Aspirar a la santidad que brota del compromiso con la justicia y la paz

Festividad de Todos los Santos (1-11-2026)

A veces se cree que la santidad es aislarse de este mundo o encerrarse en una vida de alabanzas y rezos o practicar un ascetismo que raya muchas veces con la vanagloria personal de creerse más perfecto.

La santidad es vivir "el programa del reino" (Las Bienaventuranzas)

Aspiremos a la santidad de las bienaventuranzas, del seguimiento, del compromiso de construir la justicia y la paz en este mundo que el Señor nos ha confiado.

Bienaventuranzas
Bienaventuranzas

En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reno de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados ustedes cuando los insulten, los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo (Mateo 5, 1-12).

Hoy celebramos la fiesta de todos los santos y el evangelio que se nos propone es el de las Bienaventuranzas de Mateo. De alguna manera este evangelio nos ilumina el camino de la santidad. Esta no consiste en tener actitudes extraordinarias sino en vivir “el programa del reino”, como también se conoce este texto de las bienaventuranzas.

Recordemos que Lucas también tiene el pasaje de las bienaventuranzas (6, 24-26), pero con notables diferencias. Comparar los dos textos nos puede ayudar a entender el sentido más pleno de estas. En Mateo, Jesús se dirige a una multitud más indeterminada y en Lucas se dirige a sus discípulos. Mientras Mateo pone el énfasis en actitudes que traen la felicidad, Lucas lo pone en el cambio de la situación negativa por la positiva, trayendo, entonces, la bienaventuranza. Además, Lucas tiene cuatro “ayes” o “mal venturanzas”, en las que muestra cómo lo que ahora se cree positivo (ser ricos, estar sacados, reír y ser alabado por todos) va a mostrar el lado negativo que posee.  En conjunto, podemos decir que estos textos, en verdad, son el programa del reino propuesto por Jesús que significa cambio, transformación, asumiendo la persecución propiciada por aquellos que no quieren acogerlo. Si profundizamos un poco más en cada una de estas bienaventuranzas podemos afirmar que hay felicidad cuando se pone la confianza absoluta en Dios -Felices los pobres de espíritu- y cuando se viven las actitudes de mansedumbre, tristeza por el dolor del mundo, hambre y sed de justicia, misericordia, pureza de intención, trabajar por la paz y ser perseguidos por causa de la justicia. El texto de Mateo finaliza, ya no dirigiéndose a la multitud en general sino interpelando directamente a sus oyentes, con el término “ustedes”, insistiendo en la persecución como fruto del seguimiento, de su causa, del programa del reino. En Lucas, como ya lo dijimos, se especifica más claramente que el reino de Dios trae, efectivamente, el cambio de la situación, lo cual produce la felicidad prometida.

Conviene que este texto ilumine, en verdad, la santidad a la que todos estamos llamados y que ya reconocemos en aquellos que nos han precedido porque han dado frutos buenos. A veces se cree que la santidad es aislarse de este mundo o encerrarse en una vida de alabanzas y rezos o practicar un ascetismo que raya muchas veces con la vanagloria personal de creerse más perfecto. El papa Francisco nos recordó en la Exhortación Gaudete et exultate (2018), a los santos “de la puerta de al lado”, es decir, todos aquellos que han hecho bien en este mundo desde la cotidianidad de sus vidas y que no están en los altares de nuestras iglesias, pero si en la vida definitiva con Dios. Pidamos aspirar a la santidad, esta de las bienaventuranzas, del seguimiento del Jesús del reino, de la que brota del compromiso de construir la justicia y la paz en este mundo que el Señor nos ha confiado.

(Foto tomada de: https://www.dominicaslerma.es/monasterio/home-2/rincon-para-orar/2875-las-bienaventuranzas-de-jesus.html)

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