Sobre el espíritu del mundo occidental.

Aunque digamos que Europa parece que carece de espíritu, que no se mueve mecida por una ideología clara, esto no es del todo cierto. Da la sensación de que esta nuestra sociedad nada todavía entre dos aguas, sin poder decir a ciencia cierta cuáles son esas dos aguas, si la religiosidad que pervive o la laicidad que se impone.

En términos generales, y frente a una dicotomía enfrentada artificialmente, no es menos cierto que la postura intelectual librepensadora, independiente de religiones y anti-religiones ha tenido grandísima importancia en esta nueva conformación social para implantar en las estructuras mentales del pueblo nuevas formas de pensamiento.

Es quizá esta libertad de pensamiento, no sujeto a imposiciones ni sometido a dictados salvadores, la nota que más puede definir a la situación en que occidente se encuentra. Que ¿en qué se nota? ¿y por qué?

  1. El pensamiento libre ha puesto en su sitio las fábulas cristianas y ha ayudado a decantar lo que es mito, lo que es leyenda y lo que es pura patraña confrotado todo ello con la más elemental “realidad” y poniendo un poco de racionalidad en el relato ofrecido. Incluso desde dentro de la misma creencia los estudios bíblicos han separado mucha paja del grano de la verdad.
  2. El pensamiento libre ha ayudado a clarificar lo que es sentimiento de lo que es vivencia religiosa; lo que es bueno de lo que es santo; lo que es puro estado de ánimo de lo que pueda ser “conciencia de pecado”; lo que son pulsiones instintivas de lo que son “pecados capitales”... y así un sinnúmero de aspectos sacros que tienen muchos que ver con el estado psicológico del individuo.
  3. Por otra parte, en lo relacionado con una necesaria reflexión psicológica, los estudios de la conducta y del comportamiento, la vulgarización de las actividades de la mente y de los procesos conductuales, la difusión en periódicos y revistas de cómo superar conflictos psicológicos, han puesto también en su sitio lo que antes era pecado, ha privado del sentimiento de culpa a muchas conciencias, ha "desculpabilizado" la vida corriente.
  4. El pensamiento libre ha hecho ver como algo normal la separación entre lo laico y lo sagrado. Antes esto era impensable. Hoy la justicia es plenamente autónoma de cualquier juramento "por Dios" y define sus actos ateniéndose a la legislación civil. Si nos referimos a la educación, se ha separado lo que es ciencia de lo que es creencia y las enseñanzas religiosas no tienen validez académica. No digamos ya nada sobre la ironía del Gott mit uns en la hebilla de los cinturones de las Fuerzas Armadas o el "in God we trust" todavía presente en ciertas monedas nacionales: suena a verdadero sarcasmo en nuestros días. Un ámbito donde sobrevuela como si de calígine religiosa seductora se tratara y que todavía no se ha despegado de la necesidad crédula de salvación, es el de la salud. Por qué será que hoy, en todas las causas de beatificación o canonización, todos los milagros que se presentan se circunscriben a la salud. Y en un grado inferior, también gran parte de la salud espiritual tiene que ver con los conflictos psicológicos, que son los que más acuden al perdón sacramental.
  5. En el aspecto político, ninguna democracia actual tiene el más mínimo resabio de teocracia... quizá con la excepción extraña del país más poderoso del mundo, EE.UU. donde todavía la religión es factor relevante. La sociedad no admitiría ser regida por alguien que se guiara por presupuestos de fe. Recuérdese la deriva impopular, más fuera que dentro, de aquel presidente de EE.UU., G. Bush, un evangélico ex alcohólico tan fundamentalista y talibán como los mismos islamistas.
  6. Y finalmente quizá el logro mayor haya sido la separación clara de ámbitos entre la Iglesia y el Estado. Hoy nos parece algo normal y lógico y lo contrario impensable, pero durante siglos no ha sido así. Un resto del pasado lo vimos en los inicios de nuestra democracia, la presencia de un Obispo o Cardenal en la Cámara Alta de Representación popular, en el Senado.

Ya no hay lucha, la religión no tiene enemigos viscerales en nuestra sociedad y si de algún modo alguien llega a pensar que se da tal lucha, lo sería por omisión, por el hecho de que la religión ya no cuenta en la vida diaria de las personas.

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