Las herramientas y los mitos y el secuestro del hombre.
Todo lo que ha construido el hombre se puede englobar en el apartado “herramientas”, ya absolutamente necesarias para poder desenvolverse en su hábitat y que, en conjunto, forman lo que se denomina “cultura”.
Sin embargo “parece” que el hombre también necesita, con el conocimiento necesario para fabricarlas, las teorías y los mitos precedentes o subsecuentes a ellas, dado que la adquisición de una herramienta no le satisface plenamente y busca todavía más. ¿Parece? Teorías y mitos vendrían a ser la imaginación que sigue a cualquier descubrimiento, el qué hay más allá.
Hasta ahora ha sido así, pero también podría ser cierto que con el conocimiento de lo real y el conocimiento de lo posible le bastaría al hombre para ser feliz, con lo que teorías y, sobre todo, mitos, quedarían arrinconados en una época pasada y periclitada.
Las herramientas no hacen al hombre. Alguna teoría histórica dice que las herramientas hicieron al hombre.Puede ser cierto. Pero el hombre se contentó con las herramientas que tenía y se dedicó a recorrer el camino de la imbecilidad. Y de la especulación cayó en la depravación: guerras, miserias, postración, utilización de los demás...
Esperemos que retorne a la búsqueda de nuevas herramientas: nacerá una nueva época, una nueva era industrial, una nueva ciencia y una nueva tecnología. Muchos creemos que ha empezado ya, a pesar de los energúmenos de lo antiguo, fundamentalistas de la fe o de la filosofía.
La guerra ha sido siempre igual: el puñetazo del niño airado contra el que le ha quitado los cromos, aunque ese niño haya cumplido 80 años. Lo otro, lo que sucede entre bastidores, en el mundo, en las calles, es nuevo: el NO radical a la solución del puñetazo. Es alentador y significativo asistir a la marejada mundial en contra de métodos periclitados que recurren a la guerra como medio de salvación. No hay referencia histórica de lo que está sucediendo: las masas se niegan a ser utilizadas y dicen “no a la guerra”.
El mundo al revés: los dirigentes de vuelven imbéciles y son las masas las que les encierran en el nosocomio de su propia imbecilidad. El mundo de las creencias está dividido: la Iglesia católica, más perspicaz y atenta siempre al “signo de los tiempos”, se alía con quienes gritan “no”. El mundo islámico, el agredido, torna a sus dioses en demanda de ayuda y hace restallar el látigo de la guerra santa.