Sobre el amor de amistad (y Vivencias y convivencias 48)

(A Rui y Lou)

Te busco y no te encuentro: pero al final te reencuentro en mi. El joven es más carnal, el viejo es más espiritual o espirituoso y puede respirar el amor aun sin atracarlo. Yo diría que habiéndolo tocado en la juventud para en la vejez retocarlo, es decir, trastocarlo y trasmutarlo. Quien no me entienda tampoco entenderá la voz del amor de amistad que reza escueta, tal y como el amigo la sintetizó brillantemente un día así: celebramos la bondad de nuestra intimidad; así pues, una auténtica concelebración mistérica.

Intimidad frente a la intimidación de este mundo bello y bruto, interioridad frente a la exterioridad encerrada y banal. El amor de amistad se basa en la complicidad o coimplicidad, en la devoción o veneración del otro, en la sensibilidad correspondida. Por eso la amiga escribió en la postal con las gaviotas en su playa un texto venerable, aunque resulte inflado desde fuera pero inflamado desde dentro: rezar debe ser lo mismo que escucharte o leerte, una ascensión, un desvanecimiento, un augurio de claridad, una alegría a la altura de la infancia, un encuentro con lo eterno: me existes, nos respiro.

Y tú resistes y nos aspiramos. El amor de amistad es amor y por tanto afección o afecto, un amor afectivo o anímico, mediador del amor carnal y del amor espiritual y, por tanto, andrógino o ambivalente, implicativo y abierto. Todo ello frente al amor posesivo o atrapador, falto de libertad y sobrado de libertinaje, falto de aire, rudo y cerrado. El amor de amistad no se basa en el cogimiento del otro sino en su acogimiento y recogimiento, no se funda en el poder que incluye el dominio sino en la potencia que incluye su impotencia, en la com-pasión como mutua pasión alada. El amor de amistad suspira a través de un lema crucial: yo eres, tú soy, una ilusión no ilusa por el otro/otra y una mutua presencia romántica y simbólica que abre el tiempo a su eternidad.

Juan Ramón Jiménez en sus Elejías intermedias, se mostraba triste por quedarse sin el yo -qué triste estoy sin mi-, una tristeza desolada que hunde sus raíces en la soledad desamorada, pero que encuentra su resolución clásica en la querencia o amor de dilección que trasciende la mera estima. Añadiríamos aquí que el amor de amistad se preocupa paradójicamente más por amar que por ser amado, más por dar que por recibir, más por el otro que por uno mismo. Parece un asunto ascético pero es más bien místico o sagrado, religioso o religador. El mismísimo Quevedo lo expresa lacónicamente afirmando que “amo y no espero, porque adoro amando”. Pues el amor, como quería san Pablo, asume la fe en el otro y la esperanza abierta, porque en el amor se aúnan ambos. Pues bien, lo que añade la amistad al amor es su relajo o relajación a través del concurso de la fratría o hermandad, así pues la liturgia fratriarcal, la iniciación en los misterios de la intimidad sin la intimidación propia o ajena.

Y es que contradiciendo a Lord Byron, la amistad es el amor con alas frente al amor sin las alas de la amistad. Y ello porque, contradiciendo ahora también a Colette, cuando uno es amado puede dudar del amor del otro, pero cuando uno ama no hay ya duda alguna razonable al respecto. La diferencia estriba en que el amor típico y tópico requiere el pago de ser amado, mientras que el amor de amistad requiere sencillamente amigar abiertamente.

VIVENCIAS Y CONVIVENCIAS 48

---Dios es una palabra: el verbo o la palabra más simbólica. 

---Yo respeto al Señor: pero no necesariamente a sus esbirros. 

---La misa debería centrarse en la consagración y la comunión: ir al grano del pan y el vino, evitando los preámbulos antiguo-testamentarios. 

---La clave de nuestra existencia es lo “numinoso”: que es a la vez lo divino y lo demónico. 

---La verdad dice adecuación del hombre a la realidad, mientras que el sentido dice adecuación de la realidad al hombre: lo que llamo “verdad-sentido” es la mutua adecuación y correlación del hombre y el mundo al encuentro. 

---El hombre no es la medida de todas las cosas, como quiere Protágoras, sino su mediación: el hombre es el mediador de todas las cosas en este mundo. 

---La verdad que camina es el sentido (José Bada): y la verdad que no camina anda descaminada. 

---La conciencia colectiva es la patria de la verdad instituida: el inconsciente colectivo es la matria del sentido instituyente. 

---La auténtica verdad es interpersonal y se define como “interverdad”: yo soy del Inter. 

---La materia es la objetividad inconsciente, la conciencia es la subjetividad consciente: dualéctica entre la mente y el cerebro. 

---Así que tanto estudiar para saber tan poco: pero al menos sabes lo que no sabes o ignoras. 

---Algunos no entienden mis artículos: que se joroben laciamente. 

---Ante la enfermedad hay que ponerse en manos profesionales, evitando las contradicciones de la gente y de internet: asumiendo la cosa. 

---La operaciones alargan nuestra vida: convertida ya en ópera o, más bien, opereta. 

---El paciente debe serlo y tener paciencia. 

---Mi contraste vasco-aragonés a veces me lleva al traste. 

---Hipotético título de estudio simbólico-cultural de carácter matriarcal: los vascos y las vacas. 

---La historia juzgará a Euskadi: pero la prehistoria le absolverá. 

---De la tierra brotan las flores: y del amor la vida. 

---La vida y su inextricable mezcla de felicidad e infelicidad, compañía y soledad, amor y desamor. 

---El funcionario instituye la regla: el creador crea la excepción. 

---El mundo rechaza al que trata de mejorarlo: porque lo trastoca. 

---El último Hans Küng habla de morir racionalmente: pero cuidado con burocratizar la muerte de suyo inburocratizable. 

---La vida es bastante plasta: la filosofía le sirve de emplasto. 

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