Sobre moral (6/7) Ética y moral

por MANUEL BARREDA.



6. Ética y moral. Aportes de Marvin Harris, Gregory S. Paul, C. M. Cipolla e I. Asimov

1. Ética y moral.

A diferencia de la moral, la ética no prescribe ninguna norma o conducta; no se ocupa directamente de qué debemos hacer. Su cometido consiste en aclarar qué es lo moral, cómo se fundamenta racionalmente una moral y cómo se ha de aplicar ésta a los distintos ámbitos de la vida social.

En la vida cotidiana constituye una reflexión sobre el hecho moral; busca las razones que justifican la utilización de un sistema moral u otro.

Casi todos los filósofos se han ocupado de la moral, bien como guía de felicidad personal, bien como fuente de concordia social. Incluso como modelo de conducta pro-salvación.

Filósofos morales han sido casi todos. Citemos a Pitágoras, Laotsé, Confucio, Heráclito, Diógenes, Sócrates, Platón, Zenón de Citio, Pirrón, Aristóteles, Epicuro, Epícteto, A. Saccas, Plotino, Abelardo, Hume, Kant, Marx, Nietzsche, Ortega, Russell, Comte-Sponville, Sloterdijk, Savater…

La moralidad es la aceptación de la responsabilidad con principios por la manera en que nuestras acciones u omisiones afectan al bienestar de otros miembros de la especie humana (Marvin Harris: “El materialismo cultural”).

La condición previa absoluta para cualquier clase de juicio moral es nuestra capacidad para identificar quién hizo qué a quién, cuándo, dónde y cómo (además de con qué intencionalidad).

La doctrina de que “todos los puntos de vista son equivalentes” es una doctrina moralmente depravada. Es una doctrina que combina (confundiéndolos) al atacado con el atacante; al torturado con el torturador; al asesinado con el asesino.

Es verdad que en Dachau estaba la historia de las SS y la historia de los prisioneros; y que en Mylai estaba la historia de Calley y la historia de la madre arrodillada… Sólo un cretino moral sostendría que todas estas historias son igualmente ciertas.

Hasta aquí el resumen de M. Harris.

2. ¿Existe alguna relación entre fe y conducta moral?

Lo mejor que podemos decir es que no. Sobre todo para ser políticamente correctos, y hasta que conozcamos cuáles son los factores determinantes en la conducta moral (no creo que la fe sea –por sí misma y sin otros factores asociados- tan mala, sinceramente).

Pero en fin, tengo que publicar lo único que se sabe (aunque la sospecha es más rotunda, si apelamos a varias denuncias de quejas referidas a estudios encargados por célebres instituciones religiosas que nunca se publican).

Un autor completamente centrado el tema correlación fe o ateísmo y conducta moral es Gregory S. Paul, a quien debemos interesantes estudios publicados en “Journal of Religion and Society” (2005). Aconsejo su lectura, ya que el estudio es concienzudo.

El caso es que no hay correlación positiva entre fe y conducta moral, se trate de asesinatos, conducta estudiantil, índice de suicidios, tasas de violencia social o familiar en general, mortalidad de menores, mortalidad de jóvenes o adultos, enfermedades de transmisión sexual, tasas de aborto, etc. En todos estos casos, el teísmo se asocia, contra toda previsión, a menos –no a más- moralidad.

“…unos cientos de años atrás, las tasas de homicidio eran astronómicas en la Europa cristiana y las colonias americanas (Beeghley; R. Lane). En todas las democracias laicas se han desarrollado, en un plazo de siglos, tendencias que han sido testigos de homicidios con tasas de abandono a sus mínimos históricos. (...)

EE.UU. es la única democracia próspera, que mantiene altas tasas de homicidio, por lo que es un valor atípico fuerte en este sentido (Beeghley; Doyle, 2000). (…)

Estados Unidos muestra las tasas típicas de suicidio juvenil (OMS), que muestran poca o ninguna correlación con factores teístas en las democracias prósperas.

La correlación positiva entre factores pro-teístas y la mortalidad de menores es notable, especialmente en relación con la creencia absoluta, e incluso la oración. La esperanza de vida tiende a disminuir a medida que aumenta la religiosidad, haciéndolo especialmente en función de la creencia absoluta. (…)

Aunque a finales del siglo veinte las enfermedades de transmisión sexual se han reducido en todas las democracias prósperas (Aral y Holmes; Panchaud et al.), las tasas de infección de gonorrea los adolescentes sigue siendo 6-300 veces mayor en los EE.UU. que en las democracias desarrolladas menos teístas. En todos los niveles las edades son mayores en los EE.UU., aunque no en cantidades espectaculares.

Los EE.UU. destacan en incidencia de sífilis, tasa de adolescentes afectados y tendencia de incremento. Las dos principales ETS curables han sido casi eliminadas en los países seculares que integran Escandinavia.

El aumento de las tasas de aborto entre las adolescentes muestran una correlación positiva, y cada vez mayor, con la creencia en un creador y la no aceptación de la evolución, y una correlación negativa con la secularidad, destacando, aisladamente como país en que el incremento es mayor, los EEUU. Las afirmaciones de que las culturas seculares agravan los índices de aborto (Juan Pablo II) están, por lo tanto, en contradicción con los datos”… (moses.creighton.edu/JRS/2005/2005-11.html)


3. Dos propuestas sobre el enfoque moral: Carlo Mª Cipolla y Asimov.

Vamos a añadir a lo dicho por Marvin Harris (u otros como Kant, Aristóteles y Hume) dos enfoques más novedosos.

a. El profesor Carlo Mª Cipolla, en “Las leyes fundamentales de la estupidez humana”, nos presenta el siguiente e instructivo cuadro (publicado en enrique-vazquez.com).

Cipolla (1922-2000) formuló su Teoría de la Estupidez, en su ingenioso opúsculo “Allegro ma non troppo” (1988). Como se ve, podemos colocar en un eje de coordenadas un par de factores, en los ejes “x” e “y”, obteniendo cuatro grupos de individuos:

Inteligentes, (Benefician a los demás y a sí mismos)
Incautos, (Benefician a los demás y se perjudican a sí mismos)
Malvados, (Perjudican a los demás y se benefician a sí mismos)
Estúpidos, (Perjudican a los demás y a sí mismos)




¿Qué leyes obtenemos, en referencia a la estupidez?

- Una persona es estúpida si causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso. Aunque es la 3ª ley, la pongo en primer lugar porque define en qué consiste una conducta estúpida. (En esta ley Cipolla identifica los dos factores a considerar cuando se explora la conducta humana: beneficios y pérdidas que un individuo se causa a sí mismo; beneficios y pérdidas que un individuo causa a los otros).

- Siempre e inevitablemente cualquiera de nosotros subestima el número de individuos estúpidos en circulación.

- La probabilidad de que una persona dada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica propia de dicha persona.

- Las persona no-estúpidas siempre subestiman el potencial dañino de la gente estúpida; constantemente olvidan que en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, asociarse con individuos estúpidos constituye invariablemente un error costoso.

- Una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que puede existir.

b. Leyes de la robótica (I. Asimov).

En ciencia ficción las tres leyes de la robótica son un conjunto de normas escritas por Isaac Asimov, que la mayoría de los robots de sus novelas y cuentos están diseñados para cumplir. En ese universo, las leyes son "formulaciones matemáticas impresas en los senderos positrónicos del cerebro" de los robots (lo que hoy llamaríamos ROM).

Aparecidas por primera vez en el relato Runaround (1942), establecen lo siguiente:

i. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.

ii. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.

iii. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
(Wikipedia)

Marvin Harris nos propone cambiar la palabra “robot” por “hombre” a fin de obtener un enunciado mínimo de la conducta moral humana básica. Su forma real sería la de una serie de instrucciones equivalentes y mucho más complejas en el cerebro del robot.

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