Ayudemos a la Iglesia en sus necesidades
"Muchas veces, detrás de una puerta abierta, de una palabra de acogida o de una ayuda concreta está el rostro cercano de una comunidad cristiana que procura hacer visible la misericordia de Dios"
La Iglesia es una gran familia. Lo es porque nace del amor de Dios y porque, desde hace dos mil años, continúa haciendo presente el Evangelio en todo el mundo a través de la oración y las celebraciones de la fe, el anuncio de la Palabra y el servicio a los más necesitados. Esta misión, que es espiritual y al mismo tiempo profundamente humana, solo es posible gracias al compromiso de muchas personas que, con generosidad, ofrecen su tiempo, sus capacidades y también sus recursos materiales.
En nuestra Archidiócesis de Tarragona, la multitud de parroquias, comunidades religiosas, centros de acogida, proyectos asistenciales, iniciativas educativas o culturales, las celebraciones litúrgicas y las acciones evangelizadoras… son una expresión viva de esta presencia de la Iglesia al servicio de todos. Se trata de una labor silenciosa, a menudo discreta, pero imprescindible, que acompaña a las personas en los momentos de alegría y también en las horas de dificultad, que consuela a quienes sufren, educa en los valores del Evangelio y mantiene vivo un patrimonio espiritual, cultural y artístico que forma parte de nuestra historia. La dimensión pastoral de esta presencia es particularmente importante. La Iglesia no es una realidad lejana ni una institución separada de la vida cotidiana de las personas. Muchas veces, detrás de una puerta abierta, de una palabra de acogida o de una ayuda concreta está el rostro cercano de una comunidad cristiana que procura hacer visible la misericordia de Dios.
Para que esta misión pueda continuar, la Iglesia necesita también el apoyo material de sus fieles y de todas aquellas personas que valoran el bien que realiza. Ayudar a la Iglesia en sus necesidades no es simplemente una aportación económica; es un gesto de corresponsabilidad eclesial y una manera concreta de participar en una obra que beneficia a toda la sociedad. Es contribuir a que una parroquia pueda continuar siendo una casa abierta; a que un sacerdote, un agente de pastoral o un voluntario pueda dedicarse al servicio de las personas; a que los templos continúen siendo espacios de oración y de encuentro; a que la acción caritativa llegue a quienes más lo necesitan y a que el Evangelio pueda continuar siendo anunciado a las nuevas generaciones.
La primera comunidad cristiana compartía sus bienes para que nadie pasara necesidad. Este espíritu continúa siendo hoy una invitación para todos nosotros. San Pablo recordaba a los cristianos que «Dios ama al que da con alegría» (2 Co 9,7). Dar, en efecto, no es perder, sino participar en la lógica generosa del amor de Dios. Cada uno puede colaborar según sus posibilidades, con libertad y con alegría, sabiendo que toda aportación, grande o pequeña, es valiosa cuando nace de un corazón generoso.
Por eso, dirigimos una cordial invitación a los cristianos católicos de nuestra archidiócesis para que sientan como propia la responsabilidad de sostener la vida y la misión de la Iglesia. Que el Señor bendiga a todos aquellos que, con su generosidad, contribuyen a construir una Iglesia viva, misionera y cercana, capaz de continuar siendo signo de esperanza, de fraternidad y de amor en medio de nuestro mundo.
Vuestro,
† Joan Planellas i Barnosell
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado