Opiniones sobre la juventud "degradada".
Conservo un artículo de octubre de 2009 de un tal D. Jesús Domingo, de Gerona, que se permitía emitir opiniones "preocupantes" a partir de un “análisis de los datos sobre los universitarios”. Dichos datos no han perdido actualidad. Más todavía, quizá se hayan agudizado.
Podríamos comenzar diciendo que si se refería a “datos”, éstos no debieran preocupar: son lo que son. Buenos o malos, dependen del punto de vista. Son hechos, es decir, realidad. Los datos “son”, acéptense. Y quizá revísense criterios asaz obsoletos.
Me dejó perplejo que hablara de “visión ficticia y hedonista de la vida” de los universitarios y la constatación de la “escasa aceptación de valores políticos, sociales y religiosos”.
Respecto a la primera afirmación me bullen los argumentos, pero baste con la siempre repetida sentencia de “quod gratis afirmatur, gratis negatur”. Y con relación a la segunda, tal "escasa aceptación" para muchos como yo es un valor, podríamos decir "EL-VALOR-QUE-RECHAZA-LOS-VALORES-QUE-PROMUEVEN CIERTOS líderes socio-político-religiosos (¿cómo denominaríamos a este “valor”: asco, repugnancia, aversión, rebote, decepción, clarividencia, sentido crítico?). Por ejemplo, el rechazo de todo lo que representa la caterva de ¿líderes? que hoy nos gobierna.
Cuando habla de “preocupación única por la seguridad” como obsesión de nuestros universitarios, desde luego se olvida de las miles de ONG nutridas de profesionales no “religionados” que –ésa es otra—gente como Ud. quisieran ver bajo los lábaros de Manos Unidas, Caritas o Hermanitas de los pobres. Digo lo de “ésa es otra” porque tales organizaciones les sirven para, como todo el mundo hace, subsistir –el 8% de Manos Unidas va para “gastos de gestión y captación” – y, esto ya es peor, justificarse existencialmente. Una religión jamás debiera dedicarse a fines asistenciales, que para eso está el Estado con sus impuestos.
Quien mira con gafas ahumadas, todo lo ve de color sepia. ¡Habla de “sociedad sin valores”! ¿No encuentra valores? Yo sí, incluso en el reducidísimo círculo de mi propia casa, donde “todavía” rondan hijos timpo ha “universitados” y ya currantes y en amigos suyos que conozco. Le cito algunos:
• COMPAÑERISMO,
• AMISTAD,
• SENSIBILIDAD ARTÍSTICA,
• AFÁN DE SUPERACIÓN,
• BÚSQUEDA DEL BIENESTAR FAMILIAR Y SOCIAL,
• APEGO A LA FAMILIA,
• PREOCUPACIÓN Y GOCE DE LA NATURALEZA,
• ALEGRÍA DE VIVIR,
• COMPETITIVIDAD SANA,
• RECONOCIMIENTO Y ALEGRÍA POR EL ÉXITO DE LOS AMIGOS,
• CAPACIDAD CRÍTICA,
• SENTIDO DE LA JUSTICIA,
• PROFESIONALIDAD,
• QUERER HACER BIEN LAS COSAS,
• RECHAZO DE LA EXCLUSIÓN SOCIAL,
• AFÁN POR CAMBIAR ESTRUCTURAS SOCIALES ESCLERÓTICAS,
• RECHAZO EXPRESO Y MANIFIESTO DE LA GUERRA,
• COMPASIÓN POR EL QUE SUFRE, INTEGRACIÓN...
¿Quiere más valores?
Quizá le choque, eso sí, que no vea ninguno como
• PIEDAD,
• FERVOR,
• DEVOCIÓN,
• ASCETISMO,
• HUMILDAD CRISTIANA,
• RELIGIOSIDAD...
Investigue por qué.
¡Claro que existe moralidad en la juventud y en la sociedad actual! ¡Claro que existen valores! Lo que no existe es el trágala moral trufado de credulidad que quieren imponer a la sociedad, porque “ellos” se apropiaron de la moral natural para sublimarla y lo que han hecho es explotarla en su beneficio. Ello gracias al proceso de diagnosis personal, humana y racional y a la extensión de la cultura a capas sociales antes privadas de ello.
Acepten ustedes, pues, “esos” DATOS y “esos” VALORES o retírense a sus Sínodos Diocesanos, asambleas de parroquia, conciliábulos beatos, conventículos esotéricos, hermandades procesionales e incluso conjuraciones de aldea.
Y esto último lo digo con intención: preocupante es el relativismo moral de “su” Iglesia, que, dependiendo de la sociedad en que se inserte, hace depender la vida (de los demás, claro) de opiniones nacionalistas: ¿por qué en Madrid paren a deshora Documentos contra el terrorismo y en el País Vaso curas hay, y obispos ha habido, que se han negado abiertamente a condenarlo? ¡Esto sí que es negación de valores! O miedo humano.
Los jóvenes tienen claro que SU VALOR SUPREMO ES LA VIDA, que está por encima de todo. Sí, de todo, de Dios, de religión, de patria, de nación, de credos, de partidos... Pues ahí tiene navegantes sin rumbo, en este caso los pilotos de la barca de Pedro, que están dispuestos a dar la vida (de los demás, claro) por defender su fe.
Por no alargarnos, olvidemos cuán a menudo su Iglesia ha cambiado a lo largo de la historia ¡¡incluso en aspectos dogmáticos!! No hablemos de criterios morales, que produce sonrojo.