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Disentir de Humanismo sin Credos con testimonio personal.

Humanismo sin credos
28 abr 2009 - 10:40

Por JUAMBI.

Con implícita aquiescencia, me permito rescatar del cajón de los comentarios este "largo" artículo de alguien que disiente de HUMANISMO SIN CREDOS... casi aparentemente. Lo bien escrito bien merece ser resaltado. Gracias.

Pues mire usted por donde, Sr. Blogger, yo también mantengo una actitud esperanzadora en un sentido bien distinto al suyo, pero también bien distinto a la religión tradicional. El ocaso de esa religiosidad con tintes infantiles, que ya no es capaz de llenar necesidades que son cubiertas por otras ofertas, incapaz de afrontar una crítica racional seria... es desde hace bastante tiempo una realidad.

Esas necesidades socializadoras, antropológicas, de psicología social... ya son cubiertas por otras instancias (la propia escolarización, las asociaciones deportivas y culturales, las asociaciones por una educación alternativa del ocio y el tiempo libre, el voluntariado social en grupos altruistas, etc.).

Pero, Sr. Blogger, todo ese espacio humano me temo que no va a ser cubierto ni tan velozmente como usted parece imaginar, ni tan siquiera por una motivación humanista o profundamente humana, por desgracia. No hay que ser un lince para observar el gran indiferentismo que acampa entre las nuevas generaciones de personas. Cubiertas las primeras, segundas y terceras necesidades básicas, la gran mayoría permanece al margen de todo lo que sea una preocupación emancipadora, crítica y socialmente comprometida.

NO sólo para ellos "ha muerto Dios", sino que también "ha muerto" el hombre. Junto a un infantilismo que se prolonga décadas, florece un egocentrismo que oscurece la alteridad, una pereza intelectual que no es que no mueva ya montañas, sino que nO mueve ni el dedo meñique; no ya unos derechos humanos que conquistar, sino una comodidad y un hedonismo que no conoce al otro como sujeto de felicidad.

El giro antropológico y antropocéntrico de la Modernidad y la Ilustración va siendo sustituido poco a poco por un giro profundamente "perverso" (en el sentido freudiano) de tintes ególatras y egocéntricos. Los reclamos más que lícitos de la Post-Modernidad (el sujeto individual había sido más que olvidado por la Modernidad)se han visto desbordados en Occidente; el consumismo llega al extremo de convertirse en "devorador" de todo y de todos. Los tintes son más que sombríos, desde luego. ¿La solución a todo esto está en una vuelta a la religiosidad tradicional? Desde luego que no. Las conquistas han de ser mantenidas.

Uno de los principios de las leyes de educación de nuestro país es "educar en el ejercicio de la ciudadanía democrática". Pero parece entenderse por tal el recordar que han de votar cada 4 años (es el modo de entender, exagerando, que son sujetos de la polis).

NO sé si usted, por gusto,se ha entretenido en leer las biografías de muchos de nuestros políticos en alza, sobre todo de los más jóvenes. Asombra que la mayoría, habiendo recibido una educación universitaria, no han pasado por la empresa privada ni por trabajar en la Administración, sino que directamente han sido promocionados dentro de los aparatos burocráticos de los partidos políticos. De la Universidad han pasado directamente a trabajar dentro de tales o cuales áreas del partido. Por tanto, la experiencia adquirida es paupérrima de acuerdo al fin al que van a dedicarse (como profesionales "de por vida" de la política del país). De aquí a la "restauración" de una "hierocracia" van pocos pasos, si se me permite el símil.

Sr. Blogger, si esto no es una casi copia del ejercicio del poder religioso de la no tan vieja Antigüedad ya me dirá usted (con sus rituales, sus mitos idelógicos, sus planes "pastorales" para el tiempo intercongresual, el arropar al líder, etc.). La frase del sofista Protágoras, de que "el hombre es la medida de todas las cosas", va siendo sustituida por ésta otra: "yo soy la medida de todas las cosas".

Ya el teólogo K. Rahner, allá por los años 70, nos hablaba a los cristianos de un futuro que se entreveía llegar. Y la opción de muchos de nosotros es la de un futuro de pequeñas comunidades cristianas, plenamente insertos en la ciudad secular y en la sociedad civil, comprometidos con todos para un mundo mejor, sin poder ni arrogancia, sino como personas que viven una oferta de sentido, de praxis y de compromiso motivada por la fe en Jesús.

Desde luego nada que ver con los nuevos "movimientos" neo-conservadores. Sin un poder que legitimar, sin un ejercicio de la autoridad que nos vuelva infantes, sin un privilegio que mantener, libres para ser, para comprometernos con todos. Como ve, aunque sombrío el presente, para mí más que esperanzador el futuro.

Para acabar me gustaría decir algo sobre los "masones", ya que aparece mucho últimamente este vocablo por estos lares. EStudié en un instituto que tenía por nombre "Nicolás Salmerón y Alonso", catedrático de Filosofía de la UCM y presidente de la I República allá por el último cuarto del s. XIX, conocido miembro de la masonería española, quien dimitió de su cargo por negarse a firmar varias sentencias a muerte. ¡Digo yo que no sería tan malo! (Por aquello del maniqueísmo).

Lo cierto es que en mi pueblo, por aquellos entonces (años 20 y 30 del s.XX), hubo hasta tres periódicos (tenía el pueblo unos 10.000 habitantes; ahora sólo tiene unos 1600), periódicos de influencia masónica, según contaban los ancianos. Aunque por entonces, todo aquel que tuviera una visión progresista de la educación y una preocupación por los problemas de la España de la Restauración era sospechoso de masónico. Lo cierto es que destacaron dos hechos en la vida del municipio.

De un lado, la ayuda humanitaria y la solidaridad con todos aquellos vecinos que hubieron de emigrar, allá por los años 20, a las Américas, por parte de estos "supuestos" masones. La ayuda en el lugar de destino de los migrantes fue real. Por el contrario, las esposas y los hijos que quedaban en esta orilla del Océano hubieron de sufrir mucho ante el acoso de los "caciques" y los señores "pudientes" de aquellos entonces (hasta la "honra" hubieron de perder muchas de aquellas mujeres, por no decir que se trató de auténticas violaciones impunes).

De otro lado, la influencia "masónica" se dejó sentir en el campo de la educación y de la cultura. Llamaba la atención que en pueblo eminentemente agrícola, cada vez eran más los hijos/as de humildes campesinos y agricultores que accedían a la educación secundaria, a base de mucho esfuerzo.

La idea era que la mejor herencia que se podía dejar a un hijo/a era el acceso a la educación y a la cultura más que un trozo de terruño (de cuyo trabajo salía el pan para comer y el dinero para sufragar los estudios). La influencia era tan enorme que allá por los años 60 y 70 los jóvenes universitarios suponían un % significativo de la población, muy superior a la de los municipios del entorno.

Una amiga querida me contaba que, ya en los años 60, algunos de aquellos que emigraron o que eran hijos de aquellos emigrantes, sufrieron el acoso clerical en el lecho de muerte para que abjurasen de su afiliación masónica, y así consta en algunas partidas de defunción de los libros de registro eclesiásticos.

Fueron hombres que, en el gran apogeo del nacionalcatolicismo, eran humillados por su "pasado" republicano o masónico, hasta el punto de que se les obligaba a asistir de rodillas durante horas y horas en vela ante el "Santísimo Sacramento del Altar".

Mi abuelo fue un hombre "afortunado". Fue un humilde campesino, que apenas sabía leer y escribir. Su pasado como miembro de la UGT le hizo sufrir en los tiempos de la dictadura. Se salvó de la "quema" porque, aunque estuvo en el Frente de Teruel (al servicio del general Miaja), le "tocó" el servicio de personal camillero y sanitario, por lo que los tribunales de después de la Guerra Civil consideraron que no había cometido "delitos de sangre". No fue masón, pero sí que recibió esa influencia. A él y a mis padres debemos la familia el haber podido acceder a la educación universitaria como "la mejor herencia".

Pero hay otra "herencia" que también les agradezco, aunque nunca fui educado en el pietismo o la devoción. Junto a sus ideales "socialistas", nos dejó el aprecio y el gusto por Jesucristo.

Ya adulto yo, me hice cristiano por convicción y por fe.

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