche. Cuando hay estas mansiones asombrosas, es porque alguien las paga, sostenidas y protegidas con las fuerzas de la policía y los ejércitos.

Elon Musk, gran adicto a Trump, ya se ha convertido en el primer billonario de la historia al superar el billón de dólares (un billón es un millón de millones). En 2026 ya hay en el mundo 3.428 milmillonarios.

¡A qué mundo nos conducen estas desigualdades tan espantosas, que producen miles de muertos por hambre todos los días y que millones de personas vivan en la pura indigencia!

La respuesta de Dios al mundo fue su Hijo Jesús: El y su Mensaje es la respuesta que nosotros, sus seguidores, tenemos que dar ahora a este mundo. Tenemos que ser buena tierra, donde brote frondosa su Palabra, que es su semilla.

En Gijón, a 12 de julio de 2026

Feliz domingo a tod@s.-Faustino

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