Corazones rebeldes

Pocos años después de la clausura del concilio Vaticano II, muchas religiosas de los Estados Unidos, que quisieron poner en práctica las recomendaciones de los padres conciliares, empezaron a tener problemas con los obispos que no veían bien los cambios que habían hecho en sus comunidades. Estas discusiones llevaron a que el Vaticano realizara una investigación a todos los conventos de religiosas norteamericanas en el 2008 y todos sabemos el dolor y la incomprensión que causó

            Pero en este blog me voy a referir a los conflictos que el cardenal McIntyre tuvo en 1968 con una comunidad concreta, las hermanas del Inmaculado Corazón de María. El prelado quiso terminar con el colorido y subversivo arte de la hermana Corita Kent (1915 – 2011) que pretendía capturar el espíritu de renovación y dejar que entrara aire fresco en su convento, unas ideas que las religiosas abrazaron con gusto y que lideró junto a otra hermana Helen Kelley (1925- 2019). Un documental Rebel Hearts, Corazones rebeldes, estrenado en el festival de cine de Miami el 5 de marzo del 2020 relata las experiencias de esta comunidad y sus dirigentes

            En un punto de la controversia entre las monjas y la diócesis, cuatro obispos fueron enviados para llegar a una conciliación, pero al final decidieron que se fueran del convento las que no aceptaban al cardenal y deseaban los cambios de renovación que se habían dado en la comunidad. Ante la disyuntiva, muchas religiosas 327 entre 560, decidieron que seguir a Cristo suponía abandonar y pidieron la dispensa de sus votos con gran dolor por ambas partes.

            Las que se fueron crearon una nueva comunidad que en sus palabras “pudiera revivir la vida religiosa”. Este intento lo llevaron a cabo 220 monjas de las 327 que habían abandonado la comunidad creando the Inmaculate Heart Community que se define a sí misma como una comunidad sin murallas. Corita abandonó del todo y vivió de su inspirador arte. En los 50 años que han pasado desde la ruptura han seguido renovándose, aunque unas lo dejaron como Corita y otras han muerto, actualmente cuenta con 114 miembros activos que incluye a personas con distintos perfiles: sexuales, económicos, célibes, matrimonios… La actual presidenta Karol Schulkin en una entrevista aseguraba que “en los años 60 las personas se preguntaban lo que duraría nuestra comunidad y a dónde nos llevaría, pero día tras día, seguimos avanzando hasta el futuro”

Estos intentos los están llevando a cabo otras comunidades como Benincasa, Center for Espiritual Renovation y Mystic Soul Project… y todos giran en torno a los mismos problemas ¿Qué pueden ofrecer a los deseos de espiritualidad del mundo en el que viven? ¿Cómo se relacionan la tradición y las nuevas formas de espiritualidad? ¿Dónde se encuentran los lugares en que ambas corrientes puedan dialogar y colaborar? ¿Qué debemos abandonar y que no para dar un paso liberador?

La que ha descrito esta situación en un artículo es Katie Gordon que pertenece a una asociación Nuns and Nones, que pretende aunar el pasado con las ansias modernas de espiritualidad y para ello está viviendo una experiencia en Pax Priory, una pequeña comunidad de benedictinas ancianas de Erie en Pensilvania. El convento tiene colgadas en las paredes junto a los cuadros de Juan XXIII los de Corita, llenos de luz, que nos fuerzan a pedir a Dios que esa luz entre en nuestros corazones. Lleva un año con ellas conociendo la milenaria tradición benedictina y con paciencia preguntándose si debe abrir las ventanas y dejar que entre el sol o como la Inmaculate Heart Community tirar todos los muros abajo

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