3. Las raíces de la moralidad. Los “dilemas morales” de Hauser (II).
v. Dilema de Óscar. Óscar se encuentra en una situación idéntica a la de Ned, aunque esta vez en el desvío lateral existe un gran peso de hierro, suficientemente grande para parar el carrito. Óscar puede cambiar las agujas y desviar el carrito, sólo que resulta que hay un excursionista caminando frente al peso de hierro, que morirá si Óscar mueve las agujas, tan seguro como el hombre gordo de Ned.
El veredicto común es que, no obstante, a Óscar le está permitido mover las agujas pero a Ned no.
La diferencia es que el excursionista de Óscar no está “siendo utilizado para” parar el carrito: se trata de un daño colateral, como en el dilema de Denise.
Pero es difícil justificar esa convicción… se trata de una intuición moral que compartimos.
La idea de Hauser es que tales intuiciones morales no están “bien pensadas” (como proponía Kant), aunque “de cualquier modo las sentimos profundamente, gracias a nuestra herencia evolutiva” (como proponía Hume).
Hauser y sus colegas, a fin de comprobarlo, adaptaron sus experimentos morales a los kuna, una pequeña tribu de Centroamérica, con pocos contactos con los occidentales y sin religión formal.
Los investigadores cambiaron el experimento intelectual del “carrito de la vía” por equivalentes localmente adecuados, tales como cocodrilos nadando hacia canoas.
Con las correspondientes diferencias menores, los kuna mostraron los mismos juicios morales que nosotros.
Finalmente, Hauser decidió comprobar, junto al filósofo Peter Singer, si existía alguna diferencia relevante en relación con la religión o el ateísmo de las personas.
Propusieron los siguientes 3 dilemas hipotéticos, pidiendo a los sujetos que eligieran, en cada caso, si la acción hipotética era moralmente “obligatoria”, “permisible” o “prohibida”:
El dilema de Denise. El 90% de las personas dijeron que era permisible desviar al carrito, matando a 1 para salvar a 5. Ver a un niño ahogándose en un estanque, sin ayuda a la vista. El proceso de salvar al niño, destrozaría sus pantalones. El 97% estaba de acuerdo en que debería salvarlo.
El dilema del trasplante de órganos. El 97% estuvo de acuerdo en que está moralmente prohibido matar a la persona sana de la sala de espera para aprovechar sus órganos y salvar a otras 5
Finalmente, algo que nos interesa: no hubo diferencias significativas entre ateos y creyentes.
Un único “pero” (comentario personal): Hauser debería considerar “algo extra” que desconsidera y puede ser decisivo en nuestra decisiones morales: nuestro sentimiento personal concreto hacia cada una de las diversas personas implicadas cuya vida hemos de salvar o destruir.
Hauser nos hace planteamientos abstractos y fríos. Demasiado fáciles de responder… (ß Y especialmente válidos para psicópatas)
De acuerdo, la moral tiene una base inconsciente e innata, que se nos muestra como un sentimiento pre-racional que podemos expresar racionalmente (aunque con cierta dificultad por contradecir nuestros juicios propiamente inteligentes y su normativa habitual).
Pero en el experimento se pone al sentimiento emotivo fuera de su contexto o terreno natural: lo que más nos importa (lo 1º o decisivo) es nuestro afecto y conocimiento concreto y real de cada una de esas personas.
Lo primero que salta a nuestro entendimiento –el factor decisivo a la hora de decidirnos- es ¿quiero a alguna de esas personas? ¿Se encuentra entre ellas mi hijo, mi pareja, algún buen amigo o al menos alguien conocido?
No somos tan “idealmente buenos”…
De hecho, cuando bajan los policías o en situaciones de anonimato y sensación de invulnerabilidad: crecen los abusos y los actos sádicos, además de los actos delictivos relacionados con robos, asesinatos. Ocurre repetidamente: fiebre del oro, tropas invasoras u ocupantes, situaciones de racismo en que la gente “normal” colabora con desmanes y abusos (alemanes en nazismo, serbios durante el conflicto yugoslavo -1991-2001-, tutsis y hutus -Ruanda, 1994-, Irak –desde la invasión de 2003), etc. Un etc. que incluye conductas habidas durante la huelga de Montreal (1969), el huracán Katrina (Lousiana, 2005) y genocidios más recientes que los turco, camboyano o alemán: Ruanda, Balcanes, Rusia...
Aun las propias actuaciones sádicas o las violaciones “en grupo” en las que sorprende hallar a hombres aparentemente “normales”, sin antecedente alguno que hiciera explicable el riesgo de que pudiera incurrir en tal conducta. En suma, la actitud sádica y abusiva dista de ser excepcional o previsible.
¿Qué experimentos se centran en demostrarlo? Esencialmente dos. Los de:
- Stanley Milgram (1933-1984). Univ. de Yale, 1963.
- Jane Elliott: “Una clase dividida” (Documental de W. Peters 1985).
Los veremos más adelante, pues antes creo conveniente una mirada más de cerca a ese lado “malo”.