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Reflexión de José Carlos Bermejo sobre la gestión de los sentimientos en la humanización de la salud
El título de un libro de mi compañero Luciano Sandrin es: ¿Envidioso yo? Sandrin tiene la habilidad de “ir por delante” en la reflexión y escudriñar dinámicas humanas que inciden significativamente en la humanización del mundo de la salud. El camino propuesto por quienes abogan por crecer en inteligencia emocional, se queda, con frecuencia, en palabras o en pocas propuestas de no moralización sobre los mismos. Insuficiente a todas luces.
La humanización de la salud puede tener mucho que ver con la gestión de los sentimientos. No significa que esta sea la clave de referencia fundamental. ¡Ay, si no invocamos los valores!
Pero, en efecto, cuando los sentimientos no están encauzados saludablemente, los equipos hacen aguas, los enfermos son mirados como casos clínicos, si no como objetos de análisis y de intervención. Y es que, la salud, es más que el equilibrio de las funciones biológicas y más que el silencio del cuerpo. Por eso, para promover la salud, hay que cuidar al ser humano entero, a todos los seres humanos, en su particular identidad.
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