El extravío de la virginidad mariana

No cambiará, porque el edificio doctrinal se prolonga en el tiempo y es inmenso en extensión. Mucho tendrían que mutar las cosas dentro de la Iglesia para que se pudiera desdecir del cúmulo de teoría como los siglos han amontonado en relación a la virginidad de María y, por extensión, a la virginidad como “estado de perfección”.

Si pensamos en los creyentes de base, ¿será capaz alguno de preguntarse por el origen de la veneración exorbitada por “la Virgen María”? ¿Se puede salir de ese círculo cerrado donde todo lo relacionado con la Virgen María es inamovible, donde creencia, práctica y millones de invocaciones son lo más “natural” del mundo, después de su proclamación como “madre de Dios”?

A la vista de los escritos primeros del cristianismo y en sus primeros años de expansión, pongamos siglos I y II, la figura de María apenas si es tomada en consideración, menos todavía en el culto cristiano, aunque ahí estaban las referencias a ella en los escritos fundacionales: Marcos, Mateo, Lucas, Juan, Hechos de los Apóstoles (una vez) y ausencia absoluta en las cartas apostólicas. 

 Fue pocos siglos más tarde cuando María cobró importancia a la par que se desarrollaba la cristología, la teología sobre la naturaleza de Jesucristo. El concilio de Éfeso, año 431, recogió el sentir de los cristianos de ese tiempo para alzar como dogma que María era la zeotokos, madre de Dios, bien que hubo muchas cosas turbias para que ese dogma predominara frente a otras sensibilidades. Fueron los “padres de la Iglesia” los que incidieron de modo determinante en la mariología: San Ireneo (125-202), San Juan Crisóstomo (349-407, homilías sobre San Mateo), San Atanasio, San Agustín (354-430, sermón 186), San Ambrosio (340-397), San Gregorio Magno (540-604), San Ildefonso de Toledo (607-667), etc.

Cuando hoy se invoca a la “virgen” María, nadie del pueblo fiel se para a pensar en la implicaciones inherentes al concepto “virgen”. Y por supuesto nadie asocia virginidad con sexualidad o ausencia de relaciones sexuales. Hoy día el mismo concepto “virgen” tiene muchísimas connotaciones o sinónimos que no suponen sexualidad, pensando en algo “virgen” como intachable, impoluto, angelical, intacto, “selva virgen”, “terreno virgen”, etc.

Es más, aunque al vulgo le pusieran delante la contradicción existente entre ser madre y a la vez ser virgen, le importaría muy poco. Han sido los teólogos y los maestros de la doctrina cristiana los que han llevado al absurdo la explicación de la virginidad de María con aquella frase de “antes del parto, en el parto y después del parto”. El concepto general que tienen los creyentes aúna inmaculada con virginidad, María sin pecado, María pura y similares. Con eso les basta.

Pero profundizando más en el asunto, ¿por qué la Iglesia se ha obstinado en eso de que María no conoció varón, es decir, no tuvo relaciones sexuales, un reduccionismo que banaliza el concepto popular de “Virgen María”? Deducimos dos motivos, el uno, relacionado con el ámbito en que nació el cristianismo; el otro, la doctrina de Pablo de Tarso que hace relación al estado célibe.

Ya nos hemos referido en artículos pasados a la profusión de diosas en el panteón greco romano o egipcio, muchas de ellas vírgenes. Frente a todas ellas, el cristianismo sólo exhibía una, que a la vez que virgen era madre. El resto de advocaciones se fueron añadiendo posteriormente hasta llegar a la superabundancia y desmadre actuales.

Creemos, sin embargo, que fue sobre todo Pablo de Tarso el que, de manera indirecta, más influyó en resaltar la “virginidad” de María cuando recomendó, que no impuso, la doctrina del celibato en alguna de sus cartas. Aparece el celibato en su carta a los Corintios :

  • Acerca de la virginidad no tengo precepto del Señor. Doy, no obstante un consejo, como quien, por la misericordia de Dios, es digno de crédito. Por tanto, pienso que es cosa buena, a causa de la necesidad presente, quedarse el hombre así. .. ¿No estás unido a mujer? No la busques… …El no casado se preocupará de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor… La mujer no casada, lo mismo que la doncella, se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu…Os digo esto para para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino para moveros a lo más digno y al trato asiduo con el Señor” (I Corintios, 7, 25-36)

En Mateo 19, 12 se dice: “Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos hechos por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender que entienda”.

Estos textos, cuya motivación se cifraba en la perentoriedad de la venida del Reino, no fueron tomados al pie de la letra por los cristianos primeros, que eran judíos con mentalidad totalmente contraria, fieles a la orden directa de Dios de “creced y multiplicaos”. Fue en siglos posteriores cuando el consejo de Pablo caló hondo y llevó a muchos a retirarse a eremitorios o cenobios. Si tan aconsejable era el celibato para estar unidos al Señor, ¿cómo no aplicarlo a María, la más cercana a Jesucristo por ser su madre? De ahí y en progresión conceptual,  el título de “Virgen María”.

Lógicamente, la etiqueta de “virgen” proviene de los Evangelios de Mateo (1, 18) y Lucas (1, 26-35) cuando dicen que Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo sin concurso de varón. Y, lógicamente, el concepto de virginidad para estos evangelistas, muy distinto al nuestro, queda reducido al momento puntual de la concepción y del nacimiento, porque es de suponer que se darían cuenta de la tremenda contradicción con lo que escriben después:

  • “Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan. Él les responde: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?”… …“¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?”.  

Resulta jocosa la interpretación de algunas biblias cuando en sus notas comentan que donde dicen hermanos y hermanas se debe entender primos. Sí, como la domésticas de algunos curas, que todas eran sobrinas.

Consideración aparte es la deriva monástica en la Iglesia Católica, algo que quedó suprimido en la Reforma protestante, la proliferación de monasterios masculinos y femeninos, siguiendo el “consejo” de Pablo de Tarso. Una adulteración más dentro del entramado católico, derivando en la “sagrada soberbia" de quienes se creen más santos por apartarse del normal desarrollo de la vida de la gente… normal.

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