EL HUMANISMO PROMETEICO DE K. MARX /10

Humanismo sin credos
02 feb 2019 - 01:48

La desvalorización del mundo humano crece en relación directa de la valorización del mundo de las cosas (K. Marx)

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El trabajo alienado (die entfremdete Arbeit) es estudiado por Marx en el primer manuscrito de Paris bajo cuatro formas o puntos de vista, que son una profundización en el mismo fenómeno. En primer lugar, el trabajador está enajenado con respecto al producto de su trabajo:

La enajenación del trabajador en su producto significa no solamente que su trabajo se convierte en un objeto, en una existencia exterior, sino que existe fuera de él, independiente, extraño, que se convierte en un poder independiente frente a él; que la vida que ha prestado al objeto se le enfrenta como una cosa extraña y hostil (Manuscritos de Economía y Filosofía)

El producto creado por el obrero, la mercancía, se convierte en una cosa extraña, un poder independiente que se enfrenta a él como objeto ajeno, del que es desposeído, pasando a ser propiedad del capitalista o propietario de los medios de producción:

El trabajador se hace más pobre cuánta más riqueza produce, cuánto más crece su producción en potencia y volumen. El trabajador se convierte en una mercancía tanto más barata cuántas más mercancías crea. La desvalorización (Entwertung) del mundo humano crece en relación directa de la valorización (Verwertung) del mundo de las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías, se produce también a sí mismo y al obrero como mercancía, y justamente en la proporción en que produce mercancías en general. Este hecho, por lo demás, no expresa sino esto: el objeto que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ser extraño (ein fremdes Wesen), como un poder independiente (unabhängige Macht) enfrentado al productor (Ibidem).

Los textos marxianos reflejan claramente el dominio de los objetos sobre el sujeto productor, el valor dominante de las cosas sobre el mundo de las relaciones humanas, lo que muestra el evidente humanismo axiológico del joven Marx. Este fenómeno recibirá posteriormente el nombre de reificación (Verdinglichung) o cosificación (Versachlichung) en las obras económicas del Marx maduro.

Marx, siguiendo el esquema lógico de Feuerbach, establece una comparación con la alienación religiosa: “Lo mismo sucede en la religión. Cuanto más pone el hombre en Dios, tanto menos guarda en sí mismo”.

El primer momento de la alienación económica es la exteriorización y objetivación en el producto. En un segundo momento, el objeto producido se hace extraño al productor y lo domina, pues el producto se ha convertido en capital, que es la potencia enemiga y dominante que explota al obrero.

En segundo lugar, el trabajador está alienado en su propia actividad productiva. El trabajo que debería ser idealmente la autorrealización del ser humano, en cuanto manifestación de su esencia en sentido normativo, en la sociedad burguesa se convierte en trabajo forzado, en puro medio de subsistencia, que niega al ser humano en vez de afirmarlo:

¿En qué consiste, entonces, la enajenación (Entäusserung) del trabajo? Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, no pertenece a su ser (Wesen); en que en su trabajo el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí (bei sich) fuera de trabajo y en el trabajo fuera de sí (ausser sich). Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado (Zwangsarbeit)… Su carácter extraño (Fremdheit) se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo, se huye del trabajo como de una peste (Ibidem).

En tercer lugar, el trabajador está enajenado con respecto a su ser genérico (Gattungswesen). Este concepto denota el modo específico de producir que tiene el ser humano a diferencia del resto de los animales. Estos producen limitados por la necesidad de supervivencia, en cambio la producción humana, de forma ideal, se caracteriza por ser universal, libre y consciente:

“La vida productiva es, sin embargo, la vida genérica (Gattungsleben). Es la vida que crea vida. En la forma de la actividad vital reside el carácter dado de una especie, su carácter genérico y la actividad libre, consciente, es el carácter del género humano. La vida misma aparece como medio de vida.”

El trabajo enajenado, sin embargo, realiza una inversión total, pues la actividad vital y esencial humana se convierte en un simple medio para su penosa existencia física.

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