“Si quieres la paz, prepara la guerra”: Paralelismos históricos entre la Roma imperial y el liderazgo de Donald Trump

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“Ave, los que van a sufrir te saludan”

Trump
Trump

Introducción

Hace poco compartía con mi compañera Anabel, del Departamento de Socio-lingüística y Pastoral del Colegio San José , las muchas inquietudes que nos suscita la figura de Donald Trump y sus drásticas medidas económicas, políticas y sociales, con especial atención a los conflictos bélicos y sus implicaciones globales. De pronto, en apenas unos instantes, comenzó a desgranar un análisis brillante donde trazaba un paralelismo revelador con el mundo romano. Su visión me ayudó a comprender de forma mucho más clara la postura de Trump, no como un fenómeno aislado, sino como un patrón histórico reconocible. Según su análisis, el actual escenario estadounidense resuena con la ambición del imperium de los césares , la lucha entre facciones de la antigua República y esa vieja máxima que hoy recobra una vigencia peligrosa: Si vis pacem, para bellum. A continuación, comparto este interesante artículo en el que se nos invita a mirar la historia para entender nuestro presente y, cómo no, advertir los riesgos de nuestro futuro como humanidad

Si vis pacem, para bellum

(Ana Isabel Moreno Sánchez, licenciada en Filosofía y Letras en la especialidad de Filología Clásica)

La historia es experiencia y nos da perspectiva para contemplar desde arriba. Yo no creo que la historia se repita, como algunos suelen decir. Sin embargo, es evidente que existen ciertos patrones reconocibles en determinados momentos históricos que llevan a cambios en la política, en la economía y en la sociedad, siempre adaptados a la circunstancias de cada época. El ser humano lleva en su ADN amor, solidaridad y humildad, así como crueldad, competitividad y ansia de poder. En su aparente superioridad frente al resto de la creación, se cree todopoderoso sin ver su propia fragilidad hasta que ésta llega.

Desde que Donald Trump llegó al poder, especialmente en su segundo mandato presidencial, no puedo evitar comparar a este singular personaje, su visión del poder imperialista y de la grandeza de Estados Unidos, con otras figuras históricas y las consecuencias de sus acciones en el orden mundial. Por deformación profesional, sin duda, resuenan de manera espacial paralelos con la antigua Roma, sus ideales y sus líderes.

El Imperio Romano en su máxima extensión (117 d.C.)
El Imperio Romano en su máxima extensión (117 d.C.)

No es algo nuevo. Hemos leído, visto y oído varias alusiones a comparaciones entre Trump y emperadores romanos[1], pero podemos ir mucho más allá. Cuando el presidente norteamericano pronunció aquella polémica frase durante un encuentro con el presidente italiano Sergio Mattarella en la Casa Blanca (16 de octubre de 2019: “Estados Unidos e Italia están unidos por nuestro legado cultural y político que se remonta a miles de años atrás, hasta la antigua Roma”), un error de traducción e interpretación dio lugar a múltiples comentarios y discusiones sobre el significado de sus palabras y si la referencia en cuestión era o no una cuestión de ignorancia.

Lo cierto es que, desde mi punto de vista, no hay que darle muchas vueltas para comprender a lo que Trump se refería. Cuando explico a mis alumnos y alumnas la historia de Roma, hago siempre una comparación con los Estados Unidos. Hay una serie de paralelismos indiscutibles:

  • Ambas comparten su lugar preponderante en el orden mundial de su época como potencias hegemónicas con gran influencia militar, política y cultural. Roma fue la potencia militar y económica central de su época en el Mediterráneo, de forma similar a cómo EE. UU. ha sido la potencia predominante global en Occidente en los siglos XX y XXI.
  • Si nos referimos a su política exterior, Roma expandió su influencia incorporando territorios y poblaciones diversas, sirviéndose para ello de diversos métodos, como la conquista por alianza, inculturación y tributos, además de la guerra. Recordemos que la palabra “imperialismo” procede del latín imperium, que pasó de ser una concesión de poder oficial del Senado romano a los cónsules a traducirse en el poder absoluto de los césares tras Augusto y, hoy en día, se ha trasladado al dominio de otros países y la explotación de sus recursos. El Atlántico es el nuevo Mare Nostrum, las fronteras del imperio económico estadounidense buscan expandirse por América Latina y Europa hacia el Próximo Oriente con su aliado Israel, por medio de aranceles, control del acceso al petróleo, control de la industria armamentística… Como dato curioso, basta con echar un vistazo al mapa del Imperio Romano en sus tiempos de máxima extensión bajo Trajano (abarcaba desde el océano Atlántico en el oeste hasta el golfo Pérsico y el mar Caspio en el este, y desde Gran Bretaña hasta Egipto) y al mapa de influencia que busca Estados Unidos para hacer algunos paralelismos. Roma acabó con los imperios rivales como Cartago para extender su poder, Estados Unidos compite contra China.
  • Un tema de reflexión en este punto es el de los derechos individuales en Estados Unidos, el país de la libertad, como ellos se denominan desde su independencia de Gran Bretaña en 1776 y como cantan orgullosos en su himno. A medida que iban creciendo en población y conquistando otros países, Roma tuvo debates intensos sobre ciudadanía, derechos y quién pertenece plenamente a la comunidad política. El derecho de ciudadanía se consideraba en Roma un privilegio que había que ganarse o que, en determinadas épocas, se conseguía por gracia otorgada. Vemos espantados lo que está ocurriendo en Estados Unidos en relación con la migración y las deportaciones ilegales. Se produce una evidente contradicción entre los orígenes de un país creado por inmigrantes que se impusieron a los indígenas y el rechazo a la nueva población que procede a su vez de la inmigración y que representa una importante base económica para el sistema. Su crimen es no ser considerados verdaderos “americanos” (más preciso sería el término “estadounidense”, aunque se haya generalizado utilizar la denominación más excluyente). Lo cual resulta curioso, por otra parte, si nos damos cuenta de que quienes representan América a los ojos del mundo de manera universal hoy en día no son figuras como el Capitán América, símbolo del patriotismo en los años 40 y 50, sino artistas, cantantes, deportistas latinos y afroamericanos en su mayoría u opositores vehementes como Bruce Springsteen. Ello, sin duda, no debe de ser muy del agrado del polémico presidente.
  • Esto nos lleva a otro paralelismo: las persecuciones de los que se consideran enemigos de la patria. Trump no duda en destituir o destruir mediante la difamación a quienes considera enemigos de su política o de su persona argumentando ser el salvador de la patria (como Cicerón o Julio César en su momento), incluso citando frases similares[2]. Todo vale, el fin justifica los medios, como dice otra célebre frase atribuida falsamente a Nicolás Maquiavelo[3]. Varios emperadores romanos (Nerón, Domiciano, Decio, Valeriano y Diocleciano) fueron también famosos por sus persecuciones a quienes consideraban enemigos de la patria (en la mayoría de los casos, cristianos); sin embargo también en la República se produjeron persecuciones políticas (contra los hermanos Graco, contra los partidarios de Mario, en las guerras civiles, etc.) y religiosas (las Bacanales, cultos extranjeros que amenazaban corromper las costumbres y la moral romanas.).
Zona de influencia de Roma antes de la 2ª Guerra Púnica
Zona de influencia de Roma antes de la 2ª Guerra Púnica
  • En cuanto a su sistema político, de Roma procede el modelo republicano y el Senado. Los padres fundadores de EE. UU. se inspiraron explícitamente en esa república para diseñar un sistema con separación de poderes y un poder legislativo fuerte. El bipartidismo del país norteamericano entre Demócratas y Republicanos está inspirado en el que ya existía en Roma entre Populares, que buscaban el apoyo de la plebe y la reforma social a través de las asambleas populares, y Optimates, defensores de la autoridad del Senado y de las tradiciones aristocráticas. Los extremistas republicanos son, sin duda, con Trump a la cabeza, mutatis mutandis, dignos representantes de los optimates elitistas y selectivos de entonces, que eliminaron a quienes proponían reformas agrarias y solicitaban derechos para el pueblo que pudiesen acabar con sus privilegios.
  • Su estética es también relevante. EE. UU. adoptó conscientemente símbolos romanos: Capitol Hill evoca la colina Capitolina, y buena parte de la arquitectura oficial imita estilos grecorromanos, también en muchos estados norteamericanos. Trump sigue intencionadamente estos parámetros a su vez[4]. Recordemos en este aspecto también la polémica surgida en torno al saludo que Elon Musk lanzó en la asunción del poder de Donald Trump en enero de 2025, y que él defendió como un saludo romano[5]. En muchos casos se trata más de una estética tomada de referencias cinematográficas que de una base histórica (gracias al género hollywoodiense del peplum, tan del agrado de los estadounidenses).
ZOna de influencia de EEUU y China
ZOna de influencia de EEUU y China

Creo que esto basta para hacernos ver lo que hay detrás de un hombre como Donald Trump y sus seguidores, con el suficiente poder en sus manos como para representar un peligro para el mundo debido a los ideales que les mueven. Todo apunta a que el nuevo orden mundial que está naciendo está siendo dirigido por hombres con aspiraciones de poder y adoración que han tomado como modelo el de un Imperio histórico cuya imagen deformada están intentando adoptar como suya. Trump se ha erigido en creador todopoderoso, afirma que lo ético es lo que él decida, aspira a ser divinizado como uno de aquellos emperadores, se siente elegido por la divinidad como ellos, y sus fans no dejan de recordárselo. El lema oficial de Estados Unidos, “In God we trust”, puede muy bien verse sustituido por “In Trump we trust”. Mientras tanto, sus víctimas levantarán la manos para decirle Ave, Imperator, morituri te salutant[6] o simplemente, parafraseando la famosa frase atribuida erróneamente a los gladiadores romanos, Ave, Imperator, passuri te salutant “(Ave, los que van a sufrir te saludan”).

Sin embargo, algo puede estar cambiando. El presidente norteamericano no ha tenido en cuenta que Roma acabó víctima de su propia grandeza, como otros imperios. Debería conocer mejor la historia y la Biblia sobre la que juró su cargo según la costumbre (Donald Trump en concreto, al asumir su cargo como 47º presidente el 20 de enero de 2025, juró sobre su Biblia familiar y la Biblia de Abraham Lincoln) y ver el final de otros imperios que existieron antes que el que él pretende crear. Ya Babilonia fue descrita como un gigante con pies de barro en el libro de Daniel (Dn 2, 26-45), quien interpretó el sueño de Nabucodonosor de manera profética, y que se ha traducido en la idea establecida de que cuanto más grande es un imperio, más dura será la caída.

Con sus últimas campañas militares, Trump, pretendido defensor de la paz y aspirante frustrado a Premio Nobel, parece haber asumido otra célebre cita latina: Si vis pacem, para bellum (“Si quieres la paz, prepara la guerra”). Atribuida al escritor militar romano Vegecio (siglo IV), la frase sugiere que la mejor manera de evitar un conflicto es estar preparado para él, utilizando la fuerza como disuasión, y se aplica en estrategia geopolítica (aumento de presupuestos de defensa, alianzas como la OTAN). Seguramente el presidente estadounidense olvida que Jesús en el evangelio afirma que los mansos heredarán la tierra (Bienaventuranzas, Mt 5, 3). No obstante, es posible que la agresiva política “de defensa” del presidente esté empezando a pasar factura a sus propios conciudadanos, que ya ponen en cuestión sus decisiones y mandatos, incluso dentro de los que eran más fieles a él. ¿Será el comienzo del fin? Y si lo es, ¿lo será del suyo o del nuestro como humanidad en todos los sentidos?

En estos tiempos en que las humanidades, tan desprestigiadas, parecen ser reclamadas ante el auge de una tecnología deshumanizada, conviene tener en cuenta que la Historia, el uso de la Lengua, la Filosofía y la Ética, son fundamentales para un orden mundial pacífico y justo. Quizá sea necesario también cambiar algo en la sentencia Si vis pacem, para bellum, por ejemplo, la palabra bellum por humanitates, culturam, dialogum, rationem… Sin duda, la educación en humanidades puede ser fundamental para los jóvenes que crecen adorando a un dios falso en los medios de comunicación y aceptan su liderazgo sin cuestionar, haciendo un juego de palabras, un “tramp-antojo”, lo que la RAE define como una “Trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es”.


[1] Véase por ejemplo Trump y la reinvención de la ‘pax romana’ en el siglo XXI , Trump y la reinvención de la ‘pax romana’ en el siglo XXI - Yahoo Noticias , Calígula, el emperador 'más Trump' de Roma | Crónica

[2] Véase Al decir que está salvando a su país, Trump cita a Cicerón y remite a un mal precedente

[3] Su origen más probable radica en el teólogo alemán Hermann Busenbaum, en 1650, quien escribió: Cum finis est licitus, etiam media sunt licita ("Cuando el fin es lícito, también lo son los medios")

[4] Los planes arquitectónicos de Donald Trump demuestran que la antigua Roma sigue estando de moda

[5] El ‘saludo romano’ jamás existió – DUPO – Diario de la Universidad Pablo de Olavide

[6] Sólo dos autores mencionan la famosa frase, ambos en referencia concreta a una anécdota en una naumaquia sobre el emperador Claudio: Suetonio (c. 70 - c. 130), que escribió en latín, en su obra La vida de los césares; y Casio Dión (c. 160 - c. 229), que escribió en griego, en su obra Historia romana.

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