Los libros sagrados lo justifican todo (1)

Humanismo sin credos
10 may 2014 - 00:31

No sólo la Biblia de los cristianos, también la Torá/Talmud de los judíos o el Corán/Hadices de los musulmanes. Es tan heterogéneo el contenido de tales libros que cualquiera puede aportar citas para lo que le venga en gana, para esto y lo contrario, para el amor y para el odio, para la paz y para la guerra, para el perdón y para la venganza, para la justicia y para el resarcimiento personal…

Para justificar la mayor lacra que ha estigmatizado el devenir de los pueblos en todas las épocas, las guerras, ahí tiene cualquier cabecilla militar referencias y justificaciones para seguir con su labor depredadora. Pero, por el contrario, cualquier pacifista “new age” puede hacer todo un prólogo a su labor proselitista amontonando citas y más citas sacadas de los libros sagrados.

Y si vinieran tribunales internacionales de la Haya o juicios de Nürenberg a alegar y alzar demandas sobre delitos contra la humanidad o guerras de exterminio, ahí tienen referencias sobradas para entrar a saco contra los ejemplos y las arengas presentes en dichos libros. Y, por el contrario, si alguien proclama la paz universal, lo podrá hacer entresacando versículos con que aturdir a los dirigentes belicosos.

Hay para todo: ¿un antisemita quiere justificar el odio ancestral a los judíos? Ahí tiene sobradas muestras. ¿Un creyente fiel quiere poner las bases doctrinales para odiar in aeternum a los palestinos? Hasta Dios mismo le proporcionará las palabras para ello. Más todavía, ¿algún talibán quiere referencias de cómo someter a las mujeres por ser una “raza” inferior? Busque en la Biblia y en el Corán.

¡Qué decir de aquellos países que erigen el libro sagrado como fuente inspiradora de su legislación constituyente! ¡Y qué decir de países tan desarrollados como EE.UU. que todavía hablan, por boca de sus dirigentes, de “justicias infinitas” y sobrepasan con creces el mandamiento instaurado por 'Monsieur' Talión! ¡Un país que en su vida religiosa tiene más presente el Antiguo Testamento que el espíritu del Nuevo…!

Esos libros sagrados no debieran merecer atención alguna en cuanto guías de conducta. Tampoco debieran ser, por propia vergüenza del orador, fuente inspiradora de sermones u homilías, porque cualquier fiel letrado y versado podría aportar citas contrarias a lo que desde la tribuna se dice. A lo sumo se podrían admitir en las bibliotecas como muestrario del pensamiento de tiempos muy pretéritos felizmente arrinconados. O, en caso de que merezcan tal calificación, como especímenes de literatura arcaica.

En tales libros se advierte de una cosa y al poco aparece lo contrario; se prescriben valores de conducta e inmediatamente surgen individuos que obran a la contra de los mismos.

Los expertos y especialistas han realizado una labor colosal a la hora de fijar textos, depurar otros espurios y sugerir interpretaciones. En vano. Dado que no existe unidad temática en la escritura, que los libros no proceden de un mismo autor, que las fuentes son tan diversas, que la redacción de unos y otros ha sido tan distante en el tiempo… todos ellos responden a inquietudes del momento, no extrapolables a cualquier otra situación.

Añádase que muchísimas veces la interpretación literal no es procedente, tampoco cuando se narran acontecimientos que podrían parecer descripción de hechos y lugares.

Tómese el caso de los Evangelios que llaman “sinópticos”. Cotejando dichos y relatos como si en columnas paralelas se pusieran resulta chocante cómo en aquellos sucesos más relevantes, relevantes para la fe del cristiano que vendría después, hay discordancias de grueso calibre y ausencias que llaman la atención…

Sucede que la predicación al uso forma un conglomerado con todos ellos aunando acontecimientos evangélicos o sucediéndose unos a otros de tal modo que parece como si sólo existiera un único evangelio.

Pues lo dicho…

También te puede interesar

Lo último

stats