Las profecías de Agoradamus, agora desveladas
Llegarán las elecciones.
Este nuevo Nostradamus - sólo preña sugerencias
y no quiere que el futuro - le pida cuentas en prenda.
Por eso yo lo presiento – y aquí me quito la venda
Para hacer sueño el presente – y España reaparezca.
No llegarán a los doce, – como apóstoles del tiempo,
cuando un pregón hecho siete – sea campana del pueblo.
Y en convulsos remolinos - de aguas claras, que no cieno,
se podrán ver los despojos - ansiosos de su sepelio
cubiertos aún por un luto - que nació en nidos de cuervos. (1).
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Olores nauseabundos – que de suelos monclovitas
por poros guttenberguianos – exhalaban a la vida,
sin velos, urnas de España, – harán que el pueblo dirima. (2)
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Aquellos perros del verbo – voceros de las prebendas
verán por nuevas ventanas – cómo en su cuello hacen presa.
Y sentirán a jirones - que se desgarran sus venas
hechas de miradas torvas - y con escalpelo abiertas. (3)
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Y quienes por enviados – corrían detrás del perro
aullarán por las tinieblas – que ellos trajeron en vuelo.
Y quedarán sus vergüenzas – al albur de todo el pueblo
aventadas en las eras - no por solanos, por cierzos. (4)
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Aullidos de siempre lobos – en cavernas de privanzas,
Pandoras de mil ciclones – bramarán por las montañas;
y quien por boca esgrimiera – fogonazos, piras, llamas,
verá surcada su frente – por el filo de su espada. (5).
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La sangre dulce lamida – con espantadas ausentes
volverán con su fregona – a reclamar su presente,
porque las horas prendidas – de cien congresos, mil muertes,
son y serán los anzuelos – en que la rosa se prende. (6)
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La rabia de las raposas – que raudas y prestas rumian
raer con roncos bramidos – la ruina de quienes rondan,
ha de tronchar el morrillo – de algún rumiante del ruedo
rojo entre tanto amarillo - o gualda del rito público. (7)
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Pero ya las madrigueras – son cárdenos roquedales
que rezuman agonías – disfrazadas de ideales
y el invierno de sus hoces - no deja brote en sus haces. (8).
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Allí donde recrecieron – simientes de sementales
para un servicio de siervos – siguiendo surcos astrales,
ya no habrá más mandamientos – de quinquenios eclesiales:
son pozos samaritanos – sin agua ni manantiales (9).
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Vendrán secanos de brillo – sobre las selvas de flores
que plantaron para nada - los que sirvieron a dioses:
cuervos, grajos y hasta bueyes, - sonrisa inmisericorde,
hoy, limosneros de deudas – detrás de unos cardos corren
porque entrevieron mercedes – para inciensos de sus zotes. (10).
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- Cómo estamos y cuánto queda: plazos.
- Elecciones
- Cárcel para sirvientes
- Calvario de juicios
- Posible agitación social. Pero encontrará su horma.
- Cargos perdidos sin cargos
- Se han revuelto y se revuelven
- El declive, quizá definitivo.
- Y ahora, la Iglesia.
- La placidez de los viejos.