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Fratria:Europa

La actual confrontación entre el Norte y el Sur de Europa tiene una larga historia que se remonta hasta el año 2000 antes de Cristo. En torno a esa fecha las tribus indoeuropeas también llamadas indogermanas se lanzan a caballo sobre el sur agrario de Europa, imponiendo su mitología patriarcal a la vieja civilización mediterránea de fondo matriarcal (Creta). El Dios padre (Zeus, Júpiter) se impone a la Diosa madre (Demeter, Magna Mater), al modo como lo hace Apolo sobre Dioniso y la razón abstracta sobre el mito simbólico.

Con la llegada del Cristianismo a partir del año cero de nuestro calendario, se produce una especie de mediación o remediación entre lo matriarcal y lo patriarcal, la Diosa madre y el Dios padre, el mito y la razón. En efecto, la nueva divinidad cristiana no es matriarcal ni patriarcal, sino matriarcal-patriarcal o, más exactamente, filial y fratriarcal, ya que Jesucristo personifica al Hijo-Hermano, proyectando la idea de una fraternidad universal. Sin embargo, es cierto que se produce en el propio judeocristianismo cierta patriarcalización, al recuperar al Dios del Antiguo Testamento y al sustituir a la vieja Diosa madre por la nueva Virgen María.

Así que Europa es un pacto entre Norte y Sur, indoeuropeos/indogermanos y mediterráneos, anglosajones, latinos y eslavos. Este pacto configura a Europa, la Princesa cretense o fenicia raptada por el Zeus tauromorfo, no como nuestra matria ni como nuestra patria sino como nuestra Fratria (podríamos hablar de fratriarcado o soriarcado en honor a dicha princesa). Esta Fratria masculina de connotación femenina es el ámbito de hermanamiento de matria y patria, el escenario de nuestro conflicto y reconciliación, el hermanamiento gozoso y doloroso de los contrarios.

La clave de semejante Fraternidad proyectada en la Cultura europea por la Ilustración sigue estando en la coimplicación del Padre indoeuropeo y de la Madre mediterránea en su Hijo-Hermano, cuyo nombre sigue siendo cristiano (Jesús el Cristo). Pues es el cristianismo, junto con la cultura griega, los que aportan fundamentalmente la Democracia como auténtica Fratria política y social.

Por lo que respecta a nuestro país, España, no deja de resultar curioso su reflejo respecto a Europa, ya que nuestra Celtiberia responde al mismo patrón europeo de mezcla fundamental entre el elemento indoeuropeo (celta) y el elemento mediterráneo (los iberos de nuestro litoral mediterráneo). Y por supuesto ocurre el mismo proceso cristianizador que en Europa, con un Santiago que cierra España y un san Pablo que la abre (para concitar al vasco-castellano Unamuno).

Parece entonces claro que el renqueante conflicto entre Norte y Sur, indoeuropeos y mediterráneos, nórdicos y latinos, encuentra su solución en la coimplicación de los contrarios, propiciada por cierto por la gran mediación cultural del cristianismo. Se trataría de sintetizar o aunar creativamente la razón nórdica y la sensibilidad sudista, la efectividad indogermana y la afectividad mediterránea, el norte frío y el sur sentimental.

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