Transformar la cizaña a fuerza de trigo

Domingo XVI del Tiempo Ordinario (19-07-2026)

La enseñanza de la parábola del trigo y la cizaña es la paciencia que se nos invita a tener en la construcción del reino de los cielos

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Y les propuso otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: "Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él? Él les respondió: "Esto lo ha hecho algún enemigo". Los peones replicaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?". "No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero" (Mateo 13, 24-30).

El domingo pasado señalamos que todo el capítulo 13 de Mateo será de diferentes parábolas con las que Jesús intenta explicar en qué consiste el reino de los cielos. Para hoy se nos propone la parábola del trigo y la cizaña. El relato es muy fácil de entender. El reino es como un hombre que sembró buena semilla en el campo, pero mientras todos dormían vino el enemigo y sembró cizaña. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los trabajadores querían arrancar la cizaña, pero el señor les dice que esperen a que crezcan juntos para que no se vaya a arrancar trigo en el afán de terminar con la cizaña. Solo entonces, cuando se puedan distinguir bien, podrán arrancarse y separarse.

La enseñanza de la parábola es la paciencia que se nos invita a tener en la construcción del reino de los cielos. Vamos a convivir siempre con el mal, pero nada impide que sigamos apostando por el trigo y creyendo que, en contra de la lógica agraria, en la que la cizaña es capaz de ahogar el trigo, el bien podrá vencer el mal, el paso del tiempo podrá transformar la cizaña en trigo.

En efecto, el reino de los cielos manifiesta una lógica contracultural y, justamente por eso, matan a Jesús. Y no será distinta la suerte de sus seguidores. Pero la resurrección de Jesús es el si de Dios a esa lógica de lo pequeño, de lo frágil, de lo que casi ni se percibe.

En la liturgia de hoy se puede escoger este texto corto que acabamos de comentar o leer hasta el versículo 43 en el que se hace la explicación de esta parábola de la cizaña en forma alegórica. Aquí elegimos la versión corta, pero digamos algo de la explicación alegórica. El texto remite al final de los tiempos en el que todo saldrá a la luz y lo malo se quemará en el fuego mientras que lo bueno brillará como el sol. De alguna manera es lo que dijimos antes de que la última palabra la tiene Dios mismo, palabra que se adelantó en la resurrección de Jesús y que sostiene nuestro presente para no cansarnos de cuidar el trigo sin arrancar la cizaña, creyendo que, de alguna manera, mucha de esa cizaña, con el favor del bien, podrá llegar a ser trigo. En lo concreto, es esa fe inquebrantable en que las personas pueden cambiar, las situaciones pueden transformarse, la vida puede ganarle a la muerte.

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