Es posible que desaparezca la fe.

Y si le falta la fe...Llevo todo el día pensando en determinada persona, familiar lejano... ¿Y qué le pasaría sin todo eso?

No hablemos de aquellos que dicen tener fe, pero una fe que se reduce a práctica huera de los ritos que, en el fondo, debieran alimentarla. Pensemos en aquellos otros que viven su fe conscientemente y son consecuentes con ella y conforman su vida según sus preceptos. Damos por supuesto que no podrían entender su pérdida o su abandono.

En la otra banda de la vida dividida por las creencias, están aquellos que o no tienen ninguna o las han dado de lado o se enfrentan descaradamente a las mismas. Sus motivos tendrán. O tienen, que bien claro se aprecia en determinadas manifestaciones.

Para el segundo grupo de que hablamos, los que viven conscientemente su fe, meditan en ella y su vida responde a lo que creen, aparte de esto asisten a determinados actos rituales en compañía de otros a quienes consideran “hermanos en la fe”; ven la doctrina como garfios mentales a los que agarrarse en momentos de inseguridad; las prácticas a las que asisten son alimento que va nutriendo sus sentimientos y su acervo espiritual; en otro orden de cosas, han hecho amistad dentro del grupo social en que se mueven; poseen un cúmulo de normas y pautas en su conciencia por las que regirse...

Sinceramente, son personas dignas de loa. Son personas coherentes con lo que creen. Pero ¿y si todo eso se derrumba? ¿Y si alguna circunstancia llega borrar de su mente el hecho de creer? ¿Y si alguna experiencia traumática les lleva a renegar de todo ello? ¿Qué les queda para poder llevar una vida digna, feliz y conforme con la moral y la ética?

Desde el púlpito, muchos burócratas de la fe han estigmatizado a quienes viven ajenos a Dios: no tienen nada a lo que asirse, no tienen principios morales, su vida no tiene sentido, no pueden tener esperanza en nada, porque “las cosas” de esta vida no pueden llenar a una persona consciente de su dignidad y capaz de usar de su juicio y razón.

¿Es eso cierto? ¿Nada les queda? ¿No se ha disuelto su vida en el puro pasar de los días?

Lo dejo aquí. No tengo respuesta y la que tengo de nada serviría a quienes dicen que su vida está pletórica de sentido: ¿pero y esos otros?  

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