Sobre moral (1/7) 1.Naturaleza de nuestra moral.
Por MANUEL BARREDA
0.Presentación.
A lo largo de esta serie de artículos, nos proponemos responder a una interesante cuestión que, en diferentes momentos, ha sido esgrimida desde diversas posturas y orientaciones filosóficas, religiosas, políticas y ahora científica:
¿Existe un sustrato moral que compartimos los seres humanos en general? ¿Una “guía interior” de origen genético que se liga a la empatía y al entendimiento para generar una especie de moral “casi” universal?
Durante esta serie de artículos vamos a asomarnos a interesantes experiencias pedagógicas, experimentos científicos y explicaciones teóricas de diverso signo.
Fuentes bibliográficas y autores a considerar, entre otros:
Richard Dawkins (“El espejismo de Dios”: “Las raíces de la moralidad: ¿por qué somos buenos?”);
Robert Hinde: “¿Por qué el bien es bueno?”;
Michael Schermer: “La ciencia del bien y del mal”;
Robert Buckman: ¿Podemos ser buenos sin Dios?;
Marc Hauser: “Mentes morales”;
John Hartung: El experimento de Tamarin;
Francisco Giménez García: “La leyenda dorada de la filosofía”;
Martin Cohen: “101 dilemas éticos”;
E. Punset: “Redes”.
Robert Hare (hablando sobre psicópatas);
Marvin Harris: “El materialismo cultural”; “Nuestra especie”;
Carlo Mª Cipolla: “Leyes fundamentales de la estupidez humana”;
Lin Yutang: “La importancia de vivir”.
En algún caso, ha sido necesaria la actualización que puede hallarse en la Wikipedia: Experimentos de Milgram (obediencia y conducta sádica) y Jane Elliot (“una clase dividida”).
1.¿Una moral universal y además genética?
Varios autores han argumentado que nuestro sentido de lo correcto e incorrecto puede derivar de nuestro pasado darwinista.
La idea de que la evolución por selección natural pueda explicar nuestros sentimientos de moralidad, decencia, empatía o compasión parece poco adecuada.
–No lo es a la hora de explicar asuntos como el hambre, el dolor, el miedo, la náusea o el deseo sexual…
–Pero ¿qué explica el arranque de compasión que sentimos cuando vemos llorar a un niño o a un animal quejándose de dolor?
Dawkins nos propone una hipótesis genética. Su “gen egoísta” no propone que los organismos vivos sean “egoístas”, sino que los que sobreviven (cuando sus genes tienen “éxito”), lo hacen a costa de sus rivales del mismo nivel jerárquico, siendo el gen el nivel competidor (y superviviente o no) básico a considerar. ¿Cómo lo hace?
-La forma más obvia es a través de la programación de organismos individuales para ser egoístas. En general, la conducta habitual de un organismo prima su propia supervivencia, por lo que la del gen se asegura al mismo tiempo que la del individuo; pero en ocasiones, hay conductas altruistas, que, aunque reducen las posibilidades del individuo, aumentan la frecuencia del gen. Ésta es la explicación del altruismo familiar.
En resumen, Dawkins nos propone 4 buenas razones darwinistas para el altruismo.
Esquemáticamente:
- 1. Familiar (por parentesco genético). Válido para: hijos y familiares directos; sociedades genéticas (abejas, avispas, hormigas) y otras sociedades vertebradas (de aves o mamíferos) en las que los hermanos mayores cuidan de los pequeños. O se producen avisos de un riesgo (la presencia o llegada de un depredador) que ponen en mayor riesgo al que avisa. “En general, los animales tienden a cuidar, defender, compartir recursos o advertir del peligro hacia los parientes cercanos con los que tienen mayor probabilidad estadística de compartir genes.” (W. D. Hamilton).
- 2. Reciprocidad y simbiosis (“Yo rasco mi espalda, tú rascas la mía”). Se trata del tipo de lógica que rige en las leyes del comercio y los intercambios. La ganancia mutua, dentro de una situación asimétrica, explica el trato. Su justificación científica requiere matemáticas más complejas: la teoría de juegos tipo “dilema del prisionero”, propuesta en biología evolutiva por R. Trives.
- 3. Reputación. Ganarse una reputación de generosidad y amabilidad. La contraria es la de “tramposo”, la de quien no devuelve los favores o incumple los tratos. Las sociedades pueden primar el equilibrio: son compatibles la generosidad (ante quien se ha ganado la confianza) y el castigo de cruel de las trampas (Matt Ridley). Si bien los animales basan su comportamiento en la “responsabilidad inconsciente”, en las sociedades humanas añadimos el poder del lenguaje: el hecho de la que reputación se disemina a base de rumores.
- 4. Generosidad conspicua para comprar publicidad auténtica (Thorsein Veblen y Amotz Zahavi). Afirmación de dominancia alimentando a subordinados. Compiten por el papel de centinela y alimentador. Pero la publicidad está autentificada por su coste: la compra de éxito atrae a la pareja y aumenta el propio éxito fecundador.
Por una o varias de las cuatro rutas, se habrían favorecido en los primeros humanos las tendencias genéticas hacia el altruismo.
Nuestros ancestros prehistóricos eran buenos para su grupo, pero malos (hasta xenófobos) para otros grupos. En tiempos ancestrales teníamos la posibilidad de ser amables sólo con la familia cercana y con los individuos cercanos que probablemente nos devolverían los favores recibidos.
Estos impulsos persisten, en condiciones de vida relajada e integrada en sociedad, y nos influyen todavía hoy. La sociedad filtró el deseo sexual y tendencia a cuidar a la familia, dando el sentimiento de amor. La civilización hizo surgir modelos de: venganza, y pautas de altruismo y empatía.
Dejemos este esbozo teorético y pasemos a experiencias y experimentos que (así lo estimo) nos resultarán más interesantes.