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Feliz Pascua. ¡Cristo ha resucitado!

Realmente son cosas que dan asco... y claman justicia.

Hemos asistido en días pasados a hechos luctuosos, lamentables y denigrantes: el asesinato de creyentes cristianos a manos de fanáticos musulmanes. Lo hemos dicho ya varias veces en este blog: el Islam podrá ser una religión espiritualista, pero no lo son los islamistas fanatizados. Asimismo nos hemos hecho eco de opiniones que afirman que el Islam está para ingresarlo en el hospital, al menos un hospital democrático(La enfermedad del Islam. Meddeb, Abdelwahab. Ed. Galaxia) y por creerlo así, así lo decimos.

También hemos dicho que tan culpables son los fanáticos descerebrados que no tienen más argumento que la faca, como aquellos imanes que en las mezquitas vierten el veneno que priva de cerebro a los "muslimes".

Y si no lo hemos dicho, lo gritamos: da igual que el asesinado sea creyente o no, da igual que sea católico, mormón o testigo de Jehová... la Justicia debe aplicarse con todo su rigor contra los asesinos. Sin ella ningún estado puede considerarse miembro de la sociedad humana.

Dicho lo cual, pasamos a otra consideración que, no diré que da asco también, pero sí es preocupante: la utilización que hace la Iglesia, la más alta Jerarquía, de tales muertes. No sé si ha exigido justicia, que no venganza, pero sí ha desviado la atención sobre la necesidad de perseguir a los autores, para centrarla en los martirizados. Los considera "sus" mártires, los inscribe en el elenco glorioso de elegidos de Dios, los instrumentaliza de tal manera que parece como si fuesen "carne útil" para la propagación de la fe. Y en ese sentido, hasta parece dar las gracias por la sangre vertida. Como si se la oyera decir: "¡A fin de cuentas, ya están muertos! Aprovechemos sus restos".

No podía ser de otro modo, dado el sesgo doctrinal con el que ha considerado el martirio de sus santos en siglos pasados.

Las personas que han muerto no han muerto por su fe. Se reunían en tal sitio, rezaban... pero en caso de haber sabido de antemano que tal cosa iba a suceder, seguro que lo habrían evitado. No, ni los mártires del presente ni tampoco los del pasado eran personas distintas a nosotros: temían la muerte, no iban alegres a ella, no ponían su vida como precio de su fe... Fueron sorprendidos, fueron capturados, murieron y eso fue todo. Con toda seguridad no habrían rubricado las tonterías que luego dijeron de ellos ni se habrían reconocido en las biografías posteriores.

La diferencia estriba en que en determinados países los asesinos son bien vistos y son incluso justificados; en cambio en otros son perseguidos, juzgados y castigados y, en consecuencia, temen a la ley.

Hora va siendo de que la Iglesia deje de glorificar martirios y ponga el acento en la justicia, que es la base y el fundamento de la convivencia. Parece como si La Iglesia llevase metido el espíritu violento en el tuétano de su ser, por la glorificación que de él hace. Pero no, los fieles creyentes no son soldados de la fe, porque si lo son a la fuerza se hallarán expuestos a muertes gloriosas. La vida normal no transcurre por esos andurriales y ningún creyente quiere, ni debe, verse expuesto a tal dilema vital. Los mártires sólo son útiles después de muertos y no ha de solazarse la Iglesia con tales hechos desprovistos de cualquier gloria. Donde la Iglesia dice "martirizado por su fe", la sociedad ha de ver "persona asesinada por un fanático" para que se aplique la justicia.

La civilización occidental, después del sarpullido o el sarampión adolescente de tantas guerras y tantos enfrentamientos, parece haber llegado a "cierta" madurez, ésa que está convencida de que las guerras, la violencia y la muerte no aportan nada ni consiguen nada. Haga lo mismo la Iglesia, instálese en el convencimiento de que la paz no es fruto de la espada... ni de las invectivas, ni de la sangre, ni de la glorificación "imitanda" de los mártires.

Los mártires son y fueron pobres individuos arrastrados por la vorágine de la violencia, violencia que es tanto más perversa cuanto es jaleada por el poder gobernante. Y no ha de olvidar la Iglesia que ella también fue poder gobernante durante muchos siglos.

Porque, y esto es lo triste de tal grado de in-civilización, cuando los mártires pasan a gobernar, se tornan depredadores despiadados, aplican la misma medicina y ponen en circulación la venganza legal.

¿O no ha sido así la historia de la Iglesia? Lo ha sido, pero ésa es "otra" historia que la ignorancia, la nesciencia o la indolencia impiden siquiera ver, porque bien se ha cuidado la Iglesia de ocultar las hazañas martiriales en cuerpo ajeno --¡eran paganos!, dice-- que ella provocó desde el siglo IV al VIII... al menos. Sólo en nuestros días hemos podido saber algo de la "historia criminal del cristianismo", que ya va por el tomo décimo.

¡Ella sí ha sido un verdadero "martirio" durante más de dieciocho siglos! Así que deje que sea la Justicia la que intervenga. Y si no la hay, clame por ella. Estaremos todos, creyentes o personas normales, más tranquilos.

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