Málaga: La locura de vivir sin techo en la “ciudad del pecado inmobiliario”

Jóvenes sin futuro, alquileres imposibles y una Iglesia en salida que exige justicia social a los gobiernos frente a la emergencia habitacional

Posibilidades habitacionales para ´jóvenes y no tan jóvenes
Posibilidades habitacionales para ´jóvenes y no tan jóvenes

Málaga, la joya del sur, la capital tecnológica, el paraíso del turismo. Detrás de los grandes titulares macroeconómicos y las postales idílicas de la Costa del Sol se esconde una crisis descarnada que asfixia a sus habitantes. Hoy en día, en Málaga, es una absoluta locura no solo comprar una vivienda, sino simplemente alquilar un piso. La realidad a pie de calle es sangrante: dos jóvenes —y ya no tan jóvenes— con contratos de trabajo e ingresos estables se las ven y se las desean para acceder a un alquiler razonable. Se ha roto el ascensor social y, con él, la posibilidad de forjar un futuro. Pareces abocado a la provisionalidad perpetua. Parejas que desean casarse y fundar un hogar se topan de bruces con un mercado hostil y desbocado que les niega la estabilidad básica.

Frente a esta intemperie existencial, conviene recordar lo obvio: la vivienda es un derecho fundamental resguardado por la Constitución Española, que en su artículo 47 consagra de forma inequívoca el derecho a disfrutar de una «vivienda digna y adecuada». No es un bien de lujo para especular, es el soporte físico donde se asienta la dignidad humana. Por ello, es hora de alzar la voz y exigir con firmeza a los gobiernos de turno —a la Junta de Andalucía y a las alcaldías de nuestros municipios, y al Gobierno nacional, — que preparen, legislen y ejecuten de inmediato las medidas necesarias para que lo que constitucionalmente es un derecho de todos sea por fin una realidad alcanzable y no el privilegio de unos pocos.

La Iglesia en salida: La respuesta de los sectores sociales

Ante este clamor, los sectores sociales de la Iglesia no se han quedado de perfil. Al contrario, están asumiendo un papel activo de denuncia, concienciación y acción en la provincia, demostrando que la fe tiene que traducirse en compromiso político y social.

1. La Plataforma Ecosocial “Laudato Si” de Málaga: Una voz profética contra el despilfarro

Uno de los movimientos más punteros e inspiradores en la diócesis es la Plataforma Ecosocial Laudato Si’ de Málaga. Conectando directamente con la encíclica del Papa Francisco sobre el cuidado de la "casa común" y de los más vulnerables, esta plataforma eclesial —que aglutina a entidades cristianas, obreras, y movimientos sociales— se ha posicionado de forma tajante ante el modelo de ciudad que se está imponiendo.

En sus recientes campañas de movilización y manifiestos públicos, la Plataforma ha lanzado propuestas valientes que han sacudido el debate político malagueño. Frente a grandes proyectos de infraestructura, han exigido que los fondos públicos (como los previstos para macroproyectos futbolísticos o urbanísticos en la ciudad) se destinen íntegramente a un fondo de choque para cubrir las necesidades reales de la población: de manera prioritaria, el acceso a la vivienda digna, los refugios climáticos urbanos y la inclusión de las familias desahuciadas por la mercantilización urbana y la explotación turística (“monocultivo inmobiliario”). Convocatorias como su jornada de acción y oración comunitaria, organizada de cara al aniversario de la encíclica papal, demuestran que la comunidad cristiana de Málaga está decidida a habitar las fronteras de la protesta social y a tejer alianzas con colectivos ecologistas y vecinales para defender el territorio y a sus habitantes.

2. Cáritas y las “Semanas Sociales”: Charlas para agitar conciencias

La acción caritativa y social de la Diócesis de Málaga no se limita al asistencialismo. Saben que el problema es estructural. Muestra de ello es que la Vicaría para la Acción Caritativa y Social, junto a Cáritas Diocesana, ha situado la emergencia habitacional en el centro de su agenda formativa e intelectual.

Las Semanas Sociales de Málaga, celebradas en el CESET San Pablo, se han convertido en un foro de debate de referencia bajo el lema del derecho a la vivienda. A través de mesas redondas, conferencias y charlas abiertas a la ciudadanía, la Iglesia de Málaga está sentando en la misma mesa a expertos, agentes sociales y afectados para visibilizar lo que Cáritas califica como el principal sumidero de la exclusión social. En estas charlas se denuncia con datos la alarmante falta de vivienda pública y se presiona a las administraciones locales y autonómicas para que apliquen políticas fiscales penalizadoras para los pisos vacíos y protectoras para las familias trabajadoras sobre las que pende la amenaza del desahucio.

3. Del dicho al hecho: Proyectos de Viviendas de Integración Social

Más allá de la denuncia y la formación, la Iglesia malagueña sostiene realidades de acogida directa. Un ejemplo pionero es el programa de Viviendas de Integración Social (VIS) gestionado por Cáritas en pleno centro histórico de Málaga —un edificio de cinco plantas donado por la asociación benéfica Casa del Niño Jesús—. Este recurso ofrece alquileres sociales normalizados y adaptados a familias en situación de extrema vulnerabilidad residencial, sirviendo como un trampolín de inserción frente a un mercado inmobiliario local que de otro modo las habría expulsado a la exclusión más absoluta.

Una exigencia ineludible a las administraciones

El dinamismo de la Plataforma “Laudato Si”, el rigor de los informes de Cáritas y los testimonios en las charlas de la diócesis confluyen en un mismo punto de llegada: la Iglesia no puede suplir la responsabilidad del Estado. La Doctrina Social de la Iglesia es meridianamente clara: los poderes públicos tienen la obligación ética y legal de subordinar el mercado a las necesidades de las personas. Desde estas páginas de Religión Digital nos sumamos al clamor de la comunidad cristiana malagueña y andaluza: basta de parches y promesas electorales. Los ayuntamientos deben frenar la sangría de los grandes especuladores de los pisos turísticos; la comunidad autónoma debe desplegar de una vez parques de vivienda pública de alquiler social equivalentes a la media europea; y el Gobierno central debe asegurar marcos jurídicos habitacionales estables.

Málaga y toda España necesitan techos sobre los que cimentar vidas y proyectos de futuro. No es una utopía, en el sentido de una idea bonita pero imposible; es la justicia que Dios nos pide y que nuestra propia Constitución exige. Y esto sí que es una prioridad nacional, autonómica y local… una prioridad que responde a la dignidad de toda persona que habite en nuestra tierra.

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