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Mensaje del Papa para la Cuaresma 2026

Vulgaridad y mugre

No me voy a perder en teorías. La superficialidad, la vulgaridad y algunas muestras de la mugre son bien visibles en esta tierra que pisamos y amamos. ¿En todos nuestros conciudadanos? Desde luego que no. Pero sí en un considerable contingente de personas o indefensas o atrapadas en unas redes de intereses que no miran precisamente a las alturas.Lejos de mí el desprecio horaciano, enemigo del vulgo ignorante. Al pueblo profundo le corresponde mucho más el amor que la mirada de superioridad o de desprecio. Y, por supuesto, siempre el respeto. Por ahí se puede entender en parte la sátira de mis versos.

SI HOY VIVIERA CERVANTES

Si hoy viviera Cervantes

o Tirso o Calderón,

si hoy Quevedo en sus versos acuñara,

su moneda inmortal de tan mortales,

o si Lope, en horas veinticuatro, etc., etc...,

sus llaves de pasión, talento y oro

no abrirían ningún informativo,

nadie comentaría

sus prosas o sus versos soberanos

ni en las peluquerías, ni en los bares,

ni aturdiendo

en gritón y viscoso cotilleo

la luminosa mugre de las teles.

El Molina de Tirso sonaría

a ex-portero del Dépor.

En Calderón la fauna guiparía

a un mandamás defenestrado

de las alturas del real Madrid.

Si añades “de la Barca”,

lo verían tirado por la borda

a un futbolero piélago

de espumas procelosas.

Belén Esteban es

mil veces más famosa que Teresa de Ahumada.

Y Garcilaso, príncipe

en el amor, la guerra y en los versos,

no alcanzará ni a descalzar las botas

de Cristiano Ronaldo.

A un viejo amigo,

poeta que no nombro, aquí le aviso:

si escuchas tu apellido,

ni tan siquiera pase por tu frente, coronada de versos,

que tu nombre sonó.

Se tratará no más de un futbolista

recriado en un césped de Galicia, demorado

por un tiempo en Britania,

y ascendido a esplendor sobre la hierba

del Santiago Bernabeu, seleccionado invicto

que milita en “la Roja” ensangrentada.

Las trompas de la fama, oh genios vivos,

de carne y hueso aún,

arrecian sus clangores como nunca,

pero sólo en un golpe de fortuna

tocarán vuestros nombres

si por suerte sus sones coinciden

con el de un as de la legión del Barça,

el Valencia, el Sevilla,

o está en la rodadora nómina

de un Tour, un Giro o una Vuelta hispana,

o, en el caso peor, en la bazofia

de una televisión donde famosos

amantes o ex amantes de famosos,

gentes, si no de ruin, al menos

de dudoso vivir, exhiben sus entrañas purulentas

a golpe de talón, a cena o muerte.

Si les llenan su plato, no faltarán briosos periodistas

que suden buena tinta o mala baba

para contar, cantar y pregonar lo pútrido, escarbado

en el contenedor de la basura.

¿Y a qué llorar los nombres

mil veces coreados de políticos

de medio pelo, o calvos

como bombillas lisas y apagadas?

Mientras tanto, Cervantes,

o Tirso o Calderón, Lope, Teresa,

Juan Ruiz o Garcilaso

y quienes hoy heredan

la flor de sus laureles invisibles

se ríen de la chusma en risa floja

encaramados en la vieja,

regocijada cima del Parnaso.

Con dos copas de licor

y un vaso de ambrosía

les harían cantar un pareado

que hoy rima este criado de las letras:

Parnaso,

Parna, sopar, parné, parná, sopor y hedor supura

la dura costra de una España oscura.

(Septiembre de 2009).

(De Apasionado adiós, Madrid, Vitruvio, 2013).

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