Miradas al cielo con el balón en el suelo: Cuando el éxito del fútbol se rinde ante la trascendencia

De la Fuente, Rodri, Lamine o Ferran: lecciones de una fe contracultural que no busca amuletos para ganar, sino un anclaje para no perderse

Un fútbol trascendental
Un fútbol trascendental

En una sociedad hipersecularizada que a menudo observa la religión como un reducto del pasado, el fútbol de élite se ha convertido en el nuevo gran templo laico. En él se adoran dioses de carne y hueso, se compran liturgias millonarias y se rinde culto al ego. Sin embargo, el vestuario de la actual Selección Española está operando un milagro silencioso: la normalización de la trascendencia como el último reducto de su humanidad.

A las puertas de la gran final del Mundial, este grupo de jóvenes demuestra que se puede desplegar el mejor fútbol a ras de césped mientras se mantiene la mirada fija en lo alto. No solo destacan por su juego, sino por una madurez espiritual desacomplejada que desmonta los clichés de la modernidad. Aquí la fe no es un accesorio folklórico; es la salvaguarda humana frente a la centrifugadora de la presión absoluta.

La fe como relación, no como transacción

El gran arquitecto de este ecosistema es Luis de la Fuente. El seleccionador riojano ha devuelto al debate público una visión de la fe que huye por completo del utilitarismo. En un mundo futbolístico dominado por las cábalas y el pensamiento mágico, el míster traza una línea profética: la fe es un hábito diario que ensancha el espíritu, no una palanca para exigir milagros deportivos de última hora.

«Nada tiene que ver... soy cero supersticioso. No me pongo una camisa amarilla el día que gano. Yo rezo todos los días. Si rezo hoy, mañana también; lo he hecho durante mucho tiempo».

Estas palabras encierran una profunda verdad teológica: Dios no es un amuleto de la suerte. Pero donde De la Fuente da una auténtica lección de ecumenismo real y diálogo fe-cultura es en su respuesta al escepticismo contemporáneo. Lejos de la confrontación o el reproche moral hacia el no creyente, abraza la empatía: «Te entiendo perfectamente porque a mí me sucede exactamente igual con los ateos» (SI QUIERES VER EN YOUTUBE LAS DECLARACIONES: https://youtu.be/YCoBWaoVzwU?is=QaHwNi1XejQ50edg). Es el reconocimiento mutuo del misterio, el respeto absoluto al caminar del otro sin renunciar a la fortaleza y seguridad que, personalmente, a él le brinda la oración.

El antídoto contra la idolatría del mérito

Esta misma sintonía espiritual se respira sobre el césped. En la era del "hombre hecho a sí mismo" y de las exigencias inhumanas de rendimiento, los líderes de esta plantilla prefieren arrodillarse —metafórica y literalmente— para recordar que el talento es, ante todo, un don recibido. Es su manera de mantener los pies en la tierra mientras visten la armadura del crack.

La justicia de la gratitud (Rodri Hernández): Cuando el faro del centro del campo subió al altar laico del Balón de Oro, su discurso no fue un monumento a su propio esfuerzo, sino un acto de humilde alabanza: «Quiero darle las gracias a Dios... Cuando haces las cosas bien, Dios te recompensa». En boca de uno de los mejores jugadores del mundo, cuyo sello es el trabajo y la humildad, la fe se convierte en la vacuna definitiva contra la soberbia de la meritocracia salvaje.

La vulnerabilidad en el desierto (Nico Williams): El extremo ha popularizado en sus redes un rotundo «God is great» (Dios es grande). No es estética o postureo digital. Para Nico, la oración cristiana ha sido el respirador artificial en los momentos de oscuridad física y mental, especialmente durante las lesiones que amenazaron con apagar su carrera. Su fe es la de quien ha conocido la fragilidad y sabe que, cuando las piernas fallan, el espíritu se sostiene de Alguien mayor. Además, a estas alturas, ya conocemos todos el durísimo pasado que tuvo que pasar su familia...

Un Pentecostés en el vestuario: Diversidad y comunión

Lo que verdaderamente resulta revolucionario y debería interpelar a nuestra sociedad fracturada es el ecumenismo práctico con el que conviven las distintas sensibilidades religiosas en el seno del equipo. No hay uniformidad, hay una profunda comunión que suma fortaleza al colectivo. Se suma, no se resta.

Identidad y profecía frente al odio (Lamine Yamal): El joven delantero vive su espiritualidad desde un islam maduro y valiente. Sus gestos de recogimiento en el campo son la expresión natural de su alma. Pero su mayor testimonio ha sido la firmeza frente a la intolerancia y el racismo: «Soy musulmán y usar la religión como burla os deja como ignorantes». Lamine reivindica el derecho a la identidad religiosa con una dignidad que estremece.

Anclajes de la tradición (Ferran Torres y Mikel Merino): Mientras Ferran busca la estabilidad psicológica tocando la cruz y la Virgen que lleva bajo la equipación antes de cada batalla, Merino conecta con la mística de sus raíces navarras al evocar esa "mano tendida" (sea San Fermín o una fuerza superior) que le sostiene en los minutos agónicos de las eliminatorias.

Este mosaico de creencias convive en perfecta armonía con compañeros como Unai Simón, Pedri, Dani Olmo, Gavi o Marc Cucurella, quienes optan por la discreción absoluta o el laicismo institucional, prefiriendo mantener su intimidad al margen de los focos. Nadie juzga, nadie impone, nadie se esconde.

Una lección de teología práctica: ¿Lo que importa es ganar?

Detrás de la pizarra táctica de la Selección actual hay un mapa del alma humana. La Roja nos está regalando una hermosa parábola para el siglo XXI: la fe bien entendida no levanta muros ni busca camisas amarillas de la suerte para ganar un partido.

En el circo romano del fútbol moderno, mantener el balón en el suelo y levantar los ojos al cielo no es un anacronismo; es el último reducto de libertad de unos jóvenes que eligen recordar cada día que solo son hombres delante de Dios. Al final, la verdadera victoria de este equipo ya ha acontecido en su propio vestuario: demostrar que la trascendencia no aísla de la realidad, sino que nos salva de la deshumanización.

Y ahora, con esa paz interior como el mejor escudo, toca esperar al trascendental partido de esta noche contra la selección argentina en la gran final del Mundial. A las 9 de la noche rodará el balón y se buscará la gloria eterna, pero con la tranquilidad de saber que, mucho antes del pitido inicial, estos chicos ya han aprendido que importa más el modo en que se trabaja el éxito que la propia meta que se alcanza.

En la implacable dictadura del resultado, donde el subcampeón suele ser arrojado al pozo del olvido y solo el oro parece validar el esfuerzo, esta plantilla propone una enmienda a la totalidad. Si la fe, tal como demuestra este grupo, no opera como un talismán utilitario para alterar el marcador a conveniencia, entonces el verdadero éxito debe medirse con una vara distinta. Levantar la copa esta noche frente a Argentina sería un hito histórico incontestable, pero estos futbolistas ya son unos ganadores, aunque pierdan. La victoria esencial ya se ha conseguido entre las paredes de su propio vestuario: pase lo que pase en el césped, al terminar el encuentro se podrán mirar a los ojos como un equipo cohesionado, humano y libre de las garras del ego. Además, este grupo ha logrado algo casi milagroso en los tiempos que corren: despertar un orgullo nacional no politizado, un punto de encuentro sano y limpio de ideologías que une al país a través de la sencillez, el respeto mutuo en la diversidad y la auténtica comunión. Porque cuando los focos se apaguen y la euforia se disipe, su triunfo definitivo no se reflejará en el metal que sostengan en sus manos, sino en la entereza interior que les impedirá perderse cuando estén en la cima del mundo.

Nota: este artículo está relacionado con este otro reciente del mismo autor: https://www.religiondigital.org/hacer_realidad_lo_posible-_jesus_lozano_pino/evangelio-vestuario-luis-fuente-revolucion_132_1460903.html

También te puede interesar

Lo último

stats