Diario senti-mental 16

Andrés Ortiz-Osés
31 oct 2020 - 19:14

ÁNIMAS

El miedo a la muerte

es el miedo a nacer

(I. Olecha)

Día de las ánimas

resucito

con todos mis difuntos

difuminados muertos redivivos.

Que no se acabe el día

de nuestros amores resuscitados

de nuestros dolores concitados

de nuestros temores absueltos.

Tu alma vaga en mi entorno

y me circundas

madre

con tu aureola en arcoiris

y tu sonrisa melíflua

y de cristal.

Que no se arredre el día

del trasmundo entreabierto

por los seres que nos precedieron

y amaron

amarrados hoy a su destino

transfinito.

Vivieron lucharon y murieron

pero su tumba retumba

con los ecos de antaño

con los miedos de hogaño

con el corona-virus.

Aprendamos que solo renace

quien se juega la vida

quien enjuga su llanto

por el otro

quien se jugó la muerte

por amor

quien entendió su existencia

como coexistencia.

O bien como el humano

que ofrenda su ánima

a quien se la inhaló o insufló

primero: el Alma alada y animada

del mundo.

Como dijo un poeta

que me entierren haciendo

un agujero en mi madre:

para renacer en el seno

de la eternidad.

(Que el miedo a morir

solo es miedo a nacer).

ALTAR

Te amo para amarte

(G.Sand).

Te tengo en un altar

amor amigo

junto a la Madona

sobre un pergamino de música

gregoriana

y un libro mío ofrendado

con otro nietzscheano.

Así me acompañas de día

y te acompaño

te velo y me desvelo de noche

contemplando tu psicografía

presidida por al árbol de la vida

que es también el árbol

de la muerte

rodeado de extrañas escenas

oníricas vitales.

A la vera de tu retrato

pictórico

alegre y colorista disperso

y disipado

te escolto y ausculto

desde un retrato oscuro

e intimista

de viejo introvertido

despertado de su letargo

por tu algarabía.

Así se aúnan tu belleza

y mi melancolía

tu movimiento y mi quietud

inquieta

tu gracia amorosa y mi querer

moroso y concentrado

mimoso de tu amor

amigo.

Te venero en mi altar

como un venero de efluvios

de gracia

abierto y manifiesto

por tu beso de drácula

piadoso

y mi querer entrecortado

y recio.

Que amar es hacer

del corazón

un alto en el camino

revertido en altar

y una ofrenda del alma

convertida en oferta:

oferta y ofertorio

de un amor sigiloso

y audaz.

ULTRA-AMOR Y POESÍA

(Publicamos el Prólogo de A.Ortiz-Osés al libro “51 poemas de ultra- amor”, de próxima aparición).

El amigo de proyectos culturales Eugenio Mateo me pide unas palabras para sus “51 poemas de ultra-amor”, y con él me embarco en su barco de bardo. Me ha gustado la belleza de su poesía amorosa, sensitiva en medio de la naturaleza y sensible en medio del tráfago mundano, secuestrado empero por el pandemonio de la pandemia a la que exorciza. Amor y poesía es un binomio consustancial, ya que el amor es poético o pro-creativo, mientras que la poesía es emotiva y afectiva.

El amor es la cura o cuidado de nuestra escisión o herida mortal, así pues de nuestra finitud o confinamiento en este mundo, al que el amor abre a un trasmundo afincado empero en los intramuros del propio mundo. De ahí la sensación de resurrección típica del amor en medio de las ruinas terrestres, el esplendor y ascensión que significa e implanta en nuestro ser así renacido, la vivencia de sobrepasar la finitud en infinitud.

Es el amor como apertura radical al otro/otra el que trasciende la muerte y lo mortal o mortífero. Ahora bien, el amor como sutura de nuestra desgarradura existencial obtiene un sentido surreal, ya que traspasa la realidad por debajo (sub-realidad) y por encima (supra-realidad), lo cual está de acuerdo con su condición de transrealidad, lo que nuestro poeta Eugenio Mateo proyecta en el propio amor como trans-amor.

Esta es una poética presidida por la sensibilidad de un autor entre culturalista y naturalista, cuyo primer deseo amoroso es descubrir el secreto del tú amado, pasando del ensimismamiento a la alteración de la alteridad, tal y como lo exige el querer humano. Querer saber del otro/otra para saborear su piel desnuda, un saber-sabor poético del amor. Pero enseguida se enfrenta con el fatum o hado, el destino interpretado por el tango, el cual circunscribe su deseo entre la cercanía y la distancia, el día solar y la noche lunar, la presencia y la ausencia.

Eugenio Mateo prosigue su poética pesquisa amorosa hasta celebrar su alborozo como una elevación, un hollar las huellas de la amada flotando sobre la tierra pesante. El enamorado es un náufrago o superviviente que surca el mar de la amada, pero que sufre la encerrona de la pandemia causada por el coronavirus. El amor romántico, valga la redundancia, encuentra así sus límites físicos pero también sociales, representados por las dudas y los celos, las grietas y los grilletes del amor.

Los límites propios del amor se deben fundamentalmente al tiempo y su trascurso, así pues a la temporalidad del hombre en el mundo. Y aquí Eugenio Mateo proyecta a través del amor la figura del trastiempo, en un intento de “vencer el reloj siendo la arena”. La arena mienta en nuestro autor la encarnación del hombre en la mujer, “capaz de convertir en materia las ideas” y, por tanto, de encarnar el amor como pro-creación poética. De esta guisa, el amor se define como poético o creativo, y la poesía se redefine como querencia amorosa de fondo.

Pero entonces estamos describiendo el amor y la poesía como románticos o nada. Y, en efecto, el amor o tiene un trasfondo romántico o es mera benevolencia o benedicencia; y otro tanto pasa con la poesía, o es romántica o resulta mera escritura prosaica. Esta sería la enseñanza final de este librito de bella sensibilidad, firmado por el amigo Eugenio Mateo, y cuyo lema reza así: “no renunciar a lo que quiero”. Y lo que quiere es amar poéticamente y poetizar amorosamente.

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