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TODO el viaje del Papa a España, #primeroRD

Cuando se vaya, ¿qué?

El verdadero viaje del Papa, más allá de la efervescencia y las multitudes del momento, empezará cuando regrese a Roma y nos deje a solas con su hoja de ruta

Ahora os toca a ustedes

Estamos todavía en pleno torbellino. Madrid aún saborea la intensidad de estos días, las calles de Barcelona ultiman los preparativos para recibirlo en la Sagrada Familia y el archipiélago canario aguarda, con el corazón en un puño, la histórica mirada del Pontífice hacia la herida abierta de la migración en la frontera sur. El Papa León XIV está aquí, entre nosotros, y su presencia se nota en cada rincón, en los titulares y en el pulso de nuestras comunidades.

Es tiempo de celebrar y de dejarse empapar. Nos toca, legítimamente, disfrutar de este momento presente, saborear la cercanía del pastor y acoger con el corazón abierto sus mensajes certeros, que con tanta lucidez están radiografiando nuestra realidad. Ver la complicidad del Papa agustino con los jóvenes en la plaza de Lima o escuchar sus discursos directos pidiendo "evitar las palabras que enfrentan" nos llena de un indiscutible orgullo eclesial. Sin embargo, precisamente ahora, mientras el viaje apostólico está desplegando toda su potencia y todavía nos quedan días para escuchar su voz en directo, es cuando un interrogante pastoral nos debe espabilar: Cuando termine todo esto, ¿qué?

El peligro del "efecto escaparate"

Los grandes acontecimientos eclesiales corren siempre el riesgo de convertirse en un hermoso parque de atracciones espiritual. Vivimos la efervescencia del momento, nos emocionamos con los gestos del sucesor de Pedro, nos tomamos la foto y, en cuanto el avión papal despega de regreso a Roma, volvemos a nuestra rutina gris, a nuestras inercias de siempre, como si nada hubiera pasado. ¿O quizá no será así?

Si la visita de León XIV a España se reduce a un balance estadístico de cuánta gente llenó los estadios o las plazas, o de lo bien que lo hemos hecho y ha salido todo, entonces habremos fracasado. El Papa no ha venido a regalarnos un analgésico temporal para nuestras crisis ni a firmar una tregua en una sociedad polarizada. Ha venido a sembrar en tierra brava. Y la siembra —lo sabemos bien— exige romper el suelo, enterrar el grano y comprometerse con el riego diario.

"Muchas cosas en las redes nos engañan, buscad siempre la verdad", nos ha alertado ya el Papa en Madrid, lanzando a los jóvenes un grito directo al corazón: "¡Sed humanos!". Una doble advertencia que nos obliga a mirar el poso real que dejará este viaje más allá del ruido mediático y "Muchas cosas en las redes nos engañan, buscad siempre la verdad", nos ha alertado ya el Papa en Madrid, lanzando a los jóvenes un grito directo al corazón: "¡Sed humanos!". Una doble advertencia que nos obliga a mirar el poso real que dejará este viaje más allá del ruido mediático y virtual.

La llamada a la acción

Aunque León XIV todavía está recorriendo nuestra geografía, las grandes líneas de su mensaje ya son sumamente claras y exigentes para la Iglesia española:

  1. Una Iglesia que no se mira el ombligo: Al visitar los proyectos de Cáritas de atención a personas sin hogar, el Papa nos recuerda que los márgenes no son un apéndice de la pastoral, sino el centro del Evangelio.
  2. Hospitalidad radical: En España solemos presumir de ese viejo y hermoso axioma que dice que "quien está en Madrid, es de Madrid". El Papa, con sus gestos de cercanía hacia los migrantes y los descartados del sistema, ha venido a recordarnos que esa hospitalidad no puede ser solo un eslogan político o un orgullo local, sino una exigencia del Evangelio. Una clave que será aún más punzante cuando toque la realidad sufriente de Canarias. Nos toca preguntarnos si nuestras comunidades son espacios de acogida real o aduanas espirituales.
  3. Tejer redes desde la diferencia: En una España fragmentada, el Papa se está reuniendo con el mundo de la cultura, la política, el deporte y el arte. Nos está enseñando el arte perdido del encuentro desarmado. ¿Seremos capaces de mantener esos puentes abiertos cuando él ya no esté?

El verdadero viaje empieza el próximo viernes

El éxito de este viaje apostólico no se va a medir por los aplausos de estos días, sino por lo que empiece a gestarse en nuestras diócesis el día después de que el Papa se marche.

Aún nos quedan jornadas intensas para seguir disfrutando de su magisterio, de sus palabras certeras y de sus gestos proféticos. Vivámoslo con alegría, escuchémosle con el alma abierta y dejémonos interpelar. Pero no olvidemos que el pastor simplemente encienda la mecha y nos acompaña; nos toca a los laicos, a las comunidades de base, a las parroquias y a los consagrados mantener vivo el fuego.

León XIV está cumpliendo su misión de confirmarnos en la fe. La pelota está y seguirá estando en nuestro tejado. Disfrutemos al máximo de los días que nos quedan de su visita, pero preparémonos para lo verdaderamente importante: porque cuando las luces se apaguen y el ruido cese... es ahí cuando de verdad empezará el viaje para la Iglesia en España.

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