Desfatalizar nuestro tiempo
Tenemos a nuestra disposición un fragmento de la historia; y la posibilidad de comprometernos ahí en tejer ese fragmento con puntadas de compasión, solidaridad y justicia
Evangelio Jn 1, 1-5. 9-14
En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida,y la vida era la luz de los hombres.
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
A Dios nadie lo ha visto jamás. Dios Unigénito que está en el seno del Padre es quien lo ha dado a conocer
Para meditar:
Vivimos sumidos en una red cada vez más compleja de necesidades profesionales, familiares, sociales y políticas, sin hablar de la sombre muday sorda de la muerte ¿ qué sentido puede tener nuestro tiempo y nuestra historia en esta complejidad? ¿no será una repetición con un destino ciego e inexorable marcado de antemano?Los seres humanos reaccionamos contra ese fatalismo; estrenamos un nuevo año, tratando de ser agentes activos del tiempo con calendarios y fechas marcadas por nosotros. Sin embargo, al verque una y otra vez caemos en los mismos fallos, nos amenaza la tentación del fatalismo ciegopensando que nuestra existencia ya tiene marcado un ciego destino; hagamos lo que hagamos ese fin no cambiará.
El prólogo del cuarto evangelio que hoy leemos, ya sin ángeles ni pastores, sale al paso de ese fatalismo. Navidad significa que misterio de Dios se revela como Palabra en el tiempo. Es elevangelio de la encarnación que hace nuevo a cada momento histórico. El tiempo no es solo el movimiento entre un antes y un después. Tiene su propia consistencia teologal porque la historia humana ya está habitada por la Palabra de vida que, como luz a todos los humanos ilumina y habla en todo acontecer.
La encarnación o Palabra de Dios en la condición humana no solo desfataliza la historia. Desfataliza también la vida de cada uno. Es verdad que el sentido global de la historia nos rebasa, y ante tantos desafueros que se repiten, fácilmente acabamos siendo profetas de calamidades, respirando fatalismo porque no hay nada que hacer. Pero todos tenemos a nuestra disposición un fragmento de la historia; y la posibilidad de comprometernos ahí en tejer ese fragmento con puntadas de compasión, solidaridad y justicia. Es la vocación de todo ser humano proclamada en Navidad que cada uno podemos secundar en el nuevo año.
