Cuando el hombre piensa, Dios se evapora.

Pensar es aplicar el pensamiento lógico a hechos, situaciones, compromisos, charlas, peligros, contratos, compras, tertulias, etc. etc. Es el sentido común con el que nos movemos por la vida, eso sí, sentido común alimentado por un mínimo de instrucción y un mucho de educación.

Si aplicamos nuestra lógica, el sentido común, a las Sagradas Escrituras y lo que éstas manifiestan de Dios, resulta que el principio de no contradicción es contradictorio: Dios es bueno, pero hay que tener “temor de Dios”; Dios es sabio, pero no nos da a conocer ni nuestro presente ni el futuro; Dios lo sabe todo, pero tenemos que contarle nuestras penas; Dios está en todas partes, pero para hablar con él hay que construir catedrales; Dios se muestra en sus obras, pero esconde con celo muchos misterios de la naturaleza y deja que el hombre se engañe; Dios lee nuestros pensamientos, pero es necesario el recitado de plegarias; Dios es justo, pero castiga nuestra debilidad y nuestras equivocaciones; Dios es equitativo y ecuánime, pero da el cielo al ladrón, al asesino, al que ha causado el mal en el mundo si en el último minuto de su vida pide perdón y se arrepiente.

Y seguimos con situaciones en que Dios necesita la cooperación de los sufridos humanos. Dios es nuestra salvación, pero sólo se salvan los que se integran en determinadas iglesias; Dios lo puede todo, pero necesita nuestra cooperación para que reine el bien; Dios es omnipotente, pero hay quien se resiste a él; Dios es inmutable, pero puede cambiar de parecer por la oración; Dios es inabarcable, inconcebible, y sin embargo hay miríadas de libros de teología; Dios ha hablado al mundo de muchas maneras, sin embargo las cuatro quintas partes de la humanidad no saben que tiene un hijo con el que se comunica por un espíritu; Dios es necesario, pero la mayor parte de la gente pasa los días, los años, la vida entera sin necesidad de él; la gracia de Dios es gratuita y sin embargo hay que mantener una sociedad entera para recibirla...

¿Podemos, después de esto, recitar los Salmos de David? Mejor no provocar cansancio mental. Después de toda esta retahíla de contradicciones, hay otras que escapan a la lógica y no tienen cabida en los términos de la contradicción, presuponiendo que Dios ha creado el mundo y los sigue manteniendo: los mártires de La Vendèe; las hambrunas de Irlanda, China o Bengala con el Imperio Británico; el holocausto judío; los “gulags” stalinistas, el exterminio de kurdos, las matanzas de Ruanda, las degollinas de Argelia, la situación de Sudán, Etiopía, el Congo, las sempiternas guerras actuales... 

Dios, en fin, es la gran contradicción, tan grande que no se resiste a sí mismo y, cuando el hombre piensa, Dios se evapora.

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