Prototipos cristianos.
Después de una larga práctica y convivencia con todo tipo de crédulos católicos, vemos que la tipología de la credulidad es tan variopinta que resulta difícil siquiera una aproximación sociológica a la misma.
Añádase la dificultad de que el crédulo es disfuncional: cuando entra en el templo, cuando se ve en dificultades o cuando hay que parecerlo, no es ya la persona normal que todos ven en él. Se recubre con el pellejo de santidad predicada que ha ido creciendo con él desde la niñez y se torna otro.
Encontramos creyentes de todo tipo, con aspectos diferenciales sutiles. Veamos algunos:
1. Creyentes de oficio: por trabajo, por obligación, por compulsión social, por conveniencia laboral, por interés crematístico;
2.Piadosos etéreos: están convencidos de que Dios, al que someten su voluntad y sus actos, preside el vivir diario del hombre y exige actos de adoración; por medio del rito descubren a Dios y se comunican con él. Están convencidos de lo que creen...pero les cueste trasladar su vivencia a la vida diaria.
3.Piadosos convencidos: viven profundamente su religiosidad según el carácter individual de cada uno y externa e internamente hacen gala de sus creencias. Se dan varios subtipos, dependiendo de si la santificación viene de los actos de cada día o si depende también de los actos piadosos “extras” (oraciones, lecturas, novenas, rosario, etc).
4.Piados sensibleros: buscan hacer patente su piedad en miradas, movimientos de labios, besos a vírgenes y cristos; lloran con el vía crucis, vibran con el canto re-la-mi-do...
5.Místicos, para quienes todo en la religión, e incluso en la vida, es símbolo; Dios omnipresente, en las nubes, en las florecillas, en las espina, en el atardecer rojigualda; vida “hacia dentro”, con poca atención a los problemas vitales, máxime cuando tienen la vida solucionada; no suelen usar mucho el rezo formulario, pero cuando lo usan, cada palabra es un manjar para su mente escudriñadora.
6.Piadosos ritualistas: no profundizan en lo que hacen, pero basan su espiritualidad en el grado de perfección y asiduidad con que asisten al culto.
7.Piadosos pordioseros: dentro de los tipos anteriores los hay quienes sienten necesidad de “pagar” el servicio que reciben y acuden, a ser posible a la vista de la gente, a depositar su óbolo en los “cepillos”. Recuérdese que pordiosero viene de "una limosna por Dios"
8.Piadosos amargados, con una inmensa variedad: clérigos sin función, religiosos sin alma, neuróticos buscando solución, arrastreros de su tristeza vital; los que buscan refugio a sus males huyendo al templo, los que encuentran que el ambiente del templo va bien con su depresión...
9.Liturgistas: el rito les emociona. Los hay “externistas”, fervorosos de que el rito salga a la perfección, e “internistas”, que consideran cada acto litúrgico como trascendente, con un sentido de finalidad específico.
10. Piadosos por inercia. Por vejez mental no les queda otra cosa en la vida, ni en la memoria, ni en el hacer, ni en el decir... que el rosario, la vela y el responso a tiempo.
11.Dogmáticos: interesados por la doctrina, fruitivos, que leen y escudriñan la fe con el escalpedo del entendimiento. Son los intelectuales de la religión, pero sin caer en sensiblerías. Frente a ellos o conviviendo con ellos se encuentran también los anquilosados o escleróticos, incapaces de asimilar doctrinas novedosas.
12.Comprometidos: para quienes la religión no tiene sentido si no conlleva una función social de “redención” de la pobreza, la miseria y la ignorancia. Son de varias clases: los de homilía, los de consuelo y los de acción. Su deriva vital suele ser la huida hacia delante.
13.Fanáticos: especie en periodo de extinción. Es raro encontrar a alguien que lleve a la praxis diaria su “celo devorador”, pero todavía entre el clero retrógrado y entre los círculos de oración reflexiva-de-jueves-por-la-tarde se puede hallar alguno. También encontramos el subtipo funcional, el que parece pero queda denunciado por ojos, boca, manos, gestos y forma de hablar.
14.Fanáticos políticos: dependiendo del grado de implicación, ponen la religión al servicio de la política o bien impregnan su actuación política y social de religiosidad. Cuando acceden a un cargo importante suelen chocar con capas amplias de la sociedad.
15.Retrógrados: pretenden aplicar el dogmatismo secular, el único que tienen, el emanado del Astete o el Ripalda, a las normas de vida; son como los "mastodontes" [20] pero sin la misma convicción ni verborrea.
16.Papistas: de varios tipos. Unos, porque la autoridad, la que sea, es indiscutible; otros, los que veneran al pontífice, al cardenal, al obispo, incluso al sacerdote... como una deidad más; otros, los que buscan estar cerca de la autoridad y pretenden aprovecharse de ella; otros, los que necesitan de su aquiescencia, de su sonrisa y de su sobeo para sobrevivir; finalmente aquellos que la autoridad puede auparles a grados mayores de poder...
17.Acomodaticios, en su triple vertiente: social, ritual o doctrinal. Amoldan la religión a la vida, a su vida; si les sirve –y genealmente les sirve— siguen sus dictados, si no, interpretan las normas. Religión como instrumento, el que sea, psicológico, científico, moral, social...
18.Liberales: abiertos a todo pero, por lo mismo, no llegan ni siquiera al nivel de pensar que pueden estar equivocados. Hacen compatibles todas las doctrinas siempre que encuentren buena voluntad en ellas.
19.Fundamentalistas: la religión debe presidir las normas de la vida. No existen en los países “libres” y democráticos, pero en ambientes de persecución o inferioridad su fe les da alas para ser diferentes, cuando no para arrasar con todo.
20.Aunque no forman grupo, sin embargo hay individuos aislados que se muestran como mastodontes artrósicos de la fe: todo tiene que seguir como antes, los ritos se han de acomodar a sus prácticas infantiles, Trento a rajatabla; orondos, hinchados, satisfechos de lo que creen, sin admitir criterio alguno que difiera de lo que han creído toda la vida; no hay posibilidad de cambio porque la Iglesia es eterna, incluso hasta en el detalle, su detalle.