A propósito de Santa Emilia de Rodat - 1 ARTÍCULO Nº 4.000

Humanismo sin credos
06 ene 2017 - 17:36

Se celebraba en Miranda de Ebro de donde soy natural, un evento doble dentro del recinto religioso de las monjas donde mi mujer y mi hermana habían estudiado: el centenario de la llegada a Miranda de las "francesas" (Hermanas de la Sagrada Familia) y, a la vez, los 150 años de la muerte de su fundadora, Santa Emilia de Rodat.

Visité el colegio. Era febrero de 2002. Se preparaba una gran celebración para mayo o junio. Entre los actos programados, un concurso de poesía. En esos años mi estro poético parecía que tenía algunos arranques de originalidad, hoy perdida. Decidí concursar... pero no conocía nada de su fundadora. Obsequiosa ella, la superiora del centro me proporcionó hasta cinco libros de la santa: su Autobiografía, sus cartas, sus "conferencias", homilías o consejos...

Aislado por una nevada que casi me deja incomunicado, al calor de la chimenea, me encerré un fin de semana en "el pueblo". Leí y leí, me atraganté, hasta llegué a aborrecer tanta palabrería huera... pero al fin me salieron tres largos folios en un poema que, a mi juicio y también al del jurado calificador, no estaba mal. Lo envié. Gané el primer premio.

La I Parte, que traslado aquí, no tiene "gato encerrado". Es tal cual es. Es la II Parte, que dejo para mañana, la que hizo soltar la carcajada al Director de Religión Digital, J.M. López Vidal, cuando le envié el escrito.

SANTA EMILIA DE RODAT

LOA AL HILO DE SUS VIRTUDES.

Tiempos de soledad, tiempos de abismo

recorrían la Francia quejumbrosa

niebla de historia en desazón brumosa

puñal de luto en fértil cristianismo.

Bramaba el mundo, en pedazos roto

mientras Emilia con su llorar canta,

ajena ella a barahúnda tanta

y haciendo del silencio templo y coto.

Santa Emilia de Rodat

hoy el cielo nos la encierra

sierva de Dios en la tierra

y en Dios como sierva está.

Pues buceando en los mares

de sacrificio y dolor

dio vida al más grande amor

que hizo vida en nuestros lares.

Antes de darnos al mundo

su santidad como palma

nació Jesús en su alma

y en ella creció fecundo.

Fue la Sagrada Familia

su regla, su prenda y fruto

pues a ella rindió tributo

la Regla de Santa Emilia.

Hoy vuelven tus hijas en vientos de amores

a hacer de los años laudas y loores

y entregan con gozo testigos de gloria

a un mundo que busca servir tu memoria.

Recogen el manto que tiende la vida

simiente que echaste curando tu herida;

buceas silencios, descubres tesoros,

de vida, de muerte, de cantos y lloros.

Te escondes al mundo y el mundo te encuentra

callada, rumiando el amor que a ti entra;

congojas del alma en silencio de años

que tú no rehúyes con falsos apaños;

quisiste esconderte y la vida te trajo

a vías de amores sin calmas ni atajos;

por ser toda en todos sierva y no servida

nos diste cosechas de amor y de vida.

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