¡Hagan sus apuestas!: El cinismo de lucrarse con la catástrofe que viene
Especular con el fin del mundo: cuando la tragedia se convierte en un casino online
Tengo que confesarlo: cuando vi la noticia por primera vez en la televisión, pensé sinceramente que se trataba de una broma de mal gusto o de otro sketch de sátira distópica. Pero no. La realidad, una vez más, ha superado a la ficción. En Estados Unidos se está consolidando una tendencia en plataformas financieras y de apuestas online donde la gente puede jugarse el dinero especulando sobre cuál será la próxima catástrofe. ¿Cuántos grados subirá la temperatura este año? ¿En qué fecha exacta tocará tierra el próximo huracán de categoría 5? ¿Cuántos daños materiales dejará la siguiente inundación?
Resulta estremecedor ver cómo se aborda este tema con ligereza, sacándole partido al asunto como si fuera la quiniela del domingo. «¡Vengan las apuestas, que nosotros ganaremos dinero!».
Esta noticia no es un hecho aislado ni una simple anécdota estrafalaria; es el síntoma definitivo de un capitalismo desalmado y de consumo que ha alcanzado su fase más perversa. Un sistema hipertrofiado que ya no solo mercantiliza nuestros recursos, nuestro tiempo de trabajo y nuestro ocio, sino que es capaz de aprovechar hasta nuestras propias catástrofes y problemas para sacar tajada. Todo, absolutamente todo —incluso la amenaza real que se cierne sobre la supervivencia de nuestra casa común—, es empaquetado, monetizado y transformado en un producto de entretenimiento rentable.
Para entender esta atrocidad conceptual, vale la pena acudir a pensadores clave que han desnudado las dinámicas de nuestro sistema:
- Herbert Marcuse nos advertía ya en el siglo XX sobre cómo el capitalismo avanzado logra integrar y neutralizar cualquier atisbo de conciencia crítica, convirtiendo las grandes crisis en mercancías consumibles. En una sociedad moldeada por la lógica del mercado, hasta la desesperación colectiva se digiere como un espectáculo más.
- Más recientemente, el filósofo Byung-Chul Han ha denunciado cómo en la sociedad del hiperconsumo impera una aterradora dinamita ética: el dolor y la tragedia han sido despojados de su dimensión trascendente. Para Han, cuando todo se convierte en entretenimiento desinhibido, ya no hay espacio para el dolor sagrado, para el duelo ni para la empatía, porque la fría lógica del capital exige que hasta la desgracia sea económicamente productiva y «divertida».
Cuando transformamos el calentamiento global o el paso devastador de un huracán en una jugada de póker, estamos anestesiando el alma. Detrás del termómetro que sube un grado no hay un gráfico de rendimiento bursátil; hay sequía, cosechas arruinadas y personas vulnerables sin futuro. Detrás del huracán no hay un premio para el apostador hábil; hay miedo, destrucción y vidas humanas en juego.
Convertir la vulnerabilidad del planeta y el sufrimiento ajeno en un casino virtual es la cima de la deshumanización. Desde una mirada ética y profundamente espiritual, esto nos confronta con una quiebra moral devastadora. Si somos incapaces de estremecerse ante la desgracia y preferimos ver en el caos una oportunidad de negocio, la verdadera catástrofe no vendrá del cielo ni del océano: la verdadera catástrofe ya se ha consumado dentro de nosotros.
Sinceramente, viendo adónde está llegando la codicia humana y cómo prostituimos hasta el dolor del prójimo... ya no sé qué nos queda por ver.