La desgracia conceptual de la gracia.

Humanismo sin credos
09 mar 2010 - 11:16

"La gracia de Dios"

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La gracia, por su etimología, es algo gratuito. Pero, puestos a profundizar en el meollo de "la gracia", vemos que es "algo" que... ¿qué?

Preciso es acudir a fuentes teologales, al Catecismo de la Iglesia Católica. Dice que “la gracia” es la ayuda “gratuita” de Dios al hombre para llegar a ser hijo de Dios; dicen que es una participación en la vida de Dios; dicen que es un don que infunde el Espíritu Santo para sanar al alma del pecado y santificarla; dicen que la gracia, siendo de orden sobrenatural, escapa a nuestra experiencia y sólo puede ser conocida por la fe.

Incluso –dicen--, esa misma predisposición del hombre para aceptar la gracia es ya obra de la gracia (esto último no se tiene en pie se mire por donde se mire).

He aquí otro de esos conceptos que, por repugnar a la inteligencia, ésta desiste de considerarlos. La razón dimite.

Sí, hay excesiva literatura teológica sobre... ¿qué? La palabra, el concepto, están claros, pueden entenderse: ayuda de Dios. Pero del concepto a la realidad hay un foso insalvable.

Aún así, como concepto, no sería más que la posible ayuda médica, psicológica o psiquiátrica que recibe el enfermo y de la que extrae el “ánimo” para continuar.

No deja de ser otra intuición más que no tiene correspondencia “real”, que se acepta por retorcimiento de la razón. O por deducción necesaria de conceptos previos admitidos pero nunca confirmados.

El grito de la razón ha de ser tan intenso como extensa es la baba literaria esparcida para alabar las “maravillas de la gracia”.

Hay que gritar que la energía para hacer el bien nace del mismo hombre: por convencimiento, por hábito, por entrenamiento de la voluntad, por educación, por convicción, incluso por predisposición...

Hay que gritar la no dimisión del propio entendimiento; hay que destripar este monstruo que quieren hacer que los creyentes traguen vivo; hay que rechazar la cicuta contra la racionalidad; rechazar el “porque sí” del “dicen”...

La "gracia" es una "realidad necesaria", sí. Pero tiene la desgracia de que es algo inventado. Un invento para dar consistencia a la ayuda divina, lo mismo que se llama terapia al verbo que sana, catarsis al vaciamiento de conflictos...

Claro, quien se ponga a pensar deduce aberraciones como las que hasta aquí han aparecido. Por eso la gracia sólo “la conoce” la fe. ¡Y como la fe lo admite todo!

Pero la fe, han dicho, es un sometimiento de la razón al imperio de la voluntad. La fe es una “dolencia”, una “afección”, una enfermedad inducida que sufre la inteligencia.

Y entre estas dolencias de la razón la gracia es el comodín de su baraja: si se tiene, si Dios la ha otorgado, la razón se somete. Para la persona que piensa, “estar en gracia” no deja de ser una falacia.

Más está en gracia la persona que tiene su autoestima equilibrada, la que se siente feliz con su labor, la que tiene una relación social equilibrada... que la situación anímica de los "graciosos".

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