Virgen María, algo más que simple mito

¡Cuán diferente es la intelección de lo que quiere expresar el término “mito” en la antigüedad y en la actualidad! Hoy se ha perdido ese profundo significado que encerraba para los antiguos convirtiéndolo en sinónimo de “cuento, fábula o leyenda”, todo ficción y fantasía. Como mucho, se puede entender, hoy, como explicación de fenómenos físicos o psíquicos que de ese modo el vulgo ha comprendido en el pasado y puede entender mejor hoy.

No es éste lugar para hablar de mitos, de su función gnoseológica, su entramado de realidad, su función intelectiva o subconsciente... Digamos, simplemente, que nuestra mente actúa en muchas situaciones con mitos y no puede desembarazarse de determinados símbolos mitológicos.

Dicen algunos que el uso de los mitos sirve para incardinar o hacer presente en el mundo profano el mundo de lo sacro. De hecho ha servido secularmente para dar respuesta a las preguntas que la sociedad se ha hecho sobre cómo son las cosas y todas las religiones han desarrollado mitos cosmogónicos acerca del origen del mundo y del hombre. Todavía la ciencia no ha logrado desentrañar este “misterio”, de ahí que se mantenga la credulidad religiosa que impone su versión mítica, aceptada de buen grado por los creyentes.

La religión católicasigue manteniendo en su doctrinario mitos ancestrales de grueso calibre y otros sobrevenidos, colaterales, como el mito de la Virgen María. De ser la madre de Jesús, un hecho natural, ha derivado en Madre de Dios, también venerada como “la Virgen María”. De tal manera se ha desarrollado la mariolatría que María se ha convertido en un arquetipo, es decir, símbolo y modelo.

Es importante de dónde y saber cómo surge la figura de María. Los primeros documentos cristianos son las Cartas de San Pablo. No dice nada de María ni habla de su nacimiento virginal, lo cual es harto significativo. La única referencia es Gálatas 4.4, carta que se ha fechado en el año 57: “Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley". 

En los Evangelios hay distintas citas y distinto modo de aparecer María. Marcos, c. año 70: “Oye, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan. Él les responde: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?” (3, 31-35) “¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Jose, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?”. El Evangelio de Mateo se escribió entre el año 75 y el 90 y es más explícito al hablar de María. Cita su nombre 5 veces y 9 veces como “madre”, capítulos 1; 2; 12 y 13. En Mateo aparece la cita de Isaías “Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo”. Entre el 80 y el 90 escribió Lucas su evangelio. Es el más prolífico en citar “hechos” de la vida de María: visitación, anunciación, nacimiento. En Juan, evangelio ya del siglo II, María aparece en las Bodas de Caná y en la crucifixión.

Los grandes dogmas de la Iglesia sobre la Virgen María se fundamentan no sólo en Lucas sino también en el apócrifo “Protoevangelio de Santiago”: Virginidad Perpetua de María (año 649), Inmaculada Concepción (1854) y Asunción (1950). Pero hay algo importante que señalar, el ámbito en que los Evangelios fueron redactados y divulgados, el mundo greco romano y el sustrato helenístico, sobre todo en los siglos I y II.

La religión de Grecia y Roma abundaba en dioses y héroes como Baco, Apolo, Perseo, con madres humanas fecundadas por dioses. Asimismo, es dato importante la prolija lista de diosas, asociadas a la fecundidad, a las cosechas, a la tierra… La diosa más antigua, Gea o Gaia o “madre Tierra”, diosa de la feminidad;  Afrodita o Venus, diosa del amor; Artemisa; Atenea,  en Roma Minerva, diosa de la guerra, también de la sabiduría;  Ceres, de la agricultura; Cibeles y Deméter, la Ceres romana, de la tierra y de la fecundidad; Diana la cazadora; Fortuna, diosa del destino, de la suerte y de la prosperidad; Hera, diosa griega, Juno, romana, protectora de la familia y el matrimonio;Perséfone, del Hades o Infierno… Y así, un largo etcétera.

El cristianismo no podía obviar el elemento mitológico femenino en su proyección popular, de ahí la sublimación de la mujer María hasta convertirla en Zeotokos, madre de Dios (concilio de Éfeso, año 431).

Retornando al asunto “Virgen María”, que no hace tanta alusión a las religiones paganas cuanto a referencias bíblicas, mucho se ha escrito sobre la tergiversación en la traducción al griego (Septuaginta, base de la Vulgata) del término hebreo “almah” por “parzenos”. Almah no significa “virgen” sino “doncella”. De ahí que Mateo utilice el término “virgen” para referirse a María. Y a partir de traducciones adulteradas, el mito de “Virgen María”.

La verdad es que poca importancia tendría para Mateo usar “virgen” o “doncella”, inmerso como estaba en un mundo donde la feminidad se vivía intensamente dentro de un contexto mitológico.

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