Carta Pastoral ante la visita de León XIV a Madrid: "Necesitamos prepararnos personal y comunitariamente"
"Su presencia será para nuestra Iglesia local un verdadero signo de comunión. Viene a traernos el abrazo de la Iglesia universal. Renovados por el Bautismo, podremos corresponder a ese abrazo, alargando los brazos de nuestra diócesis y uniendo nuestro corazón al suyo"
«¿ME AMAS?»
Una mañana, después de la Resurrección, Jesús se aparece al grupo de los discípulos. Después de una pesca milagrosa, entabla con Pedro un diálogo precioso (cf. Jn 21,15 ss). A la orilla del lago, después de comer, en un clima de silencio profundo, el Señor le pregunta varias veces: «¿Me amas?». Pedro responde como sabe y puede.
Ese diálogo no quedó encerrado en aquel momento junto al lago de Galilea. Desde entonces atraviesa la historia de la Iglesia, resuena en cada generación de creyentes y llega también hasta nosotros.
Hoy es Pedro quien vuelve a invitarnos a entrar en ese coloquio. Y lo hace a través de su sucesor que preside la Iglesia en la caridad. La visita de León XIV nos ofrece la oportunidad de volver a escuchar aquella pregunta y de responder, personal y comunitariamente, desde lo más profundo de nuestro corazón.
UNA PASCUA QUE NOS PREPARA INTERIORMENTE
Este año celebraremos la Pascua del Señor con una intensidad particular. Como cada año, volveremos a contemplar el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, fuente de nuestra esperanza más viva (cf. 1 Pe 1,3). Sabemos que esta Pascua será también una ocasión para renovar la fe de todos los bautizados, fortalecer la esperanza y reavivar la caridad de cada uno de nosotros y de todas nuestras comunidades.
Y al finalizar el tiempo pascual, como Iglesia que camina en Madrid, acogeremos la visita del Papa León que viene a encontrarse con nosotros, en el marco de su viaje a diversas diócesis de España.
Su presencia será para nuestra Iglesia local un verdadero signo de comunión. Viene a traernos el abrazo de la Iglesia universal. Renovados por el Bautismo, podremos corresponder a ese abrazo, alargando los brazos de nuestra diócesis y uniendo nuestro corazón al suyo.
Desde hace unos meses muchas personas están trabajando con gran generosidad para preparar esta acogida al Santo Padre; y también a tantos otros que llegarán para vivir una experiencia especial de Iglesia católica, abierta y misionera. Preparamos esta visita con ilusión, esperanza y espíritu de servicio. Estamos convencidos de que es una oportunidad para fortalecernos en la fe como Iglesia que camina unida y que mira a nuestro mundo como campo de misión. No puedo, por eso, dejar de dar gracias a cuantos se están movilizando, con entrega de discípulos, y están poniendo en marcha con tan poco tiempo tanta iniciativa. Son equipos de trabajo, logística, voluntarios, técnicos, patrocinadores que apoyan con generosidad y entusiasmo.
El anuncio de la visita ha dejado ver lo mejor del corazón de mucha gente: la disponibilidad de quienes desean aportar su tiempo, su trabajo, hasta sus bienes, para que este momento sea una siembra en la vida de nuestra Iglesia.
Recibiremos al Papa en medio de una situación social y mundial compleja. Nuestro tiempo vive el drama de la violencia y muchas guerras abiertas en distintas regiones del mundo. En medio de esta triste realidad no dejaremos de recordar que cada vez que el Resucitado se presenta a los discípulos pronuncia unas palabras que lo invaden todo; son su saludo y su santo y seña: «Paz a vosotros» (Jn 20,19).
Con toda seguridad, el Papa León llegará hasta nosotros con el eco de esas palabras pascuales. Y su voz, las hará resonar de nuevo entre nosotros como altavoz para todo el mundo: «Paz a vosotros».
Escuchar este saludo será un alivio, porque la paz viene de Dios como un don. Y también será una tarea que deberemos acometer con responsabilidad. Acoger al que viene a traer la paz de Cristo supone dejarnos conmover por una misión común que renovaremos juntos y nos compromete a trabajar por una paz “desarmada y desarmante”.
VOLVER AL DIÁLOGO DEL LAGO
A la orilla del lago, Pedro se encuentra con la mirada de Cristo resucitado. No hay reproches en esa mirada. No hay condena. Solo un diálogo de amor y una invitación al seguimiento en forma de pregunta insistente.
Ahora, siglos después, es Pedro quien llega a Madrid. Lo hace en la persona del Papa León XIV, sucesor del apóstol y servidor de la unidad de la Iglesia. Su visita nos ofrece la oportunidad de revivir juntos una gracia semejante a la de aquel lago.
Será una oportunidad para reconocernos en Pedro y dejar que Jesús nos mire sin reproches y nos pregunte, una y otra vez, por el amor en nuestros corazones, en nuestras comunidades y en toda la Iglesias. Porque, en el fondo, la pregunta interpelante vuelve siempre a nosotros en encuentros grandes y pequeños, en celebraciones y en los silencios de la oración cotidiana: «¿Me amas?».
Se trata ahora de responder. Pues, en el fondo, toda vida cristiana nace y se sostiene en esa pregunta.
ALZAR LA MIRADA
Vivimos un final de curso pastoral complicado y marcado por muchas incertidumbres: la reconfiguración del orden mundial en un clima bélico, la desigualdad, la polarización y falta de esperanza.
A veces nos cansamos de tanto mirar a ras de suelo, enredados en lo que ocurre cada día o absortos en nuestras propias soledades. Pero ahora, junto al lago, que es nuestro Madrid, podremos reunirnos de nuevo, escuchar, acoger y alzar juntos la mirada, como nos propone el lema de la visita.
Podremos mirar este acontecimiento como un evento más dentro de un calendario apretado. Pero también podremos ayudarnos unos a otros a mirar más allá y contemplarlo con más profundidad.
El Papa nos ayudará a atravesar lo que simplemente “se ve” para dirigirnos hacia Dios. Y desde Dios podremos viajar al corazón de nuestra vida y la de tanta gente buena que está a nuestro alrededor. Su presencia nos ayudará a vislumbrar el sentido de la vida, anunciará una esperanza trascendente a nuestros jóvenes y a nuestra sociedad cansada y nos situará ante el regalo de la vida eterna que celebramos en la Pascua. Vendrá a recordarnos que nuestro mundo tiene futuro y que los cristianos tenemos mucho que ofrecer desde la espiritualidad, el encuentro y la fraternidad.
Por eso, te necesitamos. Necesitamos lo que puedas ofrecer tú, tu parroquia, tu comunidad o realidad eclesial. Necesitamos que te movilices para ayudarnos a hacer visible una parábola de lo que es la Iglesia en medio del mundo: aquella que ayuda a alzar la mirada para que todos puedan ver, en nuestras palabras y gestos, lo que significa el amor de Dios y la vida del Evangelio.
Mirar más alto, con los pies en la tierra, nos permitirá redescubrir el significado de la dignidad humana y de la ética del amor como piedra angular imprescindible para nuestro tiempo.
EL CORPUS CHRISTI EN MEDIO DE NUESTRAS CALLES
Uno de los momentos más significativos de este encuentro será la celebración de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el Corpus Christi. Será un momento intenso para nuestra diócesis. La presencia de la Eucaristía en medio de nuestras calles nos recordará que Cristo camina con su pueblo y que todos estamos llamados a ser Cuerpo de Cristo en él.
Reunirnos en torno al Papa ya es testimonio y siembra de comunión. Queremos mostrar que el anuncio del Evangelio nace de familias y comunidades concretas, católicas y universales, que tienen mucho que aportar a la sociedad y que asumen la tarea de regenerar el tejido social desde el encuentro, la reconciliación y el cuidado.
Desde la vida eucarística descubrimos también el verdadero rostro de la caridad. La Eucaristía nos orienta siempre hacia los pobres: «Dadles vosotros de comer» (Mt 14,16). Así podremos renovar nuestro compromiso con los más pobres y con quienes viven en los márgenes de nuestros barrios y pueblos. Ellos nos sostienen y son parte fundamental de la Iglesia. También forman parte de las comunidades y parroquias que acogerán al papa.
Mirando al mundo desde los ojos de los empobrecidos podremos renovar nuestro compromiso con la justicia y con la misericordia que Cristo nos trae y a la que nos convoca como instrumentos suyos.
«¿ME AMAS?»
«¿Me amas?», pregunta Jesús resucitado a Pedro. Y en él, la replica a todos nosotros como Iglesia y como sociedad. La visita del papa León XIV será una oportunidad para responder juntos a esa pregunta. Queremos hacerlo como Iglesia, con el Papa al frente, afrontando los retos de nuestro mundo y dejando que la voz del sucesor de Pedro llegue a todos los que quieran escucharla.
Para ello necesitamos prepararnos personal y comunitariamente para revisar nuestra forma de vivir la fe buscando la autenticidad del Evangelio. El apóstol Pablo nos recuerda: «Buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está […] aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra » (Col 3,1-2). Más allá de los protocolos y de la escenografía necesaria, lo decisivo será la actitud interior que nos disponga a escuchar lo que el Espíritu quiere decirnos a través del Papa y del encuentro con la vida de nuestra Iglesia.
Acoger al Papa y a los peregrinos que llegarán significa alzar juntos la mirada. Viene a confirmarnos en la fe y es signo visible de la unidad de toda la Iglesia; de la comunión de nuestra iglesia con su obispo y las comunidades y parroquias locales.
Será también una oportunidad para preguntarnos cómo nos abrimos a la vida de la Iglesia y qué nos pide hoy el Señor para seguir caminando juntos.
Acoger al Papa es también alzar la mirada para renovar juntos la misión que tenemos encomendada. El Papa León insiste en el valor de ser una Iglesia misionera. Su paso entre nosotros será un impulso para anunciar con mayor celo la alegría del Evangelio, servir mejor a nuestro mundo y ser fieles a la misión de la Iglesia. El corazón del mensaje cristiano es sencillo y luminoso: Dios nos ama, y Cristo ha muerto y resucitado por nosotros.
Que nadie se quede al margen. Que nadie piense que este momento es para otros.
Pondremos lo que tengamos. Abramos nuestras parroquias, colegios y espacios para acoger con hospitalidad a los peregrinos que llegarán de muchos lugares.
Necesitaremos voluntarios, técnicos, profesionales, personas generosas que den un poco de su tiempo para que todo salga adelante. No podremos dilatar mucho nuestra respuesta pues todo está a punto y este es una etapa importante para preparar lo que será cada encuentro.
«¿Me amas?», pregunta Jesús a Pedro. Preparemos los ojos, el corazón y nuestros pasos para responder. Y, junto al lago, símbolo de nuestro mundo, escuchemos de nuevo la voz del Maestro que nos dice: «Sígueme».
Que durante este tiempo de preparación aprendamos a alzar la mirada, a reconocer la presencia del Resucitado en medio de nuestra historia y a caminar con esperanza.
Que Santa María de la Almudena, madre y patrona de nuestra diócesis, nos acompañe en este camino y nos ayude a acoger con alegría al sucesor de Pedro.
