El derrumbe de la religión por podredumbre.

El pesimismo invade los cuévanos de la credulidad. Un sopor conformista se expande como mancha de aceite por los ámbitos de la práctica dominical. Son ellos mismos quienes perciben que este mundo toca a su fin: la vejez de la religión cristiana es un hecho más que nada biológico.

Sacando conclusiones de lo que son meras anécdotas respecto al devenir interno, algunos fieles cumplidores pueden pensar que la Iglesia, en un estado tan “cristiano” como España, se derrumba.

No hacemos alusión al "enfrentamiento" con la sociedad civil. Hablamos desde dentro, escuchamos los lamentos de aquellos que observan el deterioro del estamento, como si el único mundo real existente fuera el conformado por los rectores de la credulidad y la tropilla que les sigue.

"¿A dónde vamos a llegar?", dicen. "Esto no puede seguir así", se quejan. Quizá se lamenten

por la proletarización del “cura” que se hizo obrero dando a entender que el “modo de vida” consagrado no le va y que hay otras formas de serlo

o porque el antes cura falangista se trocó en socialista

¿o es porque del seno curato hayan surgido revolucionarios pro-nacionalistas?

¿quizá por la invasión de teólogos extraoficiales cuyo único empeño parece ser el desmantelamiento del sustrato teológico de siglos?

¿o porque algunos más parezcan líderes de barrio o animadores culturales que dispensadores de lo divino?

Todo esto es anecdótico y superficial. Endogamia antropofágica.

Peor crisis es la “nadificación”; la evaporación de lo sacro dentro de la sociedad secular; el que no haya ojos que les miren, siquiera como enemigos; o la ignorancia más supina de las "imprescindibles" verdades de fe; o el desdén tanto de su doctrina como de su función (ritual, soteriológica, salvífica, psicológica, festiva).

Y, curiosa e irónicamente, una buena manera de que la Iglesia coadyuve a ello y de que esta selva de salvación desparezca es que su jerarquía se haga retrógrada, reaccionaria, apegada a su pasado, a la “doctrina de siempre”.

Por ese camino llegará a sus principios como un huracán que se reabsorbe, pero perderá el futuro.
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