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El ángel herido

Este cuadro del pintor finlandés, Hugo Simberg (1903), pintado en el año 2006 fue declarado por Finlandia como “national painting”. Representa a un ángel herido vestido de niña, imagen de la inocencia, vencido por el sufrimiento. El paisaje de fondo es desolador. Me imagino, que el país de la nieve veía el daño que estaba causando el cambio climático y la mano del hombre en sus estepas nevadas y quería recordarlo. Pero el autor, miembro de la corriente simbólica, nunca quiso dar la clave de su pintura y uno de los niños que lleva la camilla mira al espectador en busca de respuestas.

           A mí, me sugiere el cuadro un montón de ideas. Si el ángel representa a Dios, herido y sangrando, aferrándose con las dos manos a la camilla, me viene a la mente, que este personaje divino estaba intentando proteger a la creación de las manos de los hombres que a lo largo de historia hemos sido inclementes con bosques y océanos. Somos los seres humanos que nos hemos olvidado del Creador y de su creación. Pero en contrapartida aparecen los niños que se dan cuenta del mal, quieren ponerle fin y llevan al ángel para que le curen.

           En clave más religiosa el cuadro representa la misericordia, la inocencia herida, la fragilidad incluso de la sagrado - recordemos a Jesús – y la esperanza que representa las pequeñas flores que lleva el ángel en la mano, florecillas silvestres que vuelven a nacer todos los años. Y los jóvenes son los buenos samaritanos porque la juventud es más altruista y reacciona mejor a la vista del dolor que las personas mayores, que nos hemos hecho más indiferentes con nuestras vidas. La encíclica Magnífica Humanitas nos presenta la posibilidad de un mundo diferente, si creyéramos que todo viviente es sagrado

           La pintura también invita al espectador a convertirse en trabajadores con Dios del cuidado de la creación. Todos podemos participar en actos grandes y pequeños en la medida que seamos capaces de andar, llorar o bailar, los capítulos de nuestra existencia junto a otras personas. Sabremos, con estos compañeros, dónde pedir ayuda cuando la necesitamos y no es un acto de debilidad como nos hace ver nuestra civilización sino de necesidad. Si el ángel la necesitaba ¡Cuánto más nosotros!

           Estas son las ideas que me ha sugerido el cuadro, pero posiblemente habrá muchas otras e invito a mis lectores a pensar

El angel herido | 5

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